Hacer frente a esta complejidad de dramas requiere de recursos. Hay consensos (el FMI, entre ellos), de que esos recursos deberían provenir de un impuesto a la riqueza y de todos los sectores económicos que han ganado inmoderadamente. La medida, como era de esperar, levantó una férrea oposición de los multimillonarios. Esgrimen la alta presión tributaria. Mito que han logrado instalar los voceros afines a la acumulación de los grandes grupos económicos y familias ricas, que muy lejos está de ser real.
Magdalena Rua, en un artículo publicado este domingo en el sitio periodístico “El cohete a la luna”, muestra datos que demuestran que la presión tributaria en Argentina está por debajo del promedio de los países “desarrollados” y que gran parte de la riqueza de las personas de alto patrimonio se encuentra en el exterior, de la cuál una porción de ésta podría no estar alcanzada por el fisco argentino.
En su análisis sostiene que, según información de AFIP, “en conjunto, las 14.440 personas de mayores fortunas de Argentina, poseían casi tres veces más bienes en el exterior que en el país. El dato es de 2017. A su vez, en el mismo año, los argentinos declararon bienes en el exterior por alrededor de 78 mil millones de dólares. Mientras que el INDEC estimó 266 mil millones de dólares de activos externos del sector privado no financiero para ese mismo año”.
Estos mismos personajes pretenden que el Estado pague los títulos de deuda que administran los grandes fondos de cobertura porque tienen parte de su fuga allí.
Una cosa esta clara: No va a ser fácil entenderse con la burguesía, porque eso pondría en juego no sólo las grandes fortunas, sino sus rentabilidades. Ayer, el presidente resaltó que la política es conflicto de intereses. Reconoce las dificultades que entraña un cambio profundo de modelo social, y está convencido de que éste no surgirá de un iluminado, sino de arraigar en la conciencia colectiva la idea de que otro modelo es posible y beneficioso para todos.
Qué bueno sería que nuestros ricos copien el ejemplo de Warren Buffett, que un artículo de opinión en el New York Times (14 de agosto de 2011) con el título: “Basta de mimar a los multimillonarios”, llamaba a hacer reales los “sacrificios compartidos” que exigía la situación de la economía americana y, por tanto, aumentar los impuestos a los multimillonarios como él. El llamamiento de Buffett en Estados Unidos fue acompañado de otros similares en Francia, Alemania e Italia. Todos basados en afrontar los dilemas éticos latentes en aquella situación. En Alemania se creó la organización “ricos por una tasa para los más ricos”. Su líder, Dieter Lehmkuhl, planteaba: “No necesitamos todo este dinero para vivir”. En el manifiesto inicial de la organización se afirmaba: “Queremos ser un ejemplo de cómo los pudientes se pueden comprometer más para la superación de la crisis económica y financiera”.
Alguien dijo: la pos-pandemia será como un período de pos-guerra. Encontraremos sólo escombros. Necesitamos un nuevo norte. Repensar el significado de nuestras vidas, nuestra forma de sociedad.
¡Pero Ojo! El capitalismo se reinventa. Necesitamos un capitalismo que su actividad económica, el éxito y las ganancias, no se vuelvan fines en sí mismo.