En las escuelas sienten que el Covid 19 está al acecho

En el Profesorado de la escuela Normal se conformaron burbujas de 30 alumnos.

‘Realmente se debería parar’

Patricia Benítez, docente de la escuela primaria de Colonia Roca y delegada gremial, expresó que el martes se encontraba aislada en la casa porque una docente dio positivo. El viernes pasado estuvieron todos los docentes compartiendo la misma aula dado que estaban limpiando la escuela. El lunes suspendieron las clases y once docentes quedaron aisladas, trabajando en forma virtual. Y ayer martes esperaba en su domicilio para ser monitoreada con un médico del COES (Comité de Emergencia Sanitario). Benítez explicó que debe estar encerrada en una habitación porque tiene familia y procura no contagiarlos.

“Hasta que no te toca, no pensás pero cuando realmente le toca a un compañero y ves que está muy mal, ahí todo el mundo se preocupa y dice ‘hay que tomar medidas’. Se debería cerrar unos días para parar la circulación de todo esto”, reflexionó la docente. En las escuelas se comienza a nombrar a un ‘referente COES’. Se trata de un docente que lleva las estadísticas de quienes se enferman.

“Aquí el que está sosteniendo la presencialidad es el maestro con su cuerpo y su salud”, dijo. Y aclaró que no está en contra de la presencialidad en sí sino de la circulación que representan las clases. “Al ir a la escuela se mueve transporte, alumnos, docentes, padres. “Es toda una circulación que debería parar porque los chicos no pierden, trabajan desde la virtualidad”, dijo. Y si bien admite que el maestro no se puede reemplazar con nada, recalcó que es importante parar en este momento. “No es capricho, es por salud”, sostuvo.

En la escuela trabajan con burbujas de 10 o 15 alumnos. “Cuando bajan del colectivo, si tienen fiebre, no los dejamos entrar”, expresó. En la escuela hay termómetro, alcohol, higiene, las ordenanzas limpian todo, etc. Pero hay tres turnos en la misma escuela que funcionan con una sola ordenanza. “Es una locura”, dijo. Además, a veces, los estudiantes se sacan los barbijos y los maestros tienen que andar atrás diciéndoles que no se los bajen.

Al comenzar la clase, el maestro debe desinfectar con una rejilla embebida en alcohol banco por banco. “Es como estar preso en un aula. Cuando toca el timbre, primero sale primer ciclo unos minutos, después entran; sale segundo ciclo. Los chicos están quietitos en un lugar, les damos, van al baño se los desinfecta, vuelven del baño y se los desinfecta. Todo el día con esa tensión de los niños y de nosotros los grandes”, dijo.

“Van a empezarse a contagiar muchos maestros. No estamos vacunados y eso creo que ha sido uno de los grandes errores. Empezar la presencialidad sin estar vacunados. La docencia entera está teniendo contagio de Covid con una obra social que ya sabemos cómo funciona”, recalcó Benítez. Y explicó que, en ocasiones, cuando un docente se enferma se recarga a otro con los alumnos del primero. “Es una exigencia muy grande para el docente”, acotó.

Dentro de la escuela, la docente remarcó que se cumple con los insumos que cuentan que no son muchos dada la escasez de los insumos que llegan. “Lamento que el gobernador que es maestro se ensañe con los docentes en lo salarial y en las condiciones laborales. Se debería parar porque esto va a ser un caos”, sostuvo. “Las medidas del Presidente se las guardan en el bolsillo”, dijo Benítez.

Clases debajo de un árbol

Alejandro Marcone es director de la escuela secundaria Nª 20 “Simón Bolívar” ubicada en la localidad de Estancia Grande. Al estar situada lejos de la zona céntrica, en un entorno rural, la situación es ideal. Estancia Grande tuvo pocos casos de Covid 19.  “Hasta ahora vamos bien. “No hemos tenido ningún caso de aislamiento, no hubo que aislar a ninguna burbuja ni nada de eso”, señaló.

“Los chicos vienen semana de por medio”, dijo. El protocolo se respeta en cuanto a limpiar diariamente las mesas con alcohol, lavar los pisos con lavandina, 15 alumnos como máximo por aula, etc. Además, remarcó que los alumnos (300 a la mañana y 100 a la noche mayormente adultos) se han adaptado muy bien a los protocolos, sin dificultad. Asimismo, se suspendió el comedor escolar y se entregan módulos alimenticios.

