Los números oficiales provenientes de la Policía de Entre Ríos revelan que en enero se produjeron 49 colisiones y vuelcos (1,5 por día), en febrero 41 (1,4), en marzo 38 (1,2), en abril 41 (1,3), y en mayo 48 (1,5). Cifras bastantes parecidas a las de lesionados leves o graves: en enero hubo 49 lesionados -12 graves y 37 leves- (1,5 por día), en febrero 46 -4 graves y 42 leves- (1,6), en marzo 35 -4 graves y 31 leves- (1,1), en abril 43 -5 graves y 38 leves- (1,4) y en mayo 51 -11 graves y 41 leves- (1,6).
Otros números muestran como las motos prácticamente igualan a los autos en cuanto a la participación en los accidentes. Por ejemplo, en enero se accidentaron 33 motos y 34 autos, en febrero 26 motos y 28 autos, en marzo 27 autos y motos por igual, en abril 22 motos y 30 autos y en mayo 36 motos y 52 autos. Respecto del tipo de colisión es amplia la diferencia que separa el ítem choque entre auto/moto que entre autos o motos por separado. En enero hubo 5 colisiones entre auto/auto, 27 entre moto/auto y 4 entre moto/moto. En febrero: 12 a/a, 21 a/m y 4 m/m, en marzo: 9 a/a, 21 a/m y 2 m/m, en abril 12 a/a, 23 a/m y 4 a/a y en mayo 13 a/a, 30 a/m y 3 m/m.
Respecto de los fallecidos en accidentes, los números marcan que hubo 1 en enero, 3 en febrero, 3 en marzo, ninguno en abril y 1 en mayo: 1,6 por mes. En cambio, “Luchemos por la Vida” estableció para Entre Ríos 309 para 2013 lo que equivale a 25 víctimas fatales cada 30 días. En toda la Argentina, según la misma fuente, pierden la vida 22 personas por día. “Cada hora que pasa, un argentino pierde la vida por un accidente”, dijo Gasparini. Pero “a la política no le gusta decir que hay muertos, son de tapar ese problema”.
Las causas
El capacitador de “Luchemos” aseguró que, cuando se analiza un accidente, se llega a la conclusión que el 85 % de las causas se originan en fallas humanas. Siendo más específicos, explicó que la primera causa es el exceso de velocidad, la segunda el consumo de alcohol y la tercera la falta de uso del cinturón de seguridad.
Gasparini explicó que, cuando se refiere a exceso de velocidad, no se refiere únicamente a las velocidades superiores a los 150 km/h que algunos conductores desarrollan en las autopistas. “Ir en una calle a 50 km/h es un exceso porque la máxima son 40 km/h por ley y 60 km/h en las avenidas”, indicó.
El mejor ejemplo son los innumerables despistes y vuelcos que se produjeron en cercanías a Concordia. En la autovía 14 el límite de velocidad es de 110 km/h, 120 o 130, dependiendo de la zona. “Si van a 150 ya están superando la máxima y al tomar una curva se olvidan que hay que bajar la velocidad porque debe haber poca gente que doble a 150. Hoy cualquier auto 1.4 (cc) anda a 160 fácil o 180 como nada”, dijo.
“Pedimos autopistas porque las rutas doble mano son un peligro, que hay muchos choques por sobrepaso y estoy de acuerdo. Pero se hace una autopista nueva, impecable, marcada y después nos matamos por exceso de velocidad”, indicó. Por lo tanto, concluyó que el problema no son los autos ni las rutas. “Ya vemos que con buenos autos y buenas autopistas no solucionamos el problema: el problema es el conductor”, señaló.
En ese sentido, reafirmó que las velocidades máximas fueron establecidas para respetar la vida. “Cuando a la gente le pide que vaya a 20 (km/h) porque están arreglando o repavimentando, no le piden para joderlo; le piden 20 para que no se mate porque en una situación en que aparece un imprevisto, se mata por la velocidad a la que va. Se mata es una forma de decir, por ahí se desbarranca o choca pero todo esto es desagradable”, señaló.
