En el cenit del neoliberalismo, en aquellos locos años ochenta, cuando los Redonditos de Ricota cantaban “… si esta cárcel sigue así todo preso es político” seguramente no se referían sólo a privados de la libertad como la militante social Milagros Salas, desde ayer con prisión domiciliaria pero presa durante casi tres años porque habría instigado un escrache -en el que no estuvo- contra el ex diputado y actual gobernador de Jujuy y no por desviar fondos que tenían que ser destinados a la construcción de obras como muchos equivocadamente creen. Tampoco le cantaban únicamente a tipos como Amado Boudou quién recientemente recuperó su libertad – condicional- y denunció, apenas pisando la vereda del mundo exterior, que la cárcel hay presos políticos y que detrás de todo existe un plan del “Poder Real” para quedarse con empresas, sacar gente molesta de la cancha y tomarse revancha por años en los que hubo un gobierno que no fue tan condescendiente a los deseos y las presiones del establishment. Persecución judicial, mediática y política a ex miembros de un gobierno que no hizo la revolución, ni siquiera logro empoderar al pueblo, pero que tenía cierta idea de distribución de los recursos y riquezas que “no puede volver”.
Pero todo preso es político se refiere a que… bueno… eso… todo preso es político.
A los delincuentes que este sistema de inequidades crea y después persigue, encierra o mata. Todo delincuente es primero víctima antes de ser victimario. Víctima de las injusticias, errores o excesos de un sistema en el que el impulso original no es la solidaridad, ni el progreso ni la igualdad de oportunidades sino la competencia a ultranza, la acumulación de riquezas, el estilo cuentapropista y supuestamente meritocrático. Un sistema, un modelo de vida que por acción u omisión, por los valores que transmite –los delincuentes por opción y convicción, digamos-, todos los días pare y caga a millones en la exclusión y la marginalidad, en el analfabetismo y la inseguridad primaria de no tener techo, ni comida, ni atención sanitaria, ni servicios básicos… Sólo la seguridad de no tener dónde caerse muerto.
Un caldo de cultivo excepcional que pone a los desprovistos de todo en la raya del delito.
Las cárceles están llenas de pobres -¡vaya novedad!-, pero son los dueños de todo los que roban a los pobres desde su niñez hasta la vejez. Les roban su salud y los desechan cuando envejecen o enferman, los roban con empleos mal pagos, inseguros e inciertos. Los roban con conductas delictivas propias de su voracidad de clase lanzando a millones de personas al rebusque en las calles de la indigencia, asegurando una vida de hambre.
Son los dueños de todo quienes hacen la guerra por recursos y negocios y usan como artillería la carne de los pobres. Son quienes reprimen, financian dictaduras y provocan genocidios. Quienes ordenan ejecuciones y desapariciones.
Son los dueños de todo los que se llevan la guita a paraísos donde no hay preguntas, ni nombres, ni impuestos. Quienes hipotecan la soberanía popular, venden la independencia nacional, y hacen que sus deudas las pague “Juan Pueblo” con el sudor y la sangre de varias generaciones.
Son los dueños de todo quienes demuestran menosprecio por el otro y por el planeta contaminándolo día tras día. Los que expresan apatía y frivolidad y dejan claro que predomina el interés privado particular sobre el interés público general. Quienes al robar a los pobres con total impunidad, les recuerdan que “nacen desiguales ante la ley”. Y Son los dueños de todo los que construyen las cárceles y ordenan al vigilante. Quienes generan las desigualdades y la discriminación.
Son los dueños de todo quienes imprimen los diarios, lanzan satélites y levantan las antenas. Los que escriben las noticias que sesgan la verdad, coartan la información y la libertad de expresión, lavan el cerebro y delinean un sentido común para zonzos.
…
Pero son a los dueños de nada a quienes linchan por dos garrafas o un celular. Son los dueños de nada quienes desbordan las cárceles y llenan con titulares las páginas de policiales.