Fue una sesión con mucha expectativa, ya que se esperaba que el titular del Cuerpo Deliberante se refiriera a su situación procesal, tras el completo informe que se conoció en la última edición de El Miércoles. Pero la decisión de Ansaldi de dar un paso al costado sorprendió a propios y extraños. El contador no hizo ninguna alusión a la Ley 3001, que en su artículo 81 lo obliga a cesar inmediatamente en sus funciones al momento de notificarse de su procesamiento, y por el contrario, leyó una suerte de alegato en el que insistió –claro que veladamente– en la explicación conspirativa que ya habían adelantado sus concejales.
«Quiero aclarar esta situación en sus aspectos exclusivamente políticos y analizar ante ustedes las condiciones del contexto en que este tema se desarrolló, pero quiero hacerlo desde un lugar en el que no quepan suspicacias, es decir desde el llano absoluto –arrancó la rápida lectura del contador Ansaldi–. «Porque la salud del sistema requiere de voluntades como la mía. Ninguna de mis apreciaciones debieran exceder este terreno, pero si por la pesada carga que para mí significa explicar una situación en la que está en juego mi nombre, se desliza algún exabrupto, quiero que sepan entenderlo y disculparlo», se excusó. Efectivamente después vendrían los exabruptos: «Existe sobre mi persona una causa judicial, retomada luego de varios años de que fuera archivada y a escasos meses de prescribir. Para que ello fuera posible seguramente fue menester la voluntad coincidente de varios actores, que con la preocupación y responsabilidad propia del lugar que ocupan, desean resguardar intereses de tipología diversa».
«Sólo estas condiciones bastarían para que cualquiera de nosotros tomara la decisión de enfrentarla y resolverla. No obstante vivimos en un lugar donde sólo un puñadito de hombres rubrica con su mano lo que ha pergeñado su mente. Por esta razón he decidido solicitar un permiso, convencido de que sólo de esta manera pondría a salvo el honor de este cuerpo. Cuestiones trascendentes se definen en la ciudad, en la provincia y en el país, pese a la miopía de algunos, natural o lógicamente obtusos. Estos procesos se llevarán puesta a la ciudad si no se reacciona a tiempo. Interrumpiré entonces la acción política por un momento y resolveré el asunto que hoy me ocupa».
En este punto Ansaldi concluyó la lectura del papel y prosiguió coloquialmente: «Yo pertenezco a un movimiento que constantemente ha sido difamado de manera notoria, puedo dar el caso cuando Evita se enferma de cáncer: ‘Viva el cáncer’… Cosas absurdas como cuando al general Perón el periodista le dice: ¿’Así que usted tenía cien zapatos?’ y el General le dice: ‘Pero mijo, ni que fuera un ciempiés’… Este tipo de cosas han sido constantes, hoy me toca a mí, no tengo ningún problema. Por eso pido el permiso, sin goce de haberes, quiero bajar al llano… Pero capaz que tenga que bajar un poquito más, que es a donde están estas ratas, que es la basura… Y lo voy a hacer como militante, porque estoy orgulloso de serlo. Y la voy a pelear en cualquier lado. Y si a las ratas las tengo que pelear en la basura, las voy a pelear en la basura, por eso les pido que me den esa libertad de acción, para defender como un ciudadano común, defender la causa, defender la gestión y defenderme yo.»
El ahora ex presidente del Concejo no aclaró si cuando hablaba de «ratas» y «basura» estaba pensando en los camaristas de Gualeguay, en la magistrado que resolvió su procesamiento, en los denunciantes que en el 2001 iniciaron la causa sin saber que Ansaldi sería concejal, o en los medios que reprodujeron la información, a partir de que El Miércoles la confirmara en su sitio digital el pasado viernes 20 de agosto.