Estas circunstancias dejaron fuera de la posibilidad de aprender a leer a muchas generaciones de niños en cuyos contextos familiares la lectura no era un valor habitual, y a los que la escuela les reforzaba su “discapacidad” “enseñándole a leer” con textos descontextualizados y de temas alejados a sus intereses. (Solo ingresaban a la escolarización aquellos que como resultado de la aplicación del test lograban: que aprenderían a leer en un año o en dos. Los demás NO ESTABAN AUTORIZADOS A INGRESAR A LA ESCOLARIDAD COMÚN. Se los hacía “repitentes eternos” del jardín de infantes y luego de varios años, se los derivaba a los grados “especiales”)
Este modelo patologizador de la lectura para el ingreso de los niños a la escuela, ponía en dudas las capacidades del niño en vez de plantearse la incompetencia de los tests que se aplicaban para establecer esas discapacidades. Con este modelo aparecieron y con exceso, las categorías “dis” en la enseñanza de la lectura y de la escritura (dislalia, dislexia….etc.etc.) y la consiguiente derivación a los gabinetes de especialistas de la medicina y la medicación inclusive.
Después de mucha lucha de algunos grupos de educadores (entre quienes me incluyo), y con el advenimiento de la democracia a nuestro país, este modelo quedó sin efecto. El único criterio para el ingreso a la escolaridad común, desde entonces, fue la edad cronológica del niño.
La Dra Emilia Ferreyro, argentina, investigadora y colaboradora de Jean Piaget, radicada fuera del país, regresó a la Argentina en 1971 y publicó su tesis de doctorado: “Les relations temporelles dans le langage de l'enfant” (Las relaciones temporales en el lenguaje del niño).Este nuevo modelo conceptual de la lectura y la escritura, dejó al desnudo, que muchas “dislalias, dislexias” y otras “dis”, eran problemáticas sociales, eran cuestiones del entorno familiar, del entorno escolar, y/o enfoques conceptuales de la lectura y la escritura que aplicaba la escuela al niño; y no discapacidades cognitivas de este.
Este fue el modelo de alfabetización que aplicaban los jóvenes en las villas de Bs. As. durante la dictadura militar. Esos jóvenes y adolescentes que ocupaban sus fines de semana para la noble tarea de alfabetizar, fueron denominados ”Peligrosos” por aquel gobierno de facto. Y Ferreyro, alma mater, de este proyecto alfabetizador, debió exiliarse en 1977.
Como educadora y psicóloga social, digo que el estado aún hoy, tiene una deuda muy importante en la formación docente en cuanto a la alfabetización liberadora de la patologización de la lectura y de la lectura, y también en la formación del docente para atender a un alumno en contexto.
Estoy convencida que: invertir en la formación de calidad del docente de la educación pública es una batalla ganada a los que mercantilizan con ella. Y que, invertir más calidad en la educación de los niños de mayor vulnerabilidad social, es un desafío inminente para asegurarnos un futuro de paz y ganarle a la esclavitud neoliberal.