Debíamos de estar a pasos de la casa de los Agostini porque había unas chicas muy jóvenes husmeando. La suposición se hizo cierta cuando a los pocos metros una enorme pancarta, sostenida por elevadas pértigas desde sus extremos y dispuesta a lo largo del frente de la casa, arengaba a votar por Nacho.
La madre de Nacho tardó unos cinco minutos en abrir la puerta. Eran las cinco y cuarto de la tarde y apenas había llegado de su jornada de trabajo como directora de la escuela privada El Principito. Mientras tanto, chicos de otra escuela –de una pública- pasaban por la vereda. Algunos se detenían y leían las inscripciones –todas ellas declaraciones de amor hacia Nacho- hechas con marcador sobre las rejas del frente de la casa. Otros disminuían el paso y vociferaban un “¡Aguante Nacho!”. Uno muy pequeño se paró frente a mí y preguntó si no sabía si le iban a poder dar un autógrafo. Le contesté que ya íbamos a preguntar. Las jovencitas estaban más cerca y espiaban ahora con menos pudor.
“Esto es así todo el día. Yo dejo la puerta abierta y pasa la gente y grita y pregunta y me cuenta cosas y el teléfono suena y amigos que van y vienen. Es la casa del pueblo”, cuenta sonriente Marisa Guerrero de Agostini.
El living de “la casa del pueblo” está poblado de papeles, afiches y todo tipo de merchandising y cds. cuyo propósito son cambiarlos por tarjetas de teléfonos Movistar, la compañía que promociona el programa Operación Triunfo, , que emite el canal TELEFE, todo propiedad del grupo español Telefónica.
Todas las tardes, me cuenta Marisa, se juntan en su casa una veintena de personas que se reparten las tarjetas recaudadas y votan vía telefónica para que Nacho no tenga que abandonar la academia: “Nos repartimos las tarjetas que recaudamos y nos ponemos a votar. Tenemos cinco celulares y votamos todos juntos y nos acompañamos”, cuenta la madre de Juan Ignacio.
Las fotos de Nacho y su hermano Pancho llenan los muebles y las paredes. Pero hay algo más, un clima que hace que su ausencia no se note.
“Me siento cansada”- dice Marisa como si quisiera disculparse por algo. “Todos los días es así, ahora dentro de un rato vienen las chicas y nos ponemos a votar, tomamos mate, después pasan los amigos de mi hijo que salieron a buscar algunos apoyos para la convocatoria del domingo en la costanera”.
Los primeros llegados comienzan a entrar y salir de la casa. Saludan, preguntan, salen, vuelven y el teléfono que suena cada vez más seguido. Uno de ellos tiene un rostro de esos que uno no termina de ubicar pero sabe que lo ha visto en otro lado. Cuando se aleja, la madre de Nacho me cuenta que es Adrián, uno de los eliminados del programa Operación Triunfo, que está de visita en Concordia. Afuera, las chicas que antes espiaban, lo aguardan entre sollozos y pequeños gritos histéricos. Ya hay algo del mundo de los fans, de la fama, del poder deslumbrante de la televisión.
El teléfono interrumpe otra vez. Llaman de Federación para pedir remeras con la cara de Nacho. Pero parece que las remeras escasean.
“Estamos a full con el tema de poder cambiar algunas cosas de Nacho por tarjetas telefónicas. Esto no tiene un fin lucrativo, sólo pretendemos juntar tarjetas para votar. Cuando estamos más tranquilos (N del R: cuando Nacho no ha estado nominado para abandonar el programa) descansamos un poco pero seguimos canjeando las cosas que nos quedan para ir previniendo otra nominación. No somos ilusos y sabíamos que se venía otra nominación. Las otras oportunidades estábamos más preparadas pero ahora nos encontramos sin remeras, sin fotos, sin llaveros. Tampoco tenemos dinero como para hacer doscientas remeras.”
El teléfono vuelve a sonar. Una chica llama para saber qué puede cambiar por una tarjeta de quince pesos. Todavía quedan prendedores, fotos y llaveros. Finalmente la trocará por un dvd de producción casera con las presentaciones de Nacho en el programa.
