Gladis Benítez, referente del área Vacunación del hospital Masvernat, cuenta dos episodios de inseguridad sucedido el martes pasado. Junto con otras enfermeras, Gladis recorre a toda hora la ciudad vacunando a los adultos mayores contra la gripe, dado que no es recomendable que salgan de sus domicilios por la cuarentena obligatoria.
En medio de esa tarea se dieron cuenta de que había muchos carnets de vacunación incompletos. Las madres, al ser interrogadas, dicen que no sabían que en los centros de salud la vacunación no se interrumpió en ningún momento. En consecuencia, decidieron actuar y salir a buscar a los chicos que no habían podido ir a los centros de salud en los barrios más necesitados.
El martes de mañana Gladis iba por la vereda junto a una compañera recorriendo el asentamiento Isla Maciel, un barrio ubicado al norte de avenida Presidente Illía, ex Ruta 4, al que se accede por calle Diamante. De repente: “un motochorro se sube a la vereda de golpe e intenta sacarme el celular de la mano justo cuando lo había sacado”, dijo. No alcanzó a arrebatárselo. “Me tiró la moto de costado, como medio encima, y después siguió. Me raspó con los dedos y quedó: lo dejamos pasar”, dijo. Fue un susto y nada más.
A la tarde decidió seguir la recorrida con otra compañera en un móvil de la municipalidad. A manera de prevención, optaron por dejar todos los elementos de valor en la camioneta y se fueron sin nada encima. Comenzaron a recorrer al asentamiento Sarmiento, vacunando a muchos menores.
Puntualmente, estaban en la zona de Avenida Presidente Illía y Vera Peñaloza, donde hay un arroyito encauzado y las casas son precarias, de costaneros, cuando comenzó a oscurecer. “El móvil no nos puede seguir porque son todas callecitas. Cortaditas. Pero siempre nos va siguiendo de cerca”, dijo.
Cuando salieron de una vivienda, Gladis salió con su compañera y fueron apurando el paso porque se hacía de noche. En ese momento, aparecieron dos chicos. “Dos flacos que estaban con cubrebocas. La agarran del cuello, como que la abrazan, y le ponen un cuchillo en la cintura y me empujan a mí contra un cerco”, remarcó. “Nos pedían ‘los celulares, los celulares’. Le decía: ‘no tenemos nada’. Nos palparon y salieron corriendo. La gente miraba, como que sabían que nos estaban por asaltar. Fue toda una cosas así, de un segundo, y gracias a Dios nosotros no reaccionamos distinto ni ellos tampoco”, dijo.
Las mujeres optaron por no hacer la denuncia. “Subí a la camioneta y luego le informé a mis superiores. En ese momento, dijimos ‘vamos a parar’, ‘a ver como salimos después’. Y en estos días de lluvia no pudimos salir. El martes ya volveremos a retomar las actividades y ya veremos con el acompañamiento de un hombre, de una persona”, sostuvo. “La gente nos necesita porque no solo estamos intentando cubrir con la antigripal. Al estar atrasado los chiquitos pueden llegar a tener otras enfermedades que ya estaban controladas”, dijo. “Hace añares que recorro y nunca me había pasado esto”, dijo.
No es la primera vez que sucede este tipo de hechos. Hay que retroceder 16 años, cruzar la avenida y recorrer 800 metros en dirección noreste. En la Escuela Primaria N° 71 ‘Independencia’ el 7 de mayo de 2006, un ladrón de 17 años asaltó a una docente de Educación Física con un cuchillo delante de sus alumnos. Las docentes reclamaron en ese momento la construcción de un muro perimetral que aísle el playón del barrio para resguardarse de la inseguridad exterior.
Pero el muro solo deja a los problemas afuera aunque a veces también ingresan. A seis cuadras del lugar donde fue asaltada Gladis se encuentra la escuela primaria N° 74. En noviembre del año pasado, en la escuela decidieron paralizar las clases por problemas edilicios pero además por falta de seguridad. En la asamblea donde se tomó la decisión mencionaron que el problema son los robos a la escuela y en los alrededores. En una oportunidad, en el horario de ingreso, se encontraron con que había gente en los techos armada que se estaba llevando cables de energía eléctrica. Por ello, invitaron al Jefe de Policía, Jorge Cancio, y el titular de la Comisaría que tiene jurisdicción en esa zona.
¿Cuál es la solución? ¿Ir a vacunar escoltados con un policía? Es lo mismo que poner un policía en la puerta de la escuela, solo corre más allá una problemática que no se termina en el acceso a la institución educativa. De hecho, Benítez dijo que cuando van con la policía no tienen la misma facilidad para acceder a los hogares. “Cuando vamos solos, la gente nos espera, nos abre las puertas de sus casas”, indicó. Por ello, sostuvo que irán a los barrios con un referente comunal.
Quienes habitan en esas zonas deben convivir diariamente no solo con la inseguridad sino además con la imposibilidad de acceder a una mínima contención sanitaria en medio de una pandemia a escala planetaria.
Por ende, la importancia de que el Estado genere las condiciones de redistribución de la riqueza para garantizar el acceso a la salud, mediante la vacunación entre otras tareas, a la educación, estableciendo las condiciones de seguridad mínimas laborales para los docentes y a los alumnos, la recoinversión de planes sociales y su integración a las cadenas productivas para garantizar el crecimiento económico. Es la única forma de romper el núcleo duro de la pobreza y exclusión. Para que en el futuro no vuelva a ser noticia nuevamente que una docente o una enfermera son asaltadas por hacer su trabajo que es, ni más ni menos, que el Estado este presente para ayudar a los mas sectores desfavorecidos de la sociedad. No obstante, no sera un esfuerzo sencillo teniendo en cuenta el estrago financiero que dejará la cuarentena que aun no terminó ni se sabe cuando lo hará.
Autor: Guillermo Coduri