(Reseña del 22 de febrero de 2012) “Luego de la muerte violenta de un niño de 7 años con evidentes signos de haber sido brutalmente golpeado ocurrida esta madrugada en el Masvernat, la indignación dio paso al horror. La policía allanó la vivienda de la familia del menor y encontró enterrado debajo del piso de cemento de una de las habitaciones a otro chico de cinco años que falleció hace aproximadamente dos meses. El lúgubre descubrimiento tuvo lugar a las 18, una hora más tarde de que fuese apresado el padrastro de los dos menores, Javier Álvarez, en la zona de la terminal de ómnibus, según informó una alta fuente policial”.
Así informaba DIARIOJUNIO la espeluznante noticia que conmovió a toda la provincia, el 22 de febrero de este año, cuando luego de presentarse a declarar una testigo, la fiscalía decidió allanar la vivienda sin esperar que realmente pudieran comprobar el relato.
Esa fue la segunda de las notas referida al caso, del que este diario se ocupó tanto en lo que refería a la cuestión penal, como a las responsabilidades no asumidas desde organismos del Estado como el Copnaf y el Juzgado de Familia.
Cuando el hecho ocurrió, Álvarez ya había sido procesado por violencia de género y tenía 19 denuncias por las mismas causas, pero seguía libre y a la guarda de sus propios hijos y los de Andrea Soledad Zapata, Hugo de 5 y Gustavo de 7.
Según pudo saber este diario, de la investigación judicial, Álvarez no era agresivo con sus hijos biológicos, pero tenía una actitud criminal con los hijos de Zapata, a los que golpeó hasta quitarles la vida. al más pequeño, quien había fallecido durante una golpiza en enero del corriente, lo enterró debajo de la habitación donde dormía el matrimonio, y la desaparición del chiquito, extrañamente no llamó la atención de nadie. El hecho se conoció recién cuando en el Hospital Masvernat se constató la muerte de Gustavo, de 7 años, a quien la madre había alcanzado a llevar a ese nosocomio tras una fuerte golpiza, que según la investigación judicial, le habrían propinado con una caño de metal, hasta dejarlo exánime.
Todos los ojos apuntaron a Álvarez quien fue detenido y durante la tarde su ex mujer fue a declarar a la policía que los hijos biológicos del imputado, que convivía en esa casa con el homicida, le revelaron que había otro nenito muerto, enterrado debajo de la vivienda. Contra todos los pronósticos, el dato era cierto, y además, la autopsia de los dos cuerpitos reveló lesiones y quemaduras propias de tortura y maltratos de vieja data.
En la mañana del 23 de febrero se ordenó también de detención de Zapata, la madre de los chicos quien fue alojada en la comisaría del menor y la familia.
Álvarez por su parte, había sidoalojado en la Unidad Penal Nº 3 mientras se investigara el hecho
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