Los hechos se desarrollaron en el partido final del torneo de la Liga de Futbol de Chajari, entre los representativos de Social Federación y Frontera (de San Jaime) el 28 de diciembre de 2003. Allí, se comenzaron a producir disturbios, con parte de las hinchadas ingresando al campo de juego. La policía, en su afán de preservar el orden, trataba de controlar a los hinchas, y en ese contexto, se produce uno o más disparos. Uno de ellos impacta sobre la cara de Javier Ferreyra, seguidor de Social Federación, quien terminó con heridas de perdigones de escopeta tipo itaca, que con el tiempo determinaron que quedara ciego.
“Había dos personas imputadas”, señaló Briceños en declaraciones recogidas por DIARIOJUNIO. “Uno fue sobreseído por el Juzgado de Instrucción de Chajari y luego se elevó la causa acá (a Concordia) hace aproximadamente un año y medio para la etapa de debate. Es una causa extensísima, de más de 1400 fojas, en la que yo asumí, explicándole a mi cliente (Sauza) la mala situación que él atravesaba. Había pruebas que lo señalaban a él como autor de los disparos y númerosos testimonios. Llegamos a la audiencia y el primer día nos encontramos que no había ni un solo testigo que lo señalara.”, contó. “Había incluso un testigo que dijo (en la etapa de Instrucción de la causa) que vio a quien había tirado, pero luego en el debate, reconoció que no lo había visto, sino que como escuchó a gente de la tribuna gritando “Sauza, Sauza” (el policía acusado) pensó que era él”, detalló. “Desde la lógica, las reglas de la psicología, del sentido común o de la razón, hay que concluir que si una persona ve que a otra le disparan un escopetazo a menos de tres metros, no se olvida mas en toda la vida. Partiendo de esa base, si los testigos no recordaban luego los hechos en el debate, se impone una conclusión: no vieron los hechos, no los vivieron”, presumió. “En base a eso, el tribunal lo absuelve (a Sauza) hace unos quince días”, confirmó.
Más de 40 testigos pasaron por la causa y “nunca nadie pudo sostener en la audiencia que vieron quien disparó”, dijo Briceños, quien detalló que su defendido es sindicado en la causa como autor del disparo porque “no estaba armado, pero va a auxiliar a un compañero que estaba siendo golpeado en el suelo y le quería quitar la escopeta, y reconoce que toma esa escopeta y efectúa unos disparos al aire y en una zona distante a donde se sucedieron los hechos.” Según la causa, el joven Ferreyra estaba intentando entrar a la cancha o volver a la tribuna. “Yo me inclino por pensar que estaba intentando entrar (a la cancha) porque estaba de frente”, señaló el abogado. “Aunque no me lo dijeron nunca, yo creo que la familia (de la víctima) o los abogados de ellos, se convencieron de que no era Sauza”, estimó.
Si bien el profesional ya se desvinculó del caso, consultado sobre cómo puede seguir el mismo de aquí en adelante, dijo que “yo pienso que está plenamente acreditado que los únicos que portaban itacas con balas antitumultos era el personal policial. Consecuentemente, creo que la responsabilidad del Estado, desde el punto de vista civil, está acreditada. Acá no hay dudas de que los proyectiles partieron de la policía”. “Soy un convencido de que el Estado debe resarcirlo al joven por la incapacidad total y el daño moral” apuntó.
“No se hacen las cosas como debieran hacerse”, opinó Briceños. “En un espectáculo de futbol no podes llamar a 50 personas a declarar. Una causa no puede demorar siete años. Hay que instruirla en ocho o diez meses como mucho.”, estimó. “La etapa de instrucción demoró casi cuatro años” contó. “Y esto hace que se pierda el sentido de la sanción, el sentido de la pena. Los testigos no pueden recordar cosas finas, delicadas. Se plantean una serie de inconvenientes y todo atenta contra la investigación”, reflexionó.
Inquirido sobre las responsabilidades que le caben a la Justicia por las falencias en la instrucción (como él menciona), prefirió no opinar al respecto. “Pero a mi criterio, se prolongó injustificadamente. No hay justificación para un proceso de cuarto años por unas lesiones gravísimas. Porque no era preciso llamar a todos los que estaban en la cancha. ¿Para qué voy a llamar al director técnico o al presidente del club? Se debe hacer una selección. En todo caso hay que llamar al árbitro, jueces de línea o al cuarto árbitro. Se llamó al árbrito, si, pero al resto no.”, puntualizó.