Lo primero que salta a la vista son trabajadores y trabajadoras sin aportes, sin obra social, sin protección previsional, poniendo día a día un plato de comida en la mesa familiar y para completar la subsistencia precaria acudiendo a un plan social, reiteradamente estigmatizados. De pronto ante la soledad del encierro se descubre que entre esos invisibles está el jardinero, el albañil, la doméstica, el diariero, la vendedora del pequeño kiosco, el remisero nocturno que recorre las calles durmiendo en el auto para ganar con mucha suerte unos pesos, que representan un par de kilos de carne, después de varias horas tras el volante. Todos y todas de golpe no están porque simple y sencillamente un virus los dejo en sus casas vaya a saber en qué condiciones…pero además ya no están disponibles para brindar el servicio y el vacío ruge en el silencio.
La escuela sin escuela, estudiantes que siendo niñes y jóvenes, no tienen acceso a la tecnología, aunque cronológicamente se los denomine nativos digitales, o milenian. Docentes que se encuentran en la misma situación de los y las estudiantes: sin computadora, sin internet, sin formación para la virtualidad. Grupos de WhatsApp de padres desorientados, invaden la vida privada, que en ese desorden no pueden y no manejan (a veces pecando por ignorancia) la escolaridad de los hijos e hijas.
Ancianos que no logran, no saben o no quieren saber cómo usar un cajero automático, viviendo solos, mientras sus familiares subsisten como pueden; pero que su magro ingreso jubilatorio ayuda a hijos e hijas, nietos y nietas con sus necesidades del momento.
Empresarios que han ganado y acumulado riquezas, propias y ajenas, sin pagar impuestos, con cuentas de miles de millones en paraísos fiscales, se niegan a absorber las pérdidas de un mes de baja en sus siderales ganancias.
Viajeros, aun sabiendo que debían quedarse en sus casas, insistieron en salir al exterior, o tomarse un fin de semana largo para quedar varados en aeropuertos o rutas por horas o días, reclamando al estado la repatriación.
Comerciantes de cercanía, intermediarios y distribuidores, aprovechando las migajas gubernamentales para el pueblo hambreado, que ellos intentan apropiar con sobreprecios a productos esenciales.
Rebeldes sin causa ni razón se resisten a quedarse en sus hogares, porque la rebeldía parece no tener edad ni cargos y menos explicación.
La realidad estalló en marzo, pero fue recorriendo un camino sinuoso a lo largo de los meses, sin disimulo ha desenmascarado todas o casi todas las miserias de la humanidad. La carrera por la concentración del poder y la riqueza ha llevado a un individualismo extremo, poniendo al descubierto que ha invadido todos y cada uno de los aspectos de la vida, casi nadie queda afuera.
El Covid19 parece haber llegado para derrumbar las bases del capitalismo, poniendo en jaque sus postulados. Hacia fines de este 2020, mientras parece que el neoliberalismo se recicla, el virus ha mutado y una nueva incertidumbre invade la vida de todas y todos. La vacuna apenas en proceso, a las apuradas, entrando en la carrera de quien la posee, parece ya estar quedando fuera del juego
¿Qué rol hemos jugado? Son tiempos de introspección. ¿En qué medida el accionar personal, está involucrado en algunas (u otras aquí no nombradas) de las miserias individualistas donde el otro-otra-otre, pudo haber resultado indiferente? No solo haber sido miserable por acción, también haberlo sido por omisión, por aquello que se pudo o debió hacer y por diversas razones no se hizo.
La comodidad, la indiferencia, el note metas, no es mi problema, nadie se dará cuenta, todas han sido posibles explicaciones, pero este golpe al individualismo ha demostrado, que ninguna de estas respuestas libera del ataque y las consecuencias del virus.
Tal vez el Covid19 sea solo una herramienta, lo realmente importante que está sucediendo es que finalmente el espejo ha mostrado la debilidad de la especie, asumiéndose como parte de la naturaleza y no dueños o dueñas de ella. Solas y solos, no es posible sobrevivir.
Vienen nuevos tiempos, las crisis pueden ser de crecimiento, o de retroceso, pero lo que siempre son es de fin…algo se termina en estos días de cuarentena y pandemia, algo que debería analizarse profundamente, para que la crisis sea de crecimiento y resurgimiento de la humanidad en toda su complejidad y simpleza. ¡El 2021 espera!
Lic. Verónica López
Tekoá Cooperativa de Trabajo para la Educación