El horario de la secundaria se acortó en una hora. Las clases se terminan a las 11 de la mañana. Queda un lapso de dos horas para ventilar y pasar lavandina en los pisos y alcohol en bancos y sillas (además de limpiar profundamente los baños) antes de que lleguen los alumnos de la primaria.

Los alumnos debieron modificar algunas costumbres de toda la vida como venir con el mate al aula. La infusión está prohibida. Además, se debieron adaptar las condiciones del transporte: las combis solo transportar el 50 % de su capacidad máxima, con alcohol en gel a bordo y desinfectando las unidades diariamente.

“Las aulas tienen que tener puertas y ventanas abiertas. El profesor que prefiere puede dictar clases afuera también: acá tenemos espacio. Es una escuela con muchísimo espacio alrededor: más de una hectárea”, dijo Marcone. ¿Muchos optan por dar clases en el exterior? “Acá se usa eso bastante, dar clases debajo de los árboles”, respondió. Las dudas surgen respecto de cómo dar clases en invierno con puertas y ventanas abiertas. Marcone sostuvo que están en una zona de descampado donde suele hacer mucho frío. “¿Cómo vamos a hacer para estar con las puertas y ventanas abiertas? Vamos a ver”, admitió.

Para el director, lo más preocupante es que se detuvo el proceso de vacunación a los docentes. “Hace un mes que no se vacuna a ningún docente en el departamento”, dijo. En la escuela ninguno de los más de 60 docentes que trabajan fue inmunizado contra el Covid 19. Y hay algunos de más de 50 años, como Marcone, que no pertenecen a los grupos de riesgo (los que son de riesgo no van y dan clases a distancia ayudados por los preceptores o tienen suplentes) pero continúan trabajando. “Estamos arriesgando: necesitamos que nos vacunen”, dijo.

Alumnos que conviven con sus abuelos

Juan Carlos Rodríguez es docente de la escuela secundaria N° 32 “Osvaldo Magnasco”.  Magnasco está a 12 kilómetros de la zona céntrica de Concordia. Rodríguez sostuvo que sus pobladores están alejados de la ciudad. En consecuencia: “el peligro somos nosotros, los que vamos de Concordia a Magnasco los que podemos llevar el virus”. Por ello llevan tapabocas, alcohol en gel en la mochila, etc.

En el establecimiento se preocupan por cuidar a los estudiantes e, indirectamente, a sus familias. “Muchos de los estudiantes viven o conviven con personas mayores. Ya sea los abuelos. De hecho, muchos de los abuelos son tutores de los chicos. O viven en la misma casa o muy juntos en el mismo terreno”, señaló. Además, hay familiares hipertensos y diabéticos. Incluso hasta casos de tuberculosis. En consecuencia, si se contagia un estudiante, seguramente se va a contagiar alguna persona mayor.

Rodríguez dijo que el inicio de clases se atrasó un poco debido a que faltaban elementos de higiene: no funcionaban los baños. Y los ventiladores no andaban. No obstante, pudieron resolver esas situaciones y comenzó el ciclo lectivo para los 210 alumnos que se reparten en tres turnos: mañana, tarde y noche.

Hasta el momento, no tuvieron mayores sobresaltos, excepto el aislamiento de un grupo porque uno de los estudiantes fue contacto estrecho de un caso confirmado de Covid 19. La burbuja fue aislada por una semana, pero el análisis fue negativo. Y otro caso de un docente que debió aislarse, pero por un caso sucedido en otra escuela.

Al igual que en Estancia Grande, algunas costumbres se suprimieron. “Teníamos el hábito de compartir el mate y nos costó bastante acomodarnos a eso. Antes los chicos iban siempre con mate”, dijo Rodríguez.

En las aulas se recomienda la ventilación cruzada: puertas y ventanas abiertas. Pero en algunas aulas las ventanas no abren muy bien. “Pero bueno, una parte se abre”, dijo. Las burbujas son de 10 u 11 alumnos lo que permite que se mantengan las distancias en el aula. Rodríguez admitió que cuando llegue el frío mantener las ventanas abiertas va a ser complicado. “Estamos en una zona carenciada. Tenemos que exigirles que vayan bien abrigados”, señaló. Al menos no tuvieron problemas, tal como en otros años, con el suministro de agua. “Departamental nos arregló el tanque de agua y funciona”, señaló.

