Tienen entre 7 y 17 años, en su mayoría niños / as humildes. Usan uniforme azul oscuro, algunos con borceguíes bien lustrados, marcan el paso con deficiencia, saludan con giros de izquierda a derecha y viceversa, los más grandecitos tienen la frente ceñida y la mirada fija al frente a la espera de una orden del instructor.
Con la promesa de fidelidad: “a mi escuadrón, a mi provincia y a mi nación”, se aglutinan alrededor de 350 chicos (hay 800 inscriptos) desde hace siete meses en la ex Estación Norte, para promover y estimular “el desarrollo pleno de valores éticos, morales y espirituales, que hacen a la conformación del chico; valores como la familia, el amor, el trabajo, el respeto y la solidaridad.”, esto responde a un objetivo, a un reglamento interno y a un responsable general del proyecto.
Es, en realidad, el nuevo distintivo, el nuevo “chiche” del policía exonerado por el primer gobierno de Montiel por su participación en la represión de tiempos de la dictadura y luego reincorporado (durante este gobierno de Busti) y puntero barrial bustista, Rafael Maciel.
Era el día de la policía y el responsable de este escuadrón Rafael Maciel, anunció que “hoy la Escuela de Policía Infantil “Suboficial Mayor Saturnino Benítez” es una realidad, fue reconocida legalmente por el gobernador de la Provincia, el jefe de Policía de Entre Ríos, el jefe de la Departamental Concordia y la Cámara de Diputados de la provincia”. Contó además con el soporte del intendente Juan Carlos Cresto quién dijo que “junto con la Gendarmería Infantil, la Banda Infantil y, ahora, la Policía se crean espacios importantes para que los chicos aprendan a respetar a los padres, a los compañeros y a convivir”. En ese acto lograron los primeros ascensos chicos de 13 y 15 años, edad en que “ya toman la decisión de continuar la carrera policial, o en cualquier cuerpo de las fuerzas de seguridad”, señaló a DIARIOJUNIO Maciel.
Oficialmente, al menos así lo aseguró el instructor Rafael Maciel, el designio de esta escuela es “sacar a los chicos de la calle, porque aquí nadie hace nada por ellos, para inculcarles normas civiles y morales, yo siempre digo que estos chicos están en una edad bravísima, es como un huevo que tiene a su polluelo, que quiere salir y la cáscara es dura por la situación que vivimos, entonces hay que ayudar a romper la cáscara guiándolos con rectitud, abnegación y disciplina”.
El reglamento de la Escuela de Policía Infantil es puntilloso. Son alrededor de 40 artículos donde se describe la naturaleza del proyecto, sus objetivos, su organización, los requisitos para incorporarse, el sistema de ascensos, y un régimen disciplinario que la denominan “conducta del chico”.
También describe el tipo de actividades de los niños policías, los contenidos de dichas actividades y, como no podía ser de otra manera, la instrucción preceptiva sobre reglas de convivencias. Claro este reglamento general, como tal, prevé que tenga aprobación del Departamento Legal de la Policía de Entre Ríos y del Ejecutivo Provincial, “porque está aprobado políticamente, necesitamos el decreto”, dice el creador del proyecto.
Maciel explicita las razones que llevaron a la creación de los niños policías: “el incremento de la deserción escolar, integración de bandas para delinquir, alcoholismo, drogadicción, vagancia y mendicidad de menores, de esta manera la institución policial pretende colaborar en la formación de esta escuela para la contención y educación de estos chicos”.
Indiferencia o responsabilidad
Educar y formar chicos para el progreso de la sociedad, no es tarea sencilla. Enseñar y aprender es un «bien social» y una responsabilidad de todos. No perdamos de vista que los niños son sujetos en desarrollo, están construyendo su subjetividad; por esta circunstancia se debe ser muy cuidadoso en los modos de impartir enseñanzas para la apropiación de conocimientos.
Es meritoria la intención de “hacer un montón de cosas por los chicos, para que se formen en el camino del bien, para aprender a ser un buen ciudadano”, como nos decía el Jefe departamental de Policía, Faustino Pereyra; pero interesa mucho más acerca de cómo se desarrollan los contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales del proyecto. Sería interesante que nos interroguemos con respecto a ¿qué se entiende por “aprender para ser”?, ¿cuál es el concepto de formación que interpreta los contenidos del proyecto?, y si ¿es la forma de acceder a los bienes culturales que se requiere para una adecuada inserción social ?.
Este tipo de emprendimientos son muy comunes en provincias como Jujuy, Salta, Santiago del Estero y Misiones. Los medios de comunicación en esos lugares suelen dedicar bastante espacio a “destacar la importancia” de estas especies de escuelas paralelas para trasmitir valores trascendentales como rectitud, abnegación y disciplina. Los instructores de estos jóvenes son policías, que en muchos casos han sido denunciados por tener conductas encontradas con los valores que intentan inculcar.
Sin duda, la forma efectiva de formar personas integras y buenos ciudadanos, que eduque para la vida plena de cada uno y de todos y que lo haga conforme a su dignidad de persona y a las necesidades de nuestra ciudad hoy, es la escuela.