Nada dicen tampoco de la eliminación de retenciones para economías regionales carne ovina y caprina, curtiembres, huevos, acuicultura, apicultura, alimentos hortícolas en general, hongos, olivos y maíz dulce; frutos secos, frutas tropicales, cítricos, uvas y pasas de uva, frutas de carozo, frutas finas, peras y manzanas, yerba mate, semillas, quinoa, especias, alfalfa, alimentos en base a frutas, jugos de frutas y aceites y esencias de cítricos.
El trasfondo de los dirigentes políticos que se entusiasman con un nuevo intento de horadar todo intento de regular desde el Estado las condiciones económicas que rigen a la sociedad es precisamente ese. Volver sobre el anquilosado relato de la clase dominante oligárquica que busca hacer creer que liberalizar toda la economía generará trabajo y prosperidad. Es precisamente la misma “receta” que fracasó en los 90, que finalizó en el remate de muchos campos de pequeños productores a manos de los grandes; que introdujo un paquete tecnológico de producción transgénica y trasnacional que erosiona el suelo, envenena el medio ambiente y ata más a la Argentina a la dependencia y que con el macrismo empujó sobre las góndolas el precio de los alimentos y presionó sobre la inflación al descontrolar las importaciones por falta de insumos.
Aquí no hay ningún paro. Lo que hay es un lock out y aquí la clase trabajadora no se va a equivocar. Aquí lo que hay que discutir no son los titulares de una dirigencia política trasnochada. Lo que debemos discutir es como lograr la soberanía alimentaria, la distribución de la riqueza con desarrollo para todos y el pan para todos sobre la mesa bajo una crisis mundial con pandemia. Y si algo ha demostrado esta crisis es que no hay vida sin un Estado presente que ordene, regule, priorice y reconstruya con centralidad en el ser humano ante la destrucción del virus del neoliberalismo.
Y en esto las trabajadoras y trabajadores no nos vamos a equivocar.
La CTA de les Trabajadores repudia esta medida por obscena, antisolidaria y corporativa