Por alguna razón que a la razón le cuesta entender, la cúpula eclesial parece tener identificada a Concordia como una ciudad necesitada de abstracción celestial. Si se hiciera un seguimiento de los Obispos que han enviado a esta diócesis desde los tiempos de la dictadura militar hasta aquí, no quedan dudas. Salvo el pequeño interregno de Héctor Cardelli (1998-2004), quien lo precedió (Adolfo Gerstner) y quien lo sucedió, el actual Luís Armando Collazuol demostraron (demuestran), muy poco apego a lo terrenal. Mientras en esta ciudad y en los años de la dictadura militar se producían desapariciones de personas ; despidos masivos y destrucción del aparato productivo, Monseñor Adolfo se enfrascaba en la contemplación celestial y cada vez que necesitaba un baño de gente, contacto humano, se corría hasta el Club Progreso (ubicado justo frente al obispado) y allí encontraba su cable a tierra.
Agotado por tanta actividad celestial y por el intenso calor humano recibido por la Liga de Madres de Familia y los grupos de madres solidarias que, mediante partidas de “Canasta” juntaban fondos para repartir entre los pobres, monseñor necesitaba descanso.
Mucho descanso, así que, mientras el menem-bustismo se encargaba de reconvertir a esta ciudad, hacerla más pobre, desheredarla, monseñor seguía callado y esperaba que algún día reconocieran su esfuerzo por tanta meditación.
Quien vino a romper tanto contacto con el cielo fue el obispo Cardelli, que llegó a Concordia apenas un año antes de que el peronismo perdiera el poder (cuando se sabía que esto ocurriría) y se fue un año después que lo recuperara. Parece casual y quizá lo sea, aunque la sorpresiva partida de Cardelli llamó la atención, a los fieles a los infieles y al mismo obispo que, antes de irse, dijo que no había completado su tarea pastoral.
Así y quizás alertado de lo mal que le fue al anterior conductor de esta diócesis, Héctor Cardelli o porque su compromiso es más celestial que terrenal, lo cierto es que el obispo de Concordia Luís Armando Collazuol evita, en sus homilías, mencionar a Concordia y a sus problemas. De hecho en la última homilía pascual, habló de Dios, de Jesús de la resurrección, de la vida de la muerte y de la liberación, pero de Concordia y su situación nada. Es más, hasta habló del liberalismo pero lo dejó en el Puente Alvear (ingreso sur a la ciudad), no lo mostró en ejemplos concretos de esta ciudad.
Cardelli, el anterior obispo era menos abstracto y solía mostrarse más cerca de la pobreza y hasta hablaba de ella, pero no le fue bien, lo trasladaron a otra diócesis. ¿ será eso ? . Quizás lo sea, no lo sabemos, lo que sí es posible saber o por lo menos aproximadamente, es que, quienes deciden responsabilizar a tal o cual pastor de esta diócesis, saben que, con Concordia no se juega : o son obispos que se comprometen de verdad con lo divino, lo omnipotente o carecen de futuro.
Desde hace ya 30 años, esta tierra parece estar reservada para los pastores verdaderamente espirituales, cualquier otro perfil pareciera aportar el despertar de demonios.