En el mes de noviembre de 2021 se llevó adelante un trabajo de recopilación de información en distintas escuelas de Concordia, con la intención de compartir experiencias, percepciones y observaciones de distintos escenarios educativos, en los niveles primarios y secundarios de escuelas públicas.
El interés de este informe radica en conocer estrategias puestas en práctica de quienes tuvieron a su cargo el complejo proceso de reorganización de la enseñanza y el aprendizaje, fuera y dentro de las escuelas, en el período pandémico 2020/2021. Si bien, hubo un marco normativo desde el Consejo General de Educación y la Dirección Departamental de Escuelas, es indudable que las realidades, ante lo imprevisto fueron disímiles en cada uno de los casos. Esta situación reveló, aún más, y potenció la diversidad que ya se experimentaba en las aulas reales.
La indagación consistió en una serie de entrevistas a Directoras y Vicedirectoras, de escuelas primarias y Asesoras Pedagógicas y Vicerrectoras de escuelas secundarias.
Las instituciones fueron elegidas en forma arbitraria, teniendo en cuenta la ubicación geográfica dentro del ejido de la ciudad. Se buscó abarcar las zonas norte, sur, este, oeste y centro con el fin de tener un panorama de los distintos escenarios barriales. El universo consistió en siete escuelas primarias y cinco secundarias, que incluyen aproximadamente unos cinco mil estudiantes y quinientos docentes. En todos los casos fue personal femenino quien estuvo a cargo de la organización pedagógica, por lo que este escrito se refiere en ese género.
No se hará referencia a los nombres de las escuelas, ni de las entrevistadas. No se trata de personalizar sino de conocer experiencias situadas, más allá de las instituciones y las disposiciones ante la emergencia sanitaria.
El objetivo de esta búsqueda fue conocer debilidades y fortalezas en los procesos de enseñanza-aprendizaje, en el marco de las Resoluciones emanadas del Consejo General de Educación de la provincia y las prácticas desarrolladas por los docentes en cada institución.
Las protagonistas consultadas refieren al año 2020 como una experiencia de nuevos aprendizajes. Entre lo más destacado es la situación inicial, donde se encuentran totalmente desorientadas, con escuelas vacías y poco respaldo normativo.
En el nivel primario fue notorio el desconocimiento de la tecnología por parte del cuerpo docente. Muchos de estos no manejaban elementos básicos de la comunicación. Tampoco tenían dispositivos adecuados para el trabajo en la virtualidad, como una computadora, por cuanto el celular se convirtió la única herramienta disponible.
Así lo expresa una vicedirectora: No teníamos forma de comunicarnos ni una bajada de línea. No teníamos herramientas, nadie se reunía, estábamos a la deriva. Hubo mucha gente que se resistió. No tenían dispositivos, no tenían Netbook, ni internet. A algunos docentes les costó romper estructuras. No sabíamos cómo usar el Drive.
Avanzados los primeros días y viendo que la situación se extendería en el tiempo, comenzaron a tomarse las primeras decisiones, que se iniciaron con comunicados por grupos de WhatsApp dentro de los equipos de gestión. Siempre comprendiendo que, en el nivel primario, no se usaban herramientas como zoom, classroom, drive. El sentimiento generalizado que expresaron fue desconcierto y caos, pero a la vez con la responsabilidad de instruir, según el nivel de conocimiento, a las y los docentes con los recursos que tenían y podían.
Paulatinamente comenzó la organización y, con las primeras resoluciones, se dan las orientaciones metodológicas, pero no así los recursos y las estrategias, que se dejan libradas a las posibilidades de cada escuela. Este fue un campo de tensión para quienes debían tomar decisiones pedagógicas. Cada institución debía buscar los recursos y pensar en las estrategias. Esto implicaba no sólo los recursos tecnológicos sino también, ir reorganizando los espacios y los tiempos, cómo la disponibilidad de los docentes, porque también surgía una nueva figura: el docente de riesgo.