La madre de Nacho pide a una de sus colaboradoras que se encargue del teléfono y de recibir a la gente que se asoma a la puerta. Me dice que tenemos que apresurarnos porque más tarde se hará más difícil poder seguir con la entrevista. “Todos los días tengo la visita de los chicos que salen de las escuelas. Mucha gente llama por teléfono, gente mayor que me llama para contarme que no tiene recursos para votar por teléfono al programa pero que va a prender una velita para que a Nacho le vaya bien. Los recolectores de basura desde el primer día no dejan de tamborilear y pasar por acá gritando: ¡Nacho! ¡Nacho!, todos los santos días. La mayoría de la gente que llama es gente mayor. Y a la tarde tengo muchísimas visitas de nenes de menos de diez años. Muchísimos, muchísimos.”
Si uno escribe Nacho Agostini en el buscador más grande de la web, Google, encontrará como resultado que hay 16.000 páginas digitales que remiten a su nombre. Entre ellas un club de fans con sede en Concordia y anexos en Buenos Aires y Montevideo. El sitio no sólo es usado para descargar videos, fotos, dejar mensajes y saber cuestiones biográficas del cantante local sino también para organizar la campaña de apoyo.
“Yo estoy agradecida de mi ciudad y de la gente de otras localidades. Lo que es Chajarí y Federación están a full. Tenemos contactos allá, se llevan remeras y cds. y los cambian por tarjetas telefónicas. También hay gente que me llama por teléfono y me dice que no tiene mucho dinero pero que van a colaborar con un llamadito. Después hay otra señora que vive cerca del hospital Carrillo y me cuenta que son un grupo de señoras mayores de cincuenta y que el único teléfono celular es el de ella, entonces se juntan a votar y luego cada una le paga una llamada. Pasan cosas increíbles que nos ponen muy felices. Eso se lo transmitimos a Nacho porque a él le pesaba mucho eso de que lo votaban solo las chicas jóvenes porque era lindo.”
Una de las colaboradoras y amiga de Rosana Guerrero de Agostini cuenta que ella “manguea” tarjetas en su lugar de trabajo: “Yo les digo: bueno compañeros a ponerse con un poco que el domingo hay que votarlo a Nachito. Y todos colaboran.”
Me cuentan que suele acercase gente a ofrecer todo tipo de ayuda: “El otro día vinieron de una distribuidora de garrafas y se ofrecieron para hacer la publicidad rodante de la última convocatoria a la costanera, para la nominación anterior de Nacho. Dentro de un rato tengo que ir a una agencia de teléfonos celulares que me llamaron para hacerme un ofrecimiento. No sé de qué se trata todavía, pero me parece que nos van a hacer una oferta por chips MOVISTAR.”
Acordamos volver al día siguiente, al atardecer, cuando la casa de los Agostini se transforma en un centro de operaciones al que jocosamente, sus integrantes, denominaron “La Unidad Básica.”
“La Unidad Básica”
Cuando llegamos ya había mucha gente. El clima de la reunión era nervioso y acelerado (no era para menos en poco más de 72 horas se jugaba la continuidad de Nacho en el programa y el pase a la gran final). Se alcanza a escuchar una discusión sobre el precio de los chips (Chip: un “cosito” que va dentro del teléfono celular y que hace que este funcione). Marisa habla con cuatro personas al mismo tiempo. Llama un distribuidor de tarjetas telefónicas con una oferta –El proveedor habitual nos había contado que “las bases” de Nacho en Concordia le habían comprado más de $1500 en oportunidad a la anterior nominación para abandonar la academia televisiva. “Esta semana llevan comprado como novecientos pesos”, agregó este importante distribuidor.
En el living de la casa de los Agostini hay una veintena de personas, en su mayoría mujeres, de las más diversas edades. Una de ellas revisa una lista dónde están los que viajaran en el transporte contratado que los llevará rumbo a Capital Federal para presenciar la que sería la última gala de la que participaría Nacho. 21 personas, además de los padres y el hermano, viajan todos los domingos a Buenos Aires en una combi alquilada.
