Según se explica en la presentación del informe de la Universidad de St. Gallen, las élites son coaliciones dominantes que poseen la capacidad de coordinación más fuerte sobre los recursos clave de un país. Ejecutan los modelos de negocio de mayor impacto, que pueden crear o extraer valor.
“¿Pueden las naciones clasificarse según la calidad de sus élites?” se preguntan los académicos que realizaron el trabajo.
A la luz de los resultados, la situación Argentina parece explicarse mejor así, con este dato sobre la poca calificación de su élite económica, que cuando se presentan de forma aislada las cifras de la pobreza y otras ignominias que no dicen nada sino pueden ser comparadas con su antítesis, la acumulación de riquezas y el uso que hace de ellas un sector minúsculo de la sociedad.
El informe de la universidad sueca revela una élite que se caracteriza por el escaso compromiso con el bienestar común, la preponderancia de la ganancia rápida sobre la inversión sustentable, y los negocios particulares sobre los intereses nacionales.
Cristian Girard, Director Ejecutivo ARBA (Agencia de Reacudación de la Provincia de Buenos Aires) fue quién dio a conocer el informe en su cuenta de Twitter y dice que “Esencialmente, nuestra élite invierte en recursos naturales; en sectores oligopólicos; o bien en actividades reguladas, en las que ciertos gobiernos les conceden tarifas que les garantizan ganancias extraordinarias con inversiones mínimas. Al mismo tiempo, hay otro trabajo que ubica a Argentina en el 5to lugar en un ranking de países con mayor riqueza escondida en guaridas fiscales, con un total de depósitos que equivalen a cerca del 40% de la riqueza que produce el país en un año. El reducido grupo de poseedores de grandes fortunas que conforma la elite económica argentina se comporta de manera rentística, invierte poco en I+D (Investigación y Desarrollo) y fuga recursos de manera sistemática hacia cuentas bancarias ubicadas en países que son verdaderas guaridas fiscales. Cuando ese proceso de fuga se financia con deuda externa, inevitablemente el país termina quebrando, y esa minoría privilegiada busca repartir costos entre las pymes, la clase media y los trabajadores. En buena medida, de eso va el conflicto político actual en Argentina.”