Cuando terminaron de comer, a eso de las 10, en La Haya recién oscurecía. A pocos días de que comience el verano boreal, sin embargo, la temperatura no superó en todo el día los 15 grados. La capital del Reino de Holanda tiene medio millón de habitantes, que en su mayoría vive de la administración pública o de la actividad diplomática. La embajada argentina es sólo una de las 108 que casi se superponen en 80 kilómetros cuadrados.
Hoy a las 3, ahí mismo se le darán los últimos retoques a la estrategia que la Argentina llevará a la Corte. El objetivo es demostrar ante los 15 jueces del tribunal que las fábricas de celulosa que se construyen frente a Gualeguaychú producirán una afectación gravísima e irreversible del ambiente, evitable únicamente con la suspensión de las obras como medida cautelar. Uruguay responderá que no hay inminencia de ningún daño concreto.
De fondo, el Gobierno pretende que la Corte declare la responsabilidad internacional de Uruguay por el supuesto incumplimiento de un tratado que ambos países firmaron hace tres décadas para preservar el río que hoy los separa como nunca antes. Las palabras pronunciadas ayer por el presidente Néstor Kirchner en Concepción del Uruguay evidencian la falta de salida política para la crisis desatada por las pasteras de Fray Bentos.
A 12 mil kilómetros, en La Haya, procuran mantenerse al margen de ese ruido y se preparan para una discusión restringida a lo técnico. Una parte de la delegación argentina visitará hoy la sede de la Corte -el imponente Palacio de la Paz— para ajustar detalles de logística, como la posible proyección de un documental y la exhibición de una serie de cuadros estadísticos.
La otra selección
El equipo uruguayo, 19 personas, también se completó ayer con otro vuelo desde París: el que trajo por la tarde al embajador en Francia, Héctor Gros Espiell. Ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Gros será el más veterano de todos los protagonistas de juicio: 79 años.
Los uruguayos se alojaron casi todos en el mismo hotel; los argentinos se repartieron entre la residencia oficial del embajador y tres hoteles distintos.
La ciudad de la Corte da al agua helada del Mar del Norte y está llena de parques públicos. Salvo los grandes edificios como el Par lamento holandés o la sede central de la petrolera Shell, sus construcciones son más bien bajas. En la calle no hay ruido: los autos jamás tocarán la bocina y, en cambio, abrirán escrupuloso paso a los muchos ciclistas que atraviesan las bicisendas.