Otra mujer de unos treinta años estaciona su auto empapelado con la cara de Nacho y baja con un a pequeña cantidad de tarjetas telefónicas.
Acaban de cerrar un acuerdo con los encargados de una discoteca para hacer una Matinée el sábado a beneficio de Nacho. Cantará Adrián, el eliminado que está de visita. Alguien confirma que Florencia, otra eliminada del programa, viene el domingo a la costanera para hacer presencia en apoyo a Nacho. Las cosas parecen marchar.
Hay tres mujeres y dos niñas que no paran de votar por medio de los, a esta altura escasos, cinco teléfonos móviles. Otro grupo toma algo de lo poco que queda de merchandising y se dispone a rumbear hacia la costanera o cualquier otro punto para ver si se consiguen más tarjetas.
Un chico que resulta ser amigo de Nacho irrumpe en el bullicio y agitado hace entrega de un par de tarjetas. Viene de la peatonal donde también están canjeando cosas. Trae, además, una nota improvisada en la parte posterior de un folleto publicitario. Lo firmaban las propietarias de un negocio de ropa y era un mensaje de ánimo para Nacho que al final decía: “Sos nuestro, sos de Concordia”. Uno de los pocos varones que estaban en la reunión, y que se aprontaba a retirarse en misión de negociar por chips y tarjetas, nos explicaba: “lo que también sirve mucho es el boca a boca, eso de decir: dale, llamá, votá. Apoyá a este pibe que es de la ciudad.” Luego miró a un hijo suyo y le dijo: “Negro, yo ya vengo. Vos seguí votando.”
Otra comitiva llega con unos chips que son de la compañía auspiciante (Si vota utilizando el servicio de la línea auspiciante su voto vale dos). Detrás aparece una abuela con su nieta y una tarjeta para canjear por un par de llaveros y una remera con la cara de Nacho auspiciado por SIDECREER.
Pregunto si durante el resto del día alguien sigue votando: Una señora señala a su hija y dice: “Si es por ella se la pasa votando todo el tiempo”.
Otra mujer, que se acercó a la “Unidad Básica” apenas salió de trabajar, se ofrece para lo que haga falta; enseguida la ponen a cargo de escribir con marcador en los afiches la hora y el día de la reunión en la costanera. La misma voluntariosa mujer nos cuenta que las reuniones pueden llegar a prolongarse hasta las tres de la mañana.
El Padre de Nacho se encuentra de viaje por su trabajo. Arriesgamos: “¿A que hecha a todo el mundo cuando llega?”. “No, es el peor de todos. Llega y se pone a votar y sigue de largo”, nos contestan.
Un hombre de unos setenta y pico de años se asoma al living de la casa como pidiendo disculpas. Nadie parece conocerlo. La madre de Nacho va a su encuentro. El anciano le pregunta si ella es la madre del chico de la televisión y, tras la aprobación, extiende su mano y ofrece una tarjeta de diez pesos. “Esto es para colaborar con el muchacho”, dice el hombre con expresión amable que no quiere aceptar nada a cambio de su tarjeta. Después de insistir le convencen de que se lleve una foto de Nacho y algunos souvenir.
Un par de señoras mayores llegan para preguntar si aún hay lugar en la combi a Buenos Aires para presenciar la gala, pero la respuesta se hace esperar porque en ese preciso momento gritos, cánticos y ruido a latas conmocionan aún más la cuadra: son los recolectores de residuos repitiendo un hábito que comenzó hace un par de meses.
“Nosotros nos hemos preguntado las razones de esta movida sorprendente y un poco llegamos a la conclusión de que Concordia está muy golpeada y etiquetada como la ciudad de la droga, de la desnutrición y la indigencia, con la mitad de la ciudad desocupada. Yo creo que esto se transformó en un motivo de reunión y de encuentro. Acá puede venir el que quiera, aquí nadie hace distinción de ningún tipo, nadie promete nada. Creo que la gente busca una esperanza en algún lugar. Esto contradice un poco la fama de apática que tiene Concordia”, dice la mamá de Nacho intentando buscar una explicación al fenómeno social que generó su hijo a través de la televisión (¿O la televisión a través de su hijo?)