Cuando algunos establecimientos, que cuentan con comedor o copa de leche retoman su funcionalidad, se ampliaron las posibilidades de acercamiento a las familias. Esto habilitó el encuentro con padres y madres, quienes ante la necesidad alimentaria comenzaron a relacionarse con los docentes que, en algunas instituciones, se organizaron para asistir, al edificio escolar, uno o dos días a la semana, alternándose y siguiendo una serie de protocolos. La idea fue aprovechar ese espacio para entrar en diálogo con las familias. De esa forma se organizaron días para entregar actividades elaboradas por los docentes que, según las posibilidades eran enviadas como PDF, en el mejor de los casos. En otros, los dispositivos tecnológicos de los y las estudiantes y el grupo familiar eran compartidos y sin capacidad suficiente para abrir los documentos, por lo tanto, optamos por enviarlos a una fotocopiadora y, en los casos de mayor dificultad, los teníamos disponibles en la institución, impresos con recursos propios, para entregarlos junto a los módulos alimentarios, expresan algunas referentes educativas y agregan: Así conocimos a muchos padres, madres… que poco a poco asumen el ida y vuelta que implicaba. Un día retiraban y otro devolvían las actividades realizadas, en el mismo lugar y nosotras siempre persuadiendo y convenciendo a las familias de la importancia de continuar con los aprendizajes escolares. En la mayoría de los casos fue el equipo de gestión que puso a disposición celulares para fotografiar actividades que luego eran enviadas a los docentes del grado correspondiente. La tarea fue ardua. En varias ocasiones se presentaron situaciones en que era el propio niño o niña quien retiraba actividades y alimentos (en contradicción a lo dispuesto), pues no concurría ningún adulto responsable en su lugar. También recorríamos el barrio y buscábamos a los y las estudiantes, lo que resultó beneficioso, porque logramos sostener la matrícula, salvo contadas excepciones. Este tipo de situación fue más recurrente en los contextos barriales de mayor vulnerabilidad.
En el nivel secundario cada entrevista reveló diferentes estrategias de comunicación y organización. En el inicio de 2020, con la ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio), manifiesta la referente: nos sorprendió. Un viernes de marzo, nos fuimos de la escuela, dejando los pendientes para la semana próxima y de repente nos dimos cuenta que no podíamos volver a la presencialidad, tratamos de entender y ver cómo nos acomodaríamos. Desde febrero de ese 2020, como en todas las escuelas veníamos planificando, además de las fechas estipuladas por calendario: inscripciones, exámenes, reuniones institucionales, entre otras labores escolares. Con el correr de los meses nos dimos cuenta que planificar a largo plazo no sirve. Fuimos tomando decisiones sobre la marcha, pensando en dispositivos de trabajo. En primer lugar, la comunicación, el tomar contacto al interior de la escuela armando un grupo de difusión de la información oficial. En este caso, solo entre el equipo de gestión y luego, decidimos cómo hacer para que llegue la información a docentes y estudiantes. Para ello reflotamos el blog de la escuela, donde se centralizaron los contenidos y las actividades: la entrega, los tiempos de resolución y la devolución a los docentes, todas instancias que se fueron acordando. No forzamos nada en principio y cada profesor fue elaborando sus propuestas. Si bien, no fue la mayoría de los estudiantes, tuvimos problemas de conectividad, pero adoptamos la estrategia de elegir un domicilio para que retiren el material impreso y luego, en el mismo lugar, devuelvan las tareas. Cada docente retiraba o se acudía a la fotografía para la corrección. Hay que destacar el trabajo que realizaron preceptores y tutores, que fueron sostén en la comunicación y el contacto con los estudiantes.
Desde el rol de las Asesoras Pedagógicas, contaron que fue intensa la tarea. Refieren, en general, lo que significó convencer a los docentes para trabajar en proyectos de abordaje multidisciplinar y, de mayor resistencia, el interdisciplinar, de modo de organizar y coordinar el trabajo entre colegas, con el fin de restarle complejidad a las actividades diseñadas para los estudiantes durante el largo período de no presencialidad. En un caso particular, relata una Asesora: tuve que tomar licencia por unos meses en el cargo y al retomar, me encuentro que rápidamente se había vuelto a la fragmentación tradicional. Esto me produjo una gran decepción.
La práctica de la lecto-escritura, en todas las materias, intentó generar planificaciones acordando criterios de trabajo. En ese sentido, expresó otra de las entrevistadas: mucha negación de los docentes de trabajar con otros docentes en proyectos integrados. Si lo pueden evitar, lo evitan... Estos ejemplos muestran la alta resistencia estructural que se impone al pretender cambios, y agrega: ya no es posible la forma tradicional de planificar, debemos adecuarnos a los tiempos y, después de esta experiencia en pandemia, debemos reconsiderar muchas prácticas para que resulten beneficiosas a las trayectorias estudiantiles.
Las estrategias pedagógicas fueron variadas: se trabajó por proyectos a corto plazo, con seguimiento de lo planificado con resultados plasmados en informes individualizados y descriptivos en forma trimestral.
Finalmente, la interrupción del desarrollo de la enseñanza y el aprendizaje tradicional, a partir de marzo de 2020, en que se inicia un largo período de ausencia en los edificios escolares que, según expresan las entrevistadas en forma unánime, generó sentimientos de angustia y desborde en los primeros meses del transcurso de ese año. La situación requirió de normativas para orientar la educación ante la incertidumbre. Por supuesto hubo que tomar decisiones urgentes e importantes en estos casi dos años transcurridos. Los relatos son potentes. No todo estuvo mal, quedamos con experiencias muy valiosas que es necesario rescatar y sostener, porque la escuela ya no es igual.
Tekoá. Cooperativa de Trabajo para la Educación