
En lo que va de 2021, la clase media encogió y mucho: de representar 52% de la población, cayó a 47,4%. Es decir, más de 5 millones de personas dejaron de usufructuar del consumo y pasaron a vivir precariamente.
En el extremo opuesto, se agrandó la cantidad de super ricos, con fortunas expresadas en miles de millones de dólares. Otros 20 brasileños entraron en la última lista Forbes de los más acaudalados del mundo. Ahora, suman 67 los famosos de Brasil cuyos nombres publica la revista norteamericana; y se estima que, en conjunto, poseen 217.000 millones de dólares, el doble del año pasado.
¿Las consecuencias de estas asimetrías? La respuesta la dio otra investigación: los brasileños acumulan más emociones negativas. Hay más rabia, más estrés y más tristeza; y todos esos sentimientos son abonados por la enorme cantidad de fallecidos por el coronavirus, que deberá alcanzar la próxima semana el medio millón de víctimas fatales.
Un estudio conducido por el economista Marcelo Neri, ex ministro de Asuntos Estratégicos durante el gobierno de Dilma Rousseff, es conclusivo: “La pandemia aumentó la desigualdad de los ingresos en niveles récord, disminuyó el salario y dejó a los brasileños mas infelices”. Publicado por la Fundación Getulio Vargas, el dossier señala que “la pandemia es un choque global; pero afectó más a Brasil”. Según Neri, “hay una correlación entre la felicidad y el dinero e el bolsillo. Y esta relación es más fuerte en países pobres que en países ricos”.
El economista recuerda que la distancia de ingresos, entre pobres vs ricos, es ahora de 25,5%: “En 2019, o sea en la pre pandemia, la diferencia era menor, de 7,9%”.
El presidente Jair Bolsonaro, en cambio, está más que preocupado por la influencia negativa que el hambre de los brasileños pueda tener sobre las presidenciales de octubre de 2022, donde aspira a reelegirse para otro mandato.