Respecto de la segunda causa, el consumo de alcohol, manifestó que deriva en la circulación a alta velocidad. Y que la gente debe saber como la afecta la ingesta de bebidas alcohólicas: demora el proceso de toma de decisiones. “Manejando un auto, si uno demora más en reaccionar porque tomó, la posibilidad de choque es mucho mayor”, concluyó. ¿Cuánto alcohol se puede tomar? Muy poco porque una sola copa de vino ya genera efecto. “Hay que educar a la gente porque la mayoría cree que maneja mejor tomando alcohol”, señaló.
La tercera causa es la falta de uso del cinturón de seguridad. Gasparini dijo que es muy común en el interior. “No tanto en la Capital Federal y no porque los porteños sean más buenos sino porque los controlan más”, dijo. En Capital está mucho más presente la ANSV (Agencia Nacional de Seguridad Vial) que en el interior, donde el control queda restringido a municipalidades (como el caso de Concordia) o a las policías de provincia.
Para controlar, se necesita invertir. La velocidad se controla con un radar, con el alcoholímetro la ingesta de vino, cerveza, whisky, etc, el cinturón a simple vista pero para ello se necesitan policías o agentes de tránsito. Gasparini que no es un gasto oneroso si se compara lo que le cuesta al Estado una persona accidentada. “Hay que evitar el accidente. Una vez que pasó ya no tiene arreglo y una familia que se le muere alguien en un accidente le arruina la vida para siempre”, indicó.
El incremento de la participación de motos en los accidentes también fue materia de reflexión. El capacitador remarcó que un motociclista que circula sin casco debe ser detenido inmediatamente. Ya sea por un choque o por una caída, “quien se mata es la persona” y los que sufren son sus familiares. Y en vez de enojarse con los agentes que los paran cuando realizan controles, tildándolos de “atorrantes” o de que “no tienen nada que hacer”, hay que respetarlos acatando sus indicaciones.
Concientizar es la clave
Gasparini no sólo apunta a llevar a cabo charlas en los colegios secundarios sino capacitar permanentemente a quienes renueven el carnet. En el ámbito privado, Gasparini dijo: “cuando las empresas andan bien, venden bien, piden charlas de seguridad para el personal. Un empleado que muere o queda con sus capacidades disminuidas son pérdidas graves para las empresas. Pero ni bien empieza la malaria, no se vende bien o hay problemas con el dólar, lo primero que recortan son las charlas”, indicó.
Consultado sobre si ha tenido oportunidad de dictar una charla en Concordia, el capacitador respondió que nunca fue invitado. “He estado en Concepción del Uruguay, en San José, Colón, Villa Elisa, pero no he llegado nunca a Concordia. Nos tienen que invitar; nos gustaría dar una charla en los colegios especialmente con los chicos que van a sacar su primer registro a los 17 y que ya están subiéndose a una moto y se parten la cabeza en cualquier esquina porque no saben ni manejar la moto. Creen que es una bicicleta con motor y no es así”, sostuvo.
Y a ello añadió que, antes de invertir, se deben realizar estadísticas para saber si se mejora o no el tránsito con el correr del tiempo. “Si en Concordia quieren hacer un trabajo sobre seguridad vial, tienen que saber como están parados con la cantidad de accidentes, cantidad de muertos y de heridos. Y a partir de ahí hacer un plan. Y el año que viene medir otra vez para saber si el plan funcionó. Porque sino ¿qué estamos haciendo? Sin los números nunca se sabe si se va bien o mal”, sostuvo.
En cambio, en la Dirección de Tránsito no hay mucho desvelo mucho por las estadísticas. Un informe con sugerencias elaborado por un especialista policial en accidentología vial que detallaba cuales son las esquinas más peligrosas de la ciudad -en base a la cantidad de accidentes registrados en un año calendario- y que recomendaciones podían adoptarse para mejorar la seguridad vial fue a parar al cajón de un escritorio.