TEXTUAL
Política, que palabra importante, ¿verdad? Si es así, ¿por qué tanta gente le tiene miedo?
La política es la herramienta que tienen los ciudadanos para transformar la realidad. Participando políticamente, podemos construir una sociedad más igualitaria, reconociendo todos sus derechos, y a su vez, mejorando todos los aspectos negativos tanto del gobierno de turno, como de los anteriores.
Muchas personas aceptan no saber o no entender de política, sosteniendo que tampoco les gustaría aprender o interesarse sobre ella. Estos, en el fondo, odian la política, y se enorgullecen de tal cosa. Es decir, nos encontramos con un estado de total negación.
Que tan precisas las palabras de Bertold Brecht cuando dice:
“El peor analfabeto es el analfabeto político.
No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.
El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.
Pero hablemos de nosotros, los jóvenes y nuestra relación con la política. Muchos se preguntan por qué militamos los jóvenes. A esto, Salvador Allende dijo “ser joven y no ser revolucionario es hasta una contradicción biológica”. Y no se equivocó.
A pesar que a través de la historia los jóvenes hemos sido partícipes activos en la política, sabemos que hoy en día todavía existen opiniones enfrentadas. Algunas de ellas van desde posturas ultra conservadoras, que dicen que los jóvenes no estamos aptos para votar, para decidir, para participar; todo por el mero hecho de ser jóvenes, porque no tenemos la experiencia que los adultos si tienen. Y otras mucho más abiertas que sostienen todo lo contrario, que es un buen ejercicio democrático incluir a los más jóvenes a participar de ella.
Sabemos que muchos de los que hablan que los jóvenes somos incapaces de militar, de votar y de participar, son los mismos que nunca se interesaron por la política. Hagamos la pregunta inversa: ¿todos los adultos que votan, lo hacen responsablemente, con plena convicción y conocimiento?
En éste sentido, la historia política de nuestro país nos muestra cómo un número muy importante de políticos, han incursionado, sin interesarle en lo más mínimo la idea de lo colectivo. Todo se reduce a meros intereses individuales y/o familiares. Justamente es lo contrario a la esencia de la política, que es pensar en la idea de país como algo colectivo. Actualmente, sobran los ejemplos de personas con éste perfil. Pero ésta idea mezquina de concebir lo político, lamentablemente, no se expresa solamente en individualidades, sino también en partidos políticos como tales, y esto es lamentable.
Todos conocemos aquellos partidos políticos que se han opuesto, por ejemplo, a la ley del voto joven. A mi entender, son estos, los que tendrían que atraer a esta nueva masa de votantes a sus filas para que puedan sembrar nuevas ideas.
¿Por qué siempre oponerse a lo nuevo y al cambio, y no proponer?
Es claro que los jóvenes, a lo largo de la historia, hemos sido partícipes fundamentales de cambios trascendentales en la Argentina y el mundo.
Podemos recordar aquella noche del 16 de septiembre del año 1976, más conocida como la Noche de los lápices, una noche en la cual 10 jóvenes de entre 14 y 18 años de edad fueron secuestrados de sus hogares, torturados, y algunos, la mayoría, todavía siguen desaparecidos, por la lucha de un boleto estudiantil.
Conocemos la historia del Cordobazo, que tanto estudiantes como trabajadores, se alzaron contra el gobierno de Onganía ; por el creciente enfrentamiento que esto produjo en la sociedad, se tuvo que llamar a elecciones.
También, sabemos que la reforma universitaria dada en el año 1918 en Córdoba, fue hazaña de jóvenes argentinos, que querían terminar con el tipo de universidad de elite, donde solamente los jóvenes pertenecientes a las clases más altas de la sociedad podían asistir.
Ya más cerca de nuestros días, recordamos la toma de colegios en la ciudad de Buenos Aires, donde estudiantes reclamaban su participación en la currícula educativa impuesta por el gobierno de la ciudad; y además protestaban por la falta de recursos y los problemas edilicios.
En cuanto a la participación juvenil en otros acontecimientos sucedidos en otros países en el mundo, podemos citar:
El Mayo Francés, un proceso iniciado en la década del 60, en Francia, luego extendido a los demás países centrales, en el cual jóvenes y obreros se unieron en repudio al consumo y conformismo que se vivía en la sociedad, pidiendo un cambio en el sistema capitalista.
Conocemos muy bien, la voluntad de los jóvenes vietnamitas para luchar contra el imperialismo de los Estados Unidos que había invadido su patria.
Es destacable la formación educativa de los pioneros cubanos: niños y adolescentes son educados con los ideales de José Martí y el Che, para defender la revolución desde pequeños.
Sin lugar a dudas, los jóvenes somos y hemos sido partícipes activos de la política. ¿Por qué no reconocerlo? ¿Por qué desmerecer la participación juvenil? ¿Por qué ahora sería diferente a años anteriores, donde los jóvenes eran un importante factor de transformación de la sociedad?
Hoy en día se habla del incremento de la participación juvenil a lo largo de la última década. Esto se debe básicamente, porque hay un gobierno que apoya su participación y le da herramientas para ello: por ejemplo, con la sanción provincial de centros de estudiantes, o la ley de voto joven. Tenemos un Estado que reconoce el derecho de los jóvenes a participar activamente de una democracia inclusiva.
Es incorrecto estimar la militancia juvenil en números. ¿Es realmente lo que importa la cantidad, o la calidad? Creo que no se podría llegar a un numero, básicamente porque la militancia no es solamente partidaria. Hay muchos jóvenes militantes, que están en centros de estudiantes, en clubes, barrios, asociaciones civiles, iglesias, ONG y demás lugares, y no pertenecen necesariamente a un partido político.
Es común escuchar un discurso insultante, que los jóvenes militamos porque se les ofrece algo a cambio. Aunque pueda haber casos excepcionales, porque ninguna sociedad es perfecta, la mayoría participamos porque creemos en nuestra patria. Los jóvenes no militamos porque alguien nos dice que tenemos que hacerlo, o porque esperamos algo a cambio.
Muchas veces se afirma que si no tuviéramos éste contexto socio-político, no habría tanta juventud militando. Es probable que sea así, porque no se puede separar el momento histórico dado y la convicción de los jóvenes. Porque muchos de ellos se arrimaron a la política por éste proyecto, y tal vez no por tener las mismas convicciones de lucha, sino porque se les dio un lugar donde expresarse.
La juventud de hoy milita porque lo siente, porque surge desde adentro. Los jóvenes no acarreamos las decepciones que los mayores ya han tenido. Nosotros revivimos los sueños de la gente, y militamos para aprender de los grandes. Vinimos con ideas para cambiar y transformar la realidad. No nos pongan barreras, no nos subestimen, no nos desanimen. Porque los jóvenes vinimos para quedarnos. Y esperen, porque tenemos mucho más para dar.