Martínez Garbino dijo que el ejercicio desmedido del poder no es lo que se avala con el voto. “La legitimación social se logra día a día apoyándonos en la Constitución, no desconociéndola; se hace imprescindible un país federal, división de poderes, respeto a las minorías y supremacía de la ley”, aseguró. Al mismo tiempo agregó que: “cuando se margina al Congreso, influenciamos en la justicia, gobernamos con facultades extraordinarias y saqueamos al interior, nos alejamos de la república, de la gente y de comenzar de una vez por todas a dar soluciones a los muchos problemas del país que esperan olvidados”, sentenció.
“La realidad es que más de 11 millones de argentinos están hoy por debajo de la línea de la pobreza. Es un momento donde las políticas focalizadas y parciales no sirven; no alcanza para semejante complejidad y profundidad de la situación con los permanentes ensayos en políticas sociales”, sostuvo. Y agregó: “el compromiso meramente declarativo o enunciativo o de meras solidaridades tampoco ayuda. Es tiempo de pensar cuales son los temas mas acuciantes, cuál es nuestra deuda interna, en lo social, en salud y educación”, puntualizó.
Según su opinión “hoy la resolución de la pobreza no pasa por los recursos, pasa por una decisión política profunda. Y esto se explica en el hecho que si se juntaran los recursos económicos de todos los programas sociales de los distintos estamentos de gobierno, la cifra reunida alcanzaría los 23.000 millones de pesos anuales, una cifra por demás significativa para empezar a atacar la pobreza”, remarcó.
Asimismo, aseguró que obviamente “esta decisión sería un hito en la Argentina, pero la grave situación de millones de compatriotas exigen un golpe de timón fuerte y brusco. Debemos dejar de pensar que hay un pobre local, uno provincial y otro nacional. Pensar de ese modo distrae recursos y facilita el clientelismo y el desvío de fondos. Si se trasparentara, se desburocratizara y los recursos recayeran en quien lo necesita, estaríamos dando el primer y verdadero gran paso hacia el combate de la pobreza”, puntualizó.
Por último, entendió que el momento que vive el país no sólo por las implicancias económicas y políticas, sino también sociales, es de suma gravedad, por lo que hay que evitar que todo ello derive dañando la institucionalidad. “Hoy es, más que nunca, el momento del diálogo, la autocrítica y la madurez para enfrentar los problemas estructurales de la Argentina. Todos los que formamos parte de la clase política argentina debiéramos reflexionar seriamente sobre estas situaciones, que no están haciendo más que desacreditar todavía más a una actividad que debería estar al servicio del bien común. La tan ansiada y declamada calidad institucional será cada vez menos alcanzable a este paso y, paradójicamente, encuentra cada vez más obstáculos en quienes deberían ser sus principales defensores”, finalizó.