El cardenal Bergoglio. El cardenal primado de la Argentina y arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Bergoglio, al declarar ayer ante el Tribunal Oral Federal Nº 5, que sustancia el juicio por los crímenes cometidos en la ESMA, aseguró que intercedió por dos sacerdotes jesuitas secuestrados durante la última dictadura militar, incluso al más alto nivel de ese régimen. A pesar de ello, el abogado querellante, Luis Zamora, lo acusó de “mentir”y de “ocultar parte de la verdad”.
Bergoglio les contó a los jueces que intentó proteger a los curas Francisco Jalics y Orlando Yorio y que se reunió dos veces con el dictador Jorge Videla y otras dos con el fallecido almirante Emilio Massera, con quien habló en duros términos, para pedirles que liberaran a los sacerdotes.
Fuentes eclesiásticas señalaron que Bergoglio compareció “en orden y sin sobresaltos” y “pudo explayarse en un clima tranquilo”, mientras que los abogados querellantes dijeron que interrogaron con ahínco a Bergoglio para pedirle detalles que –a su criterio– no obtuvieron.
“Fue evasivo” y “no fue un colaborador de la Justicia», advirtió Zamora, quién además consideró que a su criterio, el prelado “tuvo 34 años para declarar y no lo hizo; cuando se lo convocó pidió declarar por escrito, y ahora su declaración fue muy significativa en términos de lo que fue la Iglesia en la dictadura”.
El abogado describió a la máxima jerarquía de la Iglesia argentina durante el interrogatorio como “alguien ostensiblemente reticente, que medía palabra por palabra” y que no pudo aportar ningún nombre de aquellos que, dijo, desde la Compañía de Jesús veían a Jalics y Yorio como religiosos “subversivos” por trabajar en las villas.
Según detalló, Bergoglio aclaró que nunca fue a la ESMA, que Jalics y Yorio “eran conscientes de que podían terminar en una zanja” y por eso les recomendó que tomaran precauciones; y que más tarde, cuando los sacerdotes fueron dejados en libertad, seis meses después, le relataron lo que habían padecido y se encargó de reportarlo a sus superiores.
Zamora adelantó que le pedirá formalmente al TOF que el cardenal le informe a la justicia qué gestiones oficiales hizo ante sus superiores en 1976, como representante de la orden jesuita, para pedir formalmente por la liberación de los curas secuestrados.
No obstante, el propio Bergoglio se encargó de aclarar que sus gestiones ante sus superiores de la Iglesia y el Vaticano fueron informales (habladas) y por eso no quedó ningún registro.
Bergoglio habló ante los jueces del TOF 5, agentes de la Fiscalía, abogados de la defensa y los representantes de la querella, entre quienes se encuentran las Madres Plaza de Mayo Línea Fundadora, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS, consigna tiempo argentino.
El religioso puntualmente fue llamado como testigo por los dichos formulados en el juicio por la catequista María Elena Funes que, el 23 de septiembre pasado, había dicho que los jesuitas fueron secuestrados luego de que el ahora jefe de la Iglesia Católica Argentina les quitara la licencia religiosa para predicar en la villa del Bajo Flores.
Tres días después, el 20 de mayo de 1976, los sacerdotes fueron secuestrados y llevados a la ESMA, donde estuvieron seis meses retenidos ilegalmente.
En el libro El Jesuita, Bergoglio se defiende de quienes lo acusan de haberle quitado el apoyo a Yorio y Jalics. En ese texto, el dignatario negó que los sacerdotes estuvieran involucrados en “actividades subversivas como sostenían sus perseguidores, y realmente no lo estaban”. Pero reconoció que “por su relación con algunos curas de las villas de emergencia quedaban demasiado expuestos a la paranoia de caza de brujas”.