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Antes de referirme específicamente al hecho, en forma breve, contaré algunas circunstancias de la vida de Luis Alberto D’ Elía y de otros jóvenes de Gualeguaychú en el entendimiento que pueden servir para ubicar el contexto y la época.
A mediados de la década del sesenta, Luis Alberto termina el secundario en el Colegio Nacional Luis Clavarino de Gualeguaychú. Su horizonte universitario será la ciudad de Córdoba donde comenzará a estudiar la difícil carrera de Bioquímica. Entonces, en las residencias universitarias se discutía y se hablaba mucho de política, pocos estudiantes estaban ajenos a ello. El Peronismo de Base, la Juventud Peronista y agrupaciones de izquierda abrían nuevas miradas sobre la realidad. Hay que aclarar que también discutían con pasión entre sí. Se hablaba de compromiso, de lucha, de cambio, de Perón y del peronismo. Entre esos debates no estaba ausente la cuestión religiosa. El Concilio Vaticano II y sobre todo las Conferencias Episcopales de Puebla y Medellín habían introducido debates impensados en la Iglesia Católica Argentina, uno de los temas centrales era la cuestión de la pobreza y sus causas. La «opción por los pobres» no era una declamación teórica, implicaba un compromiso de vida.
Este fue el camino elegido por Luis Alberto D´Elía. En ese momento abandonó los estudios universitarios para ingresar a la comunidad religiosa dirigida por los curas Palotinos. Cabe señalar que otros dos jóvenes de Gualeguaychú, en situación parecida a la de Luis ( con estudios universitarios avanzados) toman idéntica determinación. Me refiero a Daniel Irigoyen, estudiante de arquitectura y a Enrique Guastavino estudiante de Medicina, los tres pertenecían, en ese momento, al movimiento católico de Schoenstatt y al igual que otros jóvenes-adultos comienzan a formarse con los Palotinos para ser sacerdotes. Estoy hablando del año 1970. Tal vez sea importante comentar, sobre todo a los que no son de esta ciudad , que Enrique Guastavino se encuentra desaparecido, secuestrado en Santa Fe. Daniel Irigoyen estuvo preso y posteriormente se destacó ,y se destaca , por ser uno de los principales dirigentes de la Agrupación Militancia Peronista. Fue Intendente de Gualeguaychú en dos oportunidades.
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LOS PALOTINOS : EL PADRE LEADEN EN GUALEGUAYCHÚ
Entiendo que el vínculo de estos jóvenes con los Palotinos no es un dato menor . Pocos años después , parte de esta comunidad religiosa, fue diezmada. El 4 de julio de 1976 los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfedo (Alfi) Kelli y Pedro Duffau además de los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti fueron acribillados a balazos en las habitaciones de la parroquia de San Patricio. Cabe aclarar que para el momento del crimen, Luis Alberto D’Elía, Enrique Guastavino y Daniel Irigoyen ya no pertenecían a los Palotinos, no obstante ello, habían quedado sólidos lazos de amistad y respeto. Estos sacerdotes habían sido sus guías y asesores espirituales . Es impactante saber que un mes antes de su asesinato, el Padre Leaden, estuvo en Gualeguaychú intentando , infructuosamente, visitar a Daniel Irigoyen que se encontraba preso en el penal de nuestra ciudad.
Hago aquí un paréntesis para formular una hipótesis en relación a este brutal crímen. Los curas Palotinos no se encontraban en los márgenes y mucho menos afuera de la Iglesia Católica Argentina . Para ser más claro y preciso, no pertenecían, a lo que entonces se llamaban «curas del tercer mundo » o «tercermundismo» a los que la Jerarquía Eclesiástica, tiempo atrás, había dado la espalda y la dictadura calificaba abiertamente como «delincuentes subversivos» y por lo tanto eliminables.
