Mauricio Macri, “un perverso, cínico e hipócrita”, como lo definió su propio hermano, cuestiona los valores morales del presidente. Nadie mejor que él cuya “sinceridad” y “compromiso de palabra” nunca figuraron entre sus virtudes políticas y la mentira fue su medio para justificarse.
Es muy lamentable que el ex presidente se haya transformado en un mero surtidor de disparates irracionales.
Los dichos de Carrió: “defiendo a Macri (miento) por el bien de la República”, sigue la lógica maquiavélica de mentir, fingir y falsear la realidad.
Hannah Arendt y Alexandre Koyré, observaban que la capacidad de mentir deliberadamente y sin límites en el espacio político en las sociedades democráticas es copiada del fascismo y sostenida por la comunicación. En efecto, esto es justamente lo que llevo a Cambiemos a la gran estafa electoral del 2015.
Nunca se ha mentido tanto de una manera tan descarada, sistemática y constante (se podría armar un PowerPoint de las tantas que hay) como en el gobierno macrista; siempre con la complicidad del poder económico, la disposición de la tecnología (el troll jugó un rol central en las inmoralidades del gobierno) y de Clarín, La Nación+Macri, Infobae, el grupo América, radio Mitre, entre otros tantos.
A pesar del rotundo fracaso de Macri, la coalición neoliberal se mantuvo cohesionada en gran medida por la mentira, la irracionalidad, el odio y la anti política que veneran a cada instante haciendo huir la vergüenza, con la ayuda del establishment.
Nadie debe confundirse y pensar que este episodio en Olivo, va a excusar y compensar las mentiras e irracionalidad de JxC en su comportamiento inmoral permanente.
Desnudando la mentira como guión electoral.
La construcción de una genuina alternativa post macrismo de la coalición JxC, parece destinado a derrumbarse como Sísifo cuando estaba a punto de llegar a la cumbre de la montaña cargando su pesada piedra. ¿Por qué? porque tienen un gran problema con la verdad y se refleja claramente en la disputa interna entre el PRO y UCR por el liderazgo de la coalición.
El radicalismo quiere recuperar su ethos que tiraron a la basura mutando en una fuerza de derecha conservadora y neoliberal, mostrarse distante del proceso diacrónico del gobierno de Macri y cuestionan la mentira como herramienta electoral. Esto queda claro cuando vemos y escuchamos a Facundo Manes, Rubinstein, Tetaz, Frigerio, Morales etc.
Elisa Carrió, elegida en una suerte de casting celestial como “profeta”, alimentada con niveles metafísicos descomunales y brotes místicos rayanos a la alucinación y, Patricia Bullrrich, apasionada por la mentira dedicando tiempo y energía en cantidades asombrosas para degradar la calidad del debate público, le saltaron a la yugular a los dirigentes de su coalición que están admitiendo las mentiras pasadas: “debemos terminar que en Juntos por el Cambio se siga mintiendo. Presentaremos un código de ética con diez medidas, indicando que no haya que mentir”. Es un ideal inédito querer conciliar el ejercicio de la política y la verdad, precisamente porque no está en el ADN de JxC la verdad ni la prudencia como virtud moral.
La Política es de sentido común y -si este es común- es porque es de todos. Solo donde impera el sentido común se puede avanzar en políticas que permitan una economía que tenga rostro humano. El panorama político del país hoy, lamentablemente, no idealiza lo que la sociedad piensa de cómo debe intervenir la política en la realidad económica para transformarla.
Lamentablemente Juntos por el Cambio no plantea nada nuevo solo que si ganan van hacer “lo mismo, pero más rápido”, propone el vocero económico de JxC, Martín Tetaz y esto es el reflejo de lo que paso en los cuatro años macrista : una devaluación del 500%; una inflación de 295%, récord desde la hiperinflación; tuvimos el mayor déficit de divisas de la historia con US$ 30.000 millones en el 2017; la deuda creció a US$ 21.000 millones por año y la economía cayó tres de los cuatro años que duró aquel gobierno. Y las más de 50 variables económicas y sociales que sufrieron un marcado deterioro profundizando el desempleo, la pobreza, la indigencia y la destrucción del empleo, que ya no se puede resolver con planes del Estado.
Si no se reflexiona sobre las causas que llevaron al momento actual, si no aplicamos inmediatamente políticas tendientes a superarlas y si seguimos tratando de sobrevivir a la deriva, difícilmente tendremos un futuro después de la pandemia.
Por esta razón el próximo 12 de setiembre se puede empezar a visibilizar un Estado más justo o seguir con un sistema dominado por una oligarquía racista y estigmatizadora que lucran con la pobreza. Es el momento que la gente exija con claridad a los candidatos, que digan qué políticas concretas desde lo micro a lo macro ayudará a un modelo de desarrollo inclusivo y no recursos discursivos de una oposición desflecada como “una vuelta al pasado y al populismo, o vamos hacia Venezuela”.
De hecho, el rotulo populista se le viene asignando a cualquiera que ose criticar los postulados de las oligarquías económico-financieras. En realidad, lo que quieren es aprovecharse de la “memoria de pez” a la hora de juzgar los desastres de sus políticas aplicadas.
Necesitamos un parlamento que construya legislaciones realmente para la gente y que introduzca cambios sustanciales al rumbo del país.
La diferencia de modelos entre oficialismo y oposición es notoria. El gobierno tiene muy claro que las medidas a tomar implican enfrentar a los monopolios y a los defensores del modelo agroexportador sugerido por los centros del poder económico, que sin duda es funcional a seguir endeudados y mayor miseria para el pueblo.
JxC solo hace demagogia hablando en defensa de “la gente”. Sin embargo, su verdadera preocupación es la de garantizar que las ganancias de los grandes empresarios no se vean perjudicadas por ningún motivo.
No hay otra solución para un problema político que la búsqueda de una respuesta política. Ahora bien, esa respuesta está en el Parlamento.
No tener en cuenta el pasado y no exigir un mínimo de coherencia, hace mucho daño a la vida colectiva.