Cabe destacar que con los elementos secuestrados en el operativo que originó las clausuras, podrían iniciarse acciones contra los administradores de los burdeles, por estar registrado en cuadernos, las “pasadas” y “copas” de cada una de las mujeres que allí trabajaban, lo que prueba, al menos con el grado de certeza que requiere la etapa investigativa, la existencia del presunto delito de proxenetismo, o explotación sexual, -y no como se excusaron en la oportunidad- de que las mujeres “alquilaban piezas”, pero nadie las regenteaba.
Opinión por Rodrigo Peña
Como mencionara en otra oportunidad, posiblemente no se pueda suprimir la prostitución, pero si se puede -y la ley lo exige- suprimir la explotación sexual.
El punto es que mientras solamente se clausuren prostíbulos, los proxenetas continúan regenteando y explotando a mujeres que entregan su cuerpo por dinero, con o sin “wiskerías”; porque también existe la explotación sexual en la calle, que incluso puede ser más peligrosa. Y para atacar este flagelo, existen dos frentes, la penalización de los explotadores, y la contención social de las explotadas y potenciales trabajadoras sexuales, para que ninguna mujer tenga que llegar a protruirse para subsistir, y para que además, tomen contacto desde siempre con otras alternativas, con otras oportunidades para ganarse el sustento diario, lo que seguramente les será más fácil, o menos difícil, con una buena educación pública, -que hoy por hoy exige también la educación cívica que muchos chicos no reciben en su casa- con una buena política de empleo, y con efectivos programas de inserción social y laboral para marginados, excluidos del sistema laboral regularizado y fiscalizado.
En otra oportunidad llovieron los comentarios que sostenían que las trabajadoras sexuales se prostituían «por placer»…
Honestamente no concuerdo con este tipo de comentarios y me parece que es simplificar un drama, porque siempre hay detrás de lo superficial, una realidad que el discurso facilista, y a menudo machista, no permite ver. Pero en el caso que así fuera, si así fuera y existieran casos de mujeres que se prostituyan por placer, seguramente no lo harían en las deplorables condiciones de higiene que se presentan en esos antros, y tampoco lo harían dejando un diezmo del 50% a un tercero, y posiblemente tampoco –si así fuera- necesitarían beber tanto alcohol para sobrellevar esta actividad, como suele suceder.
Pero permitiéndonos ese comentario, que gentilmente han aportado los lectores, permitiéndonos creer que eso fuera posible, siempre será mejor al menos darles la oportunidad a las meretrices, darles la oportunidad de elegir. Y esa oportunidad, hoy no está dada, o si lo está, no está al alcance de todos, porque la oferta laboral para trabajo no calificado en Concordia, es en su gran mayoría otra forma socialmente aceptada de explotación laboral, y además irregular, inconstante; y porque además, muchas personas no alcanzan siquiera a tomar contacto con esas alternativas laborales, por su formación socio-cultural.
Alguien me dijo con relación a mi nota de opinión de la semana pasada, que no podía exigirle al Estado que le de trabajo a las meretrices, porque entonces debía hacer lo mismo con todos los desocupados; y creo que tenía razón, pero tampoco podemos esperar a que las tan anheladas políticas de Estado de creación empleo digno –que siempre son a largo plazo- comiencen a dar frutos. Entonces lo que pido, es que se contemple, con buen criterio, que debe haber soluciones a largo plazo para cambiar definitivamente las realidad, y soluciones a corto plazo para saciar las demandas urgentes.
Y así como se aplicó la asignación por hijo para acabar con el hambre mientras se espera que dé frutos la política de empleo que propone el sistema del Estado de Bienestar Keynesiano, espero que surjan políticas de contención social para este tipo de problemáticas, que no se solucionan –aunque es un avance- con el mero cierre de prostíbulos, ni con la prohibición del rubro 59, porque son los espacios donde el problema se hace evidente, pero no donde se origina.