Sin certificados de ‘contacto estrecho’

Gerardo Pozzi es docente de la escuela secundaria N° 11 “Esteban Zorraquín” de Villa Zorraquín. La escuela tiene una matrícula de 420 estudiantes divididos en cuatro burbujas de 120 alumnos. Los docentes desde el año pasado que vienen monitoreando la situacion edilicia. Se encontraron con que los baños no estaban en condiciones. Además, había inconvenientes con un alero donde anidaban muchas palomas. El alero estaba por encima de los ventanales de varias aulas. Por ende, no podían abrir para mantener la ventilación cruzada ya que entraban las plumas y los excrementos de los pájaros. Paso todo el año, comenzó el 2021, llegó febrero y la situacion seguía siendo la misma. No obstante, en marzo se pusieron en condiciones los baños y en abril se terminó la obra del alero.

Las clases comenzaron en abril. Los estudiantes concurren con barbijos y la distancia se respeta dentro del aula: en los recreos es más difícil controlarlos. Los ingresos y los recreos son escalonados: solo salen al patio tres divisiones. “Nunca hay más de 45 alumnos en el patio”, dijo. No obstante, solo hay una ordenanza por turno para la limpieza. Si se enferma, no hay quien limpie y se debe suspender ese turno. “Está muy ajustado: no tenemos mucho margen de error”.

No obstante, hubo un caso positivo de un estudiante en abril. “Se empezó a sentirse mal hacia la noche, comenzó con los síntomas”, dijo Pozzi. Por ende, debieron aislarse los docentes y a los restantes estudiantes que conformaban la burbuja. Más adelante, se confirmó que era un caso de Covid 19. De acuerdo a los que señalan los protocolos (Resolución N° 386 del CGE) que establecen que todo personal o estudiante que permanezca en contacto en una burbuja dando clases es contacto estrecho y deben aislarse por 14 días.

El problema fue conseguir un certificado de contacto estrecho. La escuela no lo puede emitir. En el centro de salud de Villa Zorraquín se negaron a confeccionar y les dijeron que los docentes afectados no eran contacto estrecho. “Las autoridades de salud se contradecían con lo que dice el protocolo”, dijo. De hecho, desde la Dirección Departamental de Escuelas les aseguraban que el docente no era contacto estrecho y debía reintegrarse a sus funciones. “Tuvimos ahí un entredicho; pasamos un momento difícil”, señaló. Es que cada docente de secundaria tiene horas en cuatro o cinco escuelas. “No era solo una cuestión de nuestra escuela sino de todas”, señaló. Por suerte, señaló el docente, en las escuelas entendieron el inconveniente y no les exigieron que vuelvan a trabajar

También se contactaron con el gremio para que los ayudasen. El problema se mantiene en la actualidad porque no saben quién debe otorgarles el certificado. “Esperemos que en estos días eso se solucione”, dijo Pozzi.

Burbujas de 30 alumnos

María José Chapitel, delegada docente del Profesorado de la escuela Normal, relató que las burbujas que se conformaron para dictar clases en el primer año del Profesorado de Inglés es muy grande. Son 60 alumnos divididos en dos burbujas de 30 alumnos. “Si bien tienen un espacio grande para poder trabajar, en el salón de actos, donde hay posibilidad de mantener un distanciamiento, son burbujas de 35 personas”, dijo. Al menos, hasta la fecha no tuvieron casos de burbujas aisladas hasta la fecha.

El problema estriba en que no se puede bajar al mínimo la circulación de gente en el resto de la escuela. “Al funcionar todos los profesorados juntos y en el mismo horario, la circulación de gente es mucha al momento de salir del aula en el momento de la entrada, la salida y el recreo. Los pasillos de la escuela son angostos”, dijo Chapitel.

Además, en algunas aulas, las celosías están trabadas y las ventanas se abren a medias. Y el flujo de agua en el último turno es insuficiente en los baños. “No pasa todos los días, en algunas ocasiones”, dijo Chapitel. Asimismo, recalcó que el horario sigue siendo el mismo casi sin variaciones: solo se redujo 20 minutos al ingreso, de 17:40 a 18, y se pueden retirar a las 22, antes era 22:20. Eso no les deja tiempo a los docentes para trabajar con el grupo que esa semana no concurre y recibe clases por Internet.

 

Informe: Guillermo Coduri

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