El mismo día en que fue descubierto el cadáver de la víctima se llevaron a cabo dos allanamientos en el barrio San Miguel I, en dos viviendas linderas. En una de ellas vive una mujer casada que había trabado una relación sentimental con la víctima y en la otra familiares. De inmediato, la explicación que se barajó de parte de los investigadores era la de un hecho pasional y es la misma línea investigativa que se sigue en la actualidad.
Lo que sucede es que los fiscales que investigan esperan los resultados de varias pericias ordenadas en distintos elementos secuestrados, entre ellas pruebas de ADN, que se desconocen por el sigilo con que se lleva a cabo la investigación. Obviamente, los exámenes llevan tiempo pero se descuenta que, una vez conocidos los resultados, habrá algún giro en la causa tendiente al esclarecimiento del asesinato. Además los investigadores judiciales habrían relevado declaraciones testimoniales que no trascienden por el secreto de sumario.
El 19 de noviembre por la mañana, a las 9:10, en un domicilio ubicado cerca de la esquina de calles Lamadrid y Tucumán, fue hallado sin vida y con varias heridas de arma blanca Pablo Javier Benítez. El cuerpo de la víctima fue hallado por su padre, Santos Benítez de 75 años, quien iba acompañado por su hijo Pedro debido a que no atendía el teléfono. Ambos viven a la vuelta y entraron con una llave que tenía el hermano.
No había signos de violencia en la cerradura. Al entrar en la cocina encontraron el cuerpo con varias heridas cortantes en el brazo y una importante en el cuello, la que seguramente le provocó la muerte. Según fuentes con acceso a la causa, había fallecido hace varias horas al momento del descubrimiento.