Los Palotinos tenían prestigio y peso social. Su principal Iglesia (San Patricio) estaba ubicada (aún lo está) en el residencial barrio de Belgrano en Buenos Aires. Esto, según mi entender, los tornaba, a los ojos del régimen, doblemente peligrosos. La política genocida no podía tener fisuras. Es por ello que obturan, mediante el terror, cualquier crítica o simples gestos de solidaridad por los perseguidos y sufrientes.
Esto explica el asesinato de los Obispos Angelelli y Ponce de León, y también el de muchos curas, laicos y monjas; tal caso de las religiosas francesas Alice Domon y Leonie Duquet arrojadas vivas al mar en los vuelos de las muerte. Estas monjas pertenecían al grupo “de la Santa Cruz” secuestrados en diciembre del año 1977.
La cúpula eclesiástica no solo calló, sino que avaló estos crímenes.
PARANÁ
Los jóvenes mencionados dejan el Seminario Palotino a mediados del año 71. Enrique Guastavino se radica en nuestra ciudad. Luis Alberto D’Elía y Daniel Irigoyen se van a vivir a Paraná, más precisamente al barrio San Agustín, cerca del «el soretal». Su nombre indica la pobreza y marginalidad del lugar. Esto provocó que, si bien la perspectiva de ambos continuaba siendo religiosa, el eje fuera puesto, cada vez más, en la justicia social. La realidad se imponía y pronto están trabajando en lo gremial y político. Estamos en el punto más alto del » Luche y Vuelve » ( años 72-73). Luego de 18 años de persecución del peronismo esos momentos se vivían con sobrado optimismo y confiadas esperanzas de cambio.
EL GOLPE MILITAR -AÑO 1976–
Para 1976 Luis Alberto D’Elía había formado pareja con Alicia (Kelli) Ballesteros quien terminaba su carrera de Asistente Social y de dar la Tesis final sobre los “Derechos de los Trabajadores “. Luis Alberto trabajaba en dos Hospitales de Paraná y seguía ayudando en el barrio. En agosto de ese año ambos fueron detenidos para ser llevados al Batallón de Comunicaciones del Ejército donde funcionaba el Centro Clandestino mencionado. Daniel Irigoyen había sido detenido antes. En ese momento crítico de la historia argentina se encontraba preso en el Penal de Gualeguaychú.
EL CENTRO CLANDESTINO
Al Batallón de Comunicaciones eran llevados los detenidos para ser interrogados bajo tormentos . Además del ya mencionado Luis Alberto D’Elía y Kelli Ballesteros, otros jóvenes de Gualeguaychú estuvieron detenidos allí, como : Alicia Ferrer, Luis Ricardo (Pico ) Silva y Ricardo Godoy . Los cautivos estaban en calabozos diminutos, siempre encapuchados y la mayor parte del tiempo atados. Entre estos presos, en realidad secuestrados, se encontraba » Coco » Erbetta, militante de la JUP y Presidente del Centro de Estudiante de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica (UCA- Paraná), lugar donde lo detuvieron. Alicia Ferrer recuerda, que estando en este Centro de reclusión compartió una diminuta celda con «la negra» Julia Raquel Leones de Diaz (actualmente fallecida), quien conocía a Erbetta, estaban en un calabozo contiguo al de él . La negra, junto a Hipólito (mandinga) Muñoz y Luis Alberto D’Elía serían los testigos del «simulacro de fuga para encubrir las verdaderas causas de su muerte» ( cita textual de la causa contra el Policía Federal Emilio Romero por el delito de encubrimiento ) .
