Puedo ser comprensiva y generosa a veces. Mostrar cierto altruismo y otras virtudes que en el fondo las tengo, pero a cuenta gotas, y mientras no me jodan. Convivo con la bronca y la indignación constante. Sintiendo que mi esfuerzo nunca es recompensado lo suficiente. Que hay un montón de vagos que viven de mi sacrificio.
Soy esa banda ancha y difusa que ocupa el vagón del medio entre los dueños de todo y los despojados de todo. La que tiene aspiraciones de ascenso, pero sigue siendo el cuadro de la B -siempre de la B- y con riesgos de descender.
Soy capaz de odiar a muerte a esos piqueteros cuando alcanzan el estatus de “cacerolo”, que quieren comprarse las mismas cosas por las que yo trabajé siempre, pero a quién el pánico puede hacer cantar “piquetes y cacerolas la lucha es una sola”.
Separados por el odio. Unidos por el espanto
Las artes del disimulo y la simulación que mame de toda la vida me pueden hacer quedar en casa muriendo en silencio antes que salir a quejarme y que se sepa… protestar y que me vean… haciendo cosas de pobres. Soy el qué dirán, el qué apellido sos, el qué sos de fulanita y la infaltable curiosidad: “¿En qué auto anda?”.
Soy esa soberbia que cree que no le debe nada a nadie y que cada uno tiene lo que se merece. Pero, sin embargo, vivo descontenta porque siento que nunca tengo lo que creo que merezco. La que prefiere emperrarse antes que dar el brazo a torcer. La que no cree en la política más que para achacarle la culpa de todos sus males. La que siente tirria por los que luchan en las calles y me recuerdan que soy un invento de clase para diezmar la pelea. Que soy una ficción que se cree que juega a otra cosa y desconoce que sólo se trata de oprimidos y opresores.
Ahora tengo tantos temores y dudas. Me estoy fundiendo mientras trabajo cada vez más y más; me debato entre jugarme a fondo y seguir el “único camino, que es por acá, es ahora y todos juntos” o acepto que mejor tragarse el sapo “se robaron todo” y volver a vivir un poco mejor. Detesto lo popular, pero aborrezco con mayor fuerza ser una consumista frustrada.
- …Total en el cuarto oscuro nadie sabe.
Mi idea de mi misma está en crisis y la estoy pasando muy mal porque no estoy pudiendo solventar el estilo de vida que se supone define mi categoría, me hace lo especial que soy: la casa, el auto, la prepaga, el colegio de los chicos, la actividad deportiva, el asado semanal, ni decir de las vacaciones. Estoy sufriendo porque todo eso que anhelo vuelve a quedarme muy lejos.
Soy esa clase media que se traicionó tantas veces… espero no ser tan boluda esta vez.