El funcionario subrayó que “el farmacéutico es el responsable porque es la persona que debe estar permanentemente en el interior de la farmacia mientras esté abierta al público, si en determinadas circunstancias debe irse tiene que dejar un colega cubriéndolo. Que se cumpla con esta disposición, también lo debería controlar el mismo Colegio de Farmacéuticos. Se trata de un problema de responsabilidad profesional, por lo tanto como los farmacéuticos están regulados por un Colegio, están colegiados, este debe ejercer el control y eventualmente hasta le puede quitar la matrícula a uno de sus afiliados ante un acto incorrecto en el ejercicio de la profesión”, explicó.
Asimismo, el funcionario dijo que es el farmacéutico quien debe estar controlando el stock de medicamentos, el tratamiento de los mismos y vigilando, por ejemplo, que se haya mantenido la cadena de frío en aquellos que así lo requieren.
“Los controles de los medicamentos no pasan únicamente por la Secretaría de Salud, sino también por el Colegio de Farmacéuticos que es el que controla las matrículas y ejerce el poder de policía sobre sus afiliados”, remarcó el titular del área, que seguidamente explicó que la Secretaría de Salud tiene la facultad, sobretodo, de habilitar farmacias. “Cuando una farmacia nueva abre, la Secretaría inspecciona y habilita en el caso de que cumpla con la normativa vigente”; o bien de «quitar la habilitación en aquellas que transgredan esas mismas normativas».
Inmediatamente, Legascue apuntó que “un comerciante que no sea farmacéutico o que no posea una farmacia habilitada, no debería vender medicamentos. Los kioscos no son para venta de medicamentos, ni siquiera de aquellos de venta libre. Y aún los medicamentos de venta libre, deberían ser vendidos sólo en las farmacias, controlados y fiscalizados por el farmacéutico, dentro del ámbito de una farmacia. Tampoco los negocios o puestos callejeros que no son ópticas pueden vender anteojos”, subrayó Legascue.