Una especialista en Comunicación Social lleva adelante una comunidad con más de 30 mil familias conectadas, cuya página en la web se llama Crianza Cibersegura. El tema en común es la crianza de los niños y las pantallas y ofrece algunas respuestas a la pregunta ¿Cómo hacer para administrar el uso de los dispositivos?
No es una novedad que las pantallas atraen extremadamente a niños, niñas y adultos. Una cuestión que en pandemia y en cuarentena, especialmente, se hace muy difícil permitir o no el uso para los más chicos.
La idea de la propuesta, en un principio, era asesorar sobre los filtros parentales y enseñar a las familias a poner contraseñas seguras. En el camino, surge la atención sobre profesionales expertos que observan niños con retraso en el desarrollo del lenguaje, no miran a los ojos y no responden al nombre. Al mismo tiempo, en su cuenta, muchas familias describen la adicción de sus hijos a la televisión, cuestión que la llevó a investigar en las neurociencias.
Un prestigioso neurocientífico francés, Michel Desmurget,[1] que se dedicó durante algunos años a estudiar, investigar y escribir sobre el impacto de la TV, videojuegos, redes sociales, etc. en nuestros cerebros y, en particular, en los niños mientras crecen, expresa: “Estas herramientas dañan el cerebro, deterioran el sueño, interfieren en el lenguaje y el rendimiento académico, perjudican la concentración, aumentan el riesgo de obesidad y mucho más…”
Si los niños son el mensaje vivo que enviamos a un futuro que no podremos ver, como afirmó el sociólogo Neil Postman, parece evidente que la sociedad en el futuro, se encontrará con un grave problema. “El consumo de dispositivos digitales -en todas sus formas: smartphones, tabletas, televisión…- durante el tiempo de ocio es absolutamente brutal entre las nuevas generaciones”, también alerta el doctor Desmurget.
Los más chicos aprenden muy rápido a manejar los dispositivos y los adultos nos sorprendemos de sus habilidades; pero, según los expertos, esto tiene que ver con el desarrollo madurativo; pues, que lo puedan hacer no significa que lo deban hacer. No darles pantallas es entender la negativa y permitirles lo que necesitan para el desarrollo saludable.
La doctora Victoria L. Dunckley[2] menciona el síndrome de pantalla electrónica. Síndrome que provoca la desorganización y desregulación de los sistemas biológicos, que afectan el intelecto, las emociones y la salud en general. Un niño conectado por muchas horas es más irritable, tiene escasa tolerancia a la frustración, problemas para dormir o conciliar el sueño y pierden interés por los juegos tradicionales o aquellos que requieren del movimiento del cuerpo. De acuerdo a sus investigaciones y experiencias, propone hacer un ayuno de pantallas, que consiste en dejar reposar el cerebro entre tres y seis semanas. Los niños necesitan bajar el nivel de stress y lo que requieren es aire libre, conectar con el sol que provee vitamina D y moverse mucho, para que vuelva al biorritmo normal. El adulto tiene que entender que, ante tanta pantalla, el niño está con una desregulación hormonal.
Quizás, lo que puede ser un indicio del daño que provocan las pantallas, pueda advertirse, aunque parezca contradictorio, es que los mismos dirigentes de Silicon Valley no permiten que sus hijos utilicen dispositivos digitales.
“A Steve Jobs le preguntó un día un periodista del New York Times qué pensaban sus hijos del iPad, y le contestó que en su casa no había iPads ni ordenadores. El periodista se puso a investigar y descubrió que lo mismo ocurría con otros altos cargos de Silicon Valley. Un alto ejecutivo de Google también reconoció que sus hijos no usaban pantallas. Y el ex director editorial de la revista Wired, la biblia de las nuevas tecnologías, admitió que a sus cinco hijos les restringía el uso de dispositivos digitales porque sabía de primera mano los efectos que provocan…”[3]
Variados estudios demuestran la ecuación: a mayor uso de TV o videojuegos disminuye el coeficiente intelectual, lo que incide en la generación de idiotas o tontos, como lo describe fuertemente Desmurget y precisa que son los primeros niños con un coeficiente intelectual más bajo que sus padres.
Es un gran desafío a enfrentar por las familias de estos tiempos el pensar en alternativas a cambio de pantallas, mientras los niños aprenden muy bien y casi en soledad a presionar botones. La adicción a las pantallas es un peligro real, refuerzan los especialistas, porque con ellas se pueden desatar los mismos mecanismos cerebrales que con otras adicciones,
Tekoá. Cooperativa de Trabajo para la Educación.
[1] Michel Desmurget es doctor en neurociencia y director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica de Francia. Es autor de una vasta obra científica y de divulgación y ha colaborado en reconocidos centros de investigación como el MIT o la Universidad de California. Con La fábrica de cretinos digitales ha sido reconocido con el prestigioso premio Femina de las letras francesas.
[2] Psiquiatra infantil integral
[3] https://www.elmundo.es/papel/2020/09/19/5f622c5f21efa01b788b45d6.html