LA FUGA QUE NO FUE
Entrada la noche del 24, casi madrugada del 25 de Agosto del año 1976, los prisioneros mencionados: D’Elía, Muñoz y » la negra» Leones de Diaz fueron sacados de sus celdas con una excusa poco creíble, ser llevados para hacer un trámite. Además de la capucha les vendaron sus ojos con cintas plásticas y los ataron con alambres. Sin verse entre ellos, fueron nombrados; tal como si pasaran lista. Entre ellos a Erbetta. Luis Alberto D´Elía recuerda que fueron cargados en una furgoneta donde vivió momentos de terror . Pudo percibir a otro prisionero junto a él ( Muñoz, sin dudas) y la sensación de ser transportados a muy alta velocidad. Alocada carrera, que percibió cercana a la muerte. Pensar en trigales y en campos llenos de flores lo tranquilizaron. En un momento escuchó gritos – se escapa- , -se escapa Erbetta-. Tiros y puteadas. Pensó que era el final. El testimonio de Julia Leones de Díaz es parecido. A ella la suben a un auto en el que simulaban también llevar a Coco Erbetta. Luego los portazos, gritos y los tiros : – se escapa Erbetta -, -se escapa-. Hoy sabemos que fue una dantesca puesta en escena para que estos prisioneros, aturdidos y asustados pensaran que la fuga era real.
DÍAS ANTES DEL SIMULACRO
Hay que decir que es muy difícil, en la desolación más absoluta, dimensionar circunstancias días y horas. Posiblemente haya sido el 23 o 24 de Agosto cuando Erbetta fue sacado del calabozo para ser interrogado. Ese mismo día Luis Alberto D´Elía sintió pasos y voces raras en lo que sería el pasillo del lugar. Por un pequeño agujero de su celda alcanzó a ver que llevaban una camilla tapada con un lienzo o sábana, instituyó que llevaban un cuerpo inerme. Parecido relato realiza Pico Silva con la diferencia que alcanza a ver sangre. En esos días, mediante murmullos y señas se difunde la terrible noticia que al “coco” Erbetta lo habían matado en la tortura.
LA CAUSA AREA PARANA
Cabe aclarar que la causa Área Paraná tuvo desprendimientos en relación a la desaparición de Erbetta , es así que en su momento fueron condenados Cosme Demonte junto a otros seis Policías Federales. Recientemente ( febrero del 2022) fue absuelto del delito de encubrimiento el Policía Federal Emilio Romero . Más allá que nos gusten, o no, estos fallos, los mismos hablan de la Justicia en democracia . La “ justicia” militar , más precisamente el Consejo de Guerra del año 1977, cínicamente, lo sindicó a Erbetta como prófugo, siendo que ellos lo habían asesinado. Es aquí donde podemos apreciar la importancia que tienen las investigaciones judiciales en el Estado de Derecho. Existe un testimonio revelador, que da cuenta de lo dicho, sobre todo del silenciamiento obligado que se pretendió imponer.
Un hermano del prisionero asesinado, Joe Victor Manuel Erbetta, quien era militar al momento de los hechos contó que el Comandante Trimarco, enterado que un suboficial preguntaba mucho, lo citó a su despacho, y con la pistola desenfundada sobre el escritorio le dijo que “su hermano había estado detenido pero se había escapado, luego con el arma en la mano le ordenó que no lo buscara más si no quería que le pasara lo mismo ”. (extraído de la causa Erbetta). En buen romance, que no jodiera, que se callara la boca, caso contrario, a él también lo iban a matar.
Ocultamiento, silencio y olvido, es lo que buscaron . No lo lograron. Aquí cabe que tomemos dimensión y valoremos el papel de los testigos, en esta y en todas las causas. Con las heridas frescas y el terror aún pegado a su piel, hablaron, dijeron la verdad y exigieron justicia en los tribunales, y en cuanto foro encontraron. Con temor a ser injusto, porque fueron muchos, voy a mencionar en relación al caso Erbetta a nuestros compoblanos: Alicia Ferrer, Ricardo Godoy, Pico Silva y Luis Alberto D´Elía quienes no olvidaron a su compañero de infortunio y exigieron, como lo manda la buena conciencia:
MEMORIA VERDAD Y JUSTICIA
En el MES DE LA MEMORIA a ellos, y a todos los que han atestiguado en diferentes causas, nuestro reconocimiento.