Ocampo sostuvo que el reclamo era por la flexibilizacion del cruce de fronteras. «Hay mucha gente que tiene distintas problemáticas y queremos que, por lo menos, flexibilicen ese tema», indicó.
«Pasar nos dejan pasar. Yo tengo patente argentino y yo paso a Salto. Estoy a cargo de mi madre que tiene 81 años y ella cobra una jubilación minima por convenio internacional: la mitad acá y la mitad allá», sostuvo. Pero hace siete meses que no percibe el 50 % que se paga del otro lado del rio. «Encima que es la mínima, no la puede cobrar completa porque no puede cruzar», acotó.
Y si su hija cruza el puente, con el hispoado previo, debe esperar dos semanas haciendo cuarentena, para poder volver. «¿Y quien la atiende a ella aca?», se preguntó. Y además solo puede volver por Gualeguaychú dado que no está habilitada la frontera de Salto Grande para retornar al país. «Tengo que hacer 500 km.», sostuvo. «Uno lo que pide es que flexiblicen eso», añadió.
Ocampo explicó que hay otras personas que cruzaban diariamente que ahora no pueden y han perdido el trabajo que tenían del otro lado. Hay otros que tienen familia en Uruguay pero han quedado varados en Argentina. «Es todo muy complejo», remarcó.
Más adelante, dejó en claro que el pedido de abrir la frontera solo debe abarcar a las personas que están en el listado de 170 nombres. «No es para todo el mundo», dijo. «Queremos que nos agilicen un poquito las cosas», mencionó.
Pero a pesar de que son mas de un centenar de inscriptos, solo tres personas se movilizaron a la plaza 25 de Mayo. «Una risa lamentablemente», reflexionó. «Lo que pasa es que había gente que estaba en cuarentena porque habían cruzado al otro lado y habían venido por Gualeguaychú o estaban trabajando», indicó. Y remarcó un dato más: desde junio que vienen batallando. Y ya sienten el desgaste. «Es como que la gente está cansada, está bajando los brazos. Ven que no hay respuesta de ningún lado porque encuentran puertas cerradas nomás», añadió.
La mujer indicó que desde el intendente Alfredo Francolini hacia arriba han hablado con todos los políticos. En la marcha anterior que realizaron lograron incluso entregarles una carta al presidente del vecino país, Luis Lacalle Pou. «Pero de este lado no; a nivel nacional no hemos llegado», explicó. «Tenemos entendido que los presidentes se iban a reunir. No sé si ya se reunieron», manifestó Ocampo.
Pero Luis Grosso, médico salteño que tiene su esposa y dos hijos viviendo en Concordia, fue tajante: dijo que ven que no hay sensibilidad del lado argentino. En Uruguay pudieron llegar hasta Lacalle Pou pero hasta ahora no sucedió lo mismo con Alberto Fernández.
Esta mañana, 11 personas se reunieron en la esquina de Uruguay y Amorín, pleno centro salteño. Uno de ellos, Grosso, explicó que hace siete meses que tiene a su familia en Concordia. Trabaja en Salto pero diariamente cruzaba para prestar servicios en Concordia también. No obstante, perdió esa fuente de ingresos además de no poder ver a su familia.
Asimismo, remarcó que en el listado hay muchas personas con problemas similares respecto de no poder reencontrarse con familiares, en algunos casos agravados por ser padres ancianos que ya no cuentan con la atención y el cuidado de sus hijos; otros que padecen problemas de salud (por ejemplo pacientes que cruzaban para hacerse diálisis); otros con problemas de discapacidad; una mujer de 81 años que padece una enfermedad oncológica que vive en Concordia pero no puede cobrar parte de su jubilacion; otros que perdieron sus trabajos, etc.
Grosso remarcó que las autoridades están hablando de establecer un protocolo para el turismo. Y señaló que con ellos podrían hacer una prueba piloto. De hecho, señaló que tienen más temor a enfermarse de angustia que padecer coronavirus, teniendo en cuenta que el 80 % de quienes se contagian no tienen síntomas o atraviesan la patología con manifestaciones leves. Sólo un 20 % sufre complicaciones y requiere atencion hospitalaria, y un 5 % de ese porcentaje termina en los pabellones de cuidados intensivos.
Por último, el médico salteño dijo que estaba dispuestos a ir a la frontera e instalarse allí dispuestos a pasar frío o calor hasta que sean escuchados por alguna autoridad. Aunque sostuvo que esperaban que, antes de llegar a ese extremo, prime un criterio de racionalidad de las autoridades para ponerse de acuerdo y permitirles el paso.