Son casi las diez de la noche y nos estamos marchando del hogar de los Agostini con una sensación agridulce. Preguntándonos por qué este tipo de organización, compromiso y participación no se da de igual manera y con la misma energía para la búsqueda de soluciones a otras problemáticas, otras urgencias y reivindicaciones.
Quizás el problema resida en que muchas veces la sociedad no encuentra objetivos claros y comunes por los que aunar esfuerzos: Nacho es –era- un objetivo claro y común. No es un tema engorroso y la gente no se confunde (como la Selección Nacional, River o Boca). Mucho más difícil sería quizás juntar voluntades para plantear políticas sociales o una reforma tributaria o una distribución del ingreso más justa o una reestructuración del Estado.
La de Nacho es seguramente una lucha pequeña, la lucha por darle cierto protagonismo a una ciudad siempre mencionada por sus ignominias, pero sirve para recordarnos que es bueno luchar por una causa, por más vulgar o trascendente que nos resulte, cuando lo hacemos todos juntos.
Se logra cierto alivio al creer que “la causa Nacho” puede ser “el darse cuenta” de que sólo hace falta encontrar peleas por las que pelear.
Epílogo: Réquiem para un sueño
Domingo de emociones mezcladas
La nachomanía hizo que el partido más convocante que el fútbol local pueda ofrecer, Libertad vs. Colegiales, fuera adelantado a las cinco de la tarde en lugar de jugarse a las nueve de la noche como estaba estipulado. Similar suerte tuvo el clásico del revitalizado básquet local, Estudiante vs. Ferro, que debía jugarse también el domingo a las nueve de la noche y fue adelantado para el sábado a la misma hora.
Desde las siete de la tarde colectivos atestados bajan pasajeros en inmediaciones de la costanera. Los patios cerveceros y demás negocios gastronómicos de la zona están repletos. Algo más de diez mil personas se congregan alrededor de un escenario, iluminadas por el fulgor de dos pantallas gigantes de televisión que transmiten en vivo y en directo los sucesos del programa de Buenos Aires. En la vereda una decena de puestos ambulantes ofrecen bebidas, panchos, choripanes y merchandising “no oficial” de Nacho Agostini. La multitud se agita cada vez que el concordiense aparece en escena. Cantan con él y, una vez que se sabe el resultado de la votación, lloran con él y su familia.
Lunes gris
Podría haber sido un domingo triste y melancólico más si no fuera porque Nacho quedó afuera del programa Operación Triunfo. Fue un domingo cuyo sabor amargo y esa vaga sensación de vacío perdura hasta el lunes y promete permanecer hasta bien entrada la semana; pero al menos, esta vez, buena parte de la ciudad entiende por qué.
Nacho Agostini quedó eliminado en las puertas de la gran final. Recorremos una veintena de negocios esa mañana y su cara está por todos lados en papel afiche. Todo el mundo habla de él. Alguna gente opina que es una lástima que no haya podido avanzar a la final pero consideran que es justo: “La gordita cantaba mejor”, reconocen. Otros se manifiestan indignados y sostienen que la producción del programa manipuló las líneas telefónicas para perjudicar al participante concordiense. Una almacenera está escuchando la AM local y nos señala: “Viste cómo llama la gente para quejarse de que dejaron afuera al chico. No puede ser que justo ahora pierda por tantos votos cuando siempre ganó y fue elegido cuatro veces favorito por el público”. Su sitio web también revienta de denuncias y mensajes de apoyo por parte de fans de todo el país.
Nadie es ajeno al tema. Toda la ciudad sabe de él. Pero paulatinamente los concordienses volveremos a estar dispersos, sin nada que nos reúna, cada uno peleando su solitaria pelea cotidiana. Todo parece estar volviendo a la normalidad. Casi una lástima.