En la ciudad, los evacuados y autoevacuados rondan las 10.000 personas. Por lo tanto, el Operativo Retorno tendrá una dimensión importante en torno al movimiento de camiones y personal para el traslado de las personas que debieron salir de sus hogares. Quienes no volverán a sus hogares son quienes habitan por debajo de la cota 14.
Gustavo Benítez, vecino de Roque Sáenz Peña y las vías del ferrocarril, dijo que sin ninguna duda que nadie quiere pasar estos momentos pero “son cosas de la naturaleza que pasan y hay que afrontarlas”. Una vez que el agua comienza a retroceder, dijo que se encuentran con “mucha mugre, mucha basura, muchos muebles rotos en todas las casas”.
Por lo tanto, la tarea que deben afrontar es la limpieza con el apoyo del gobierno de turno que “hasta ahora vienen haciéndolo bien”. “Hoy nos iban a traer lavandina, ‘Pinolux’”, indicó. “Cada vez que baja 20 centímetros nos metemos en la casa con el agua y vamos barriendo las paredes para que no quede la mugre. Hay que lavar bien con lavandina y después esperar que seque un poco, se vaya la humedad”, sostuvo.
Gustavo, junto a otros vecinos de esa zona, había permanecido en una carpa donde pernoctaban y se cocinaban. La municipalidad les hacía llegar bolsas de alimentos cada día por medio. “Desde que llegó el agua estuvimos con una carpa y ahora seguimos estando acá mientras sigamos limpiando. En 10 días seguramente vamos a estar volviendo a las casas”, acotó.
“Van a tener que venir los bomberos para lavar las calles porque hay mucha ‘mugre’ en todos los sectores donde estuvo la inundación”, dijo. Respecto de la lluvia pronosticada, sostuvo que cree que no superará los 40 o 50 milímetros. “Eso no va a hacer nada, va a venir bien para lavar las calles. Pero que no pase de los 40 o 50 milímetros porque nos va a hacer un desastre de vuelta”, indicó Benítez.
En la esquina de 1° de Mayo, se encuentra Gabriel, quien se domicilia en esa calle cerca de la Costanera. Aún no pudo ingresar a su hogar ya que sigue con agua en su interior. “A mí recién me baja a los 13,70 (metros)”, explicó. “Yo tengo la casa arriba tipo isleña pero perdí un montón de herramientas”, dijo. El vecino se dedica a la construcción y no pudo llevar una máquina de cortar cerámica, otra para cortar madera, una motosierra, etc. Por ello, no tiene expectativas de encontrar nada. “El agua te destruye todo”, mencionó. Al menos pudo sacar algunos muebles pero otros permanecieron dentro de la vivienda.
¿Por qué no pudo cargar las herramientas? “La gente no esperaba que crezca de esa manera. Primero decían que iba a llegar a 14,20 (metros) y la gente se confió en eso. Después llegó a 14,50 y así sucesivamente hasta que llegó a los 15, 86 para ellos”, dijo. ¿Cómo para ellos? Gabriel sostuvo que