¿A qué tendrá sabor el renunciamiento? ¿Sabrá al amargo de la impotencia? ¿Dulzón como el alivio? ¿Agrio como el temor? ¿A insulsa sabiduría? ¿O empalagosa auto indulgencia?… Tratar de entender a la “nueva” Cristina, es parecido a tratar de entender al sobrio Charly, al suntuoso Fito, al vegano Ricardo y al desconcertante Andrés. –Uno contento por ellos, pero en sus cambios fueron dejando jirones de lo que uno admiraba, de eso que nos fascinó: La irreverencia y la rebeldía, tal vez. La vorágine creativa autodestructiva, seguramente. Será egoísmo, pero es lo que es.
La exaltación por la noticia dibujó también una sonrisa desencantada por la líder que cede en su cruzada firme e incómoda de acentuar las contradicciones en una sociedad injusta, por la líder que comprendió que pelear a poderes reales puede traer daños colaterales como que termine gobernando la más rancia mortadela neoliberal, por la líder que entrega sus dragones y sus soldados por un objetivo mucho mayor que el trono de hierro: La supervivencia de la patria y su pueblo. Por una líder que entendió que es mejor sumar que dividir aunque en la suma se pierda.
Y, cuando se piensa en lo que se pierde, pocos recuerdan a quienes son llamados a renunciar junto a Cristina… porque en el renunciamiento de la líder hay algo que subyace: La lealtad. La lealtad a la líder, aún si esta convoca a renunciar al sueño del proyecto Nacional y Popular (La revolución imaginaria, al decir del Turco Asís). Un gobierno de centro será la salida… Ni vencedores, ni vencidos. Una partición salomónica.
El renunciamiento de los que –con desparpajo o estoicismo- sufrieron y bancaron los trapos. Los que fueron estigmatizados como choriplaneros, defensores de vagos, chorros y asesinos, cabezas lavadas por 678 y C5N. Los que fueron desplazados de grupos sociales, perdieron trabajos, rompieron lazos familiares y de amistad por reconocerse “Kirshhhneristas”. Los cagados a palos en las calles, los extorsionados, los encarcelados por razones políticas, los asesinados por la espalda…
Subyace la lealtad a la líder que se entrega y nos lleva, a la rastra con ella, hacia al proyecto del centro. Su gesto pide a las filas que se detengan en medio de la carnicería. Con la grieta en carne viva. Que renuncien después que se comieron terrible piña y se acercaba el momento de dar el vuelto… Para muchos eso es una suerte: Que otro piense y decida por uno mientras acierte y resuelva nuestros problemas inmediatos. Nos libere de pensar y tomar decisiones. Nos libere de la pelea fratricida, de la grieta zanjada con injusticias y el remover de odios ancestrales…
- Del trabajo a casa y de casa al trabajo…
- Fosforito…
- Si, ya sé. Nunca trosko, perdón.
La división del campo popular trajo la larga noche neoliberal. La líder lo entendió y arrió sus banderas de luchas y conquistas. Le habló a su gente: primero con el gesto de la distancia y el silencio, después publicando un libro a suerte de legado, luego en la presentación del mismo, y, finalmente, con un mensaje claro y conciso en un video de 12 minutos de edición magistral.
Manejó los tiempos tanto como pudo y preparó a sus acérrimos defensores para lo que vendría, para que entendieran la urgencia y la importancia del momento. Entendió que no se puede tensar más hacia la izquierda de lo que ya se hizo sin pagar costos muy altos. Que hay fuerzas que resisten hasta la autodestrucción. Sabe que si gana, su nombre tendrá en la vereda de enfrente, o sea en la oposición, a lo que quede de Cambiemos, a la izquierda troska y funcional, a los EEUU, a los Fondos Buitres, a La Nación y Magnetto, y a una Sudamérica en manos de neoliberales genuflexos. Porque una vez ganadas las elecciones, su nombre traerá como tsunami a ese poder que siempre está aunque no lo veamos. Así que el peronismo, sólo el peronismo, con sus virtudes y agachadas, es el efectivo moderador y ordenador de la vida de los argentinos. El peronismo es la realidad posible. Todo lo demás es malgastar tiempo en sufrimientos que no estamos dispuestos a pagar por la promesa de ninguna recompensa.
Si por buscar el sueño se termina en pesadilla, mejor despertar a la realidad posible.
Una Cristina, un kirchnerismo, se diluyó estos días para darle lugar a algo distinto. Algo posible. Sólo la historia podrá decir si el heredero y la meta valieron la pena.