Viera es la contadora municipal y llegó a ese lugar por concurso. Su lugar, además, está sostenido por la Ley de municipios, la 3001 y con acuerdo del Concejo Deliberante.
Llegó a puesto por Concurso y mientras Orduna ocupaba la intendencia de Concordia.
Aunque para su remoción a Viera se la acusa de atrasar expedientes con el objeto de complicar la actual gestión de gobierno, su principal “pecado” residiría en ser la pareja del ex Intendente Orduna y por tanto, estar sospechada de utilizar políticamente ese cargo público.
Un caso similar aunque sin las implicancias institucionales de este, ocurrió en forma de “regalito” a fines del año 1999. En efecto, el 31 de Diciembre de 1999 y como una de sus primeras acciones de gobierno, el entonces intendente Orduna y mediante telegrama le hizo saber al arquitecto Carlos Castría, que “prescindía de sus servicios”.
En vez de la habitual canasta navideña, este perverso “regalito” tenía antecedentes.
Castría, uno de los arquitectos con mayores conocimientos urbanísticos de la ciudad, había sido uno de los principales críticos del ingeniero Orduna cuando este, como funcionario provincial durante el segundo gobierno de Jorge Busti, había impulsado el entubamiento del arroyo Concordia a un costo de 15 millones de dólares. Castría, fue uno de los principales críticos de esa obra demostrando además que, la misma (Sistematización del arroyo) se podía hacer con solo 5 millones, es decir por una cifra tres veces menor.
Viera ahora, Castría antes, son víctimas de un modo de gobernar que no resisten ni el control ni las opiniones con responsabilidad ciudadana.
La diferencia quizá es que, como Orduna es tan poco afecto a hacerse cargo de su historia y su pasado, quien hoy lo escuchara respecto de la avanzada de la que es víctima su pareja, no sospecharía que el bebió del mismo cáliz. Está claro que existen dirigentes que no resisten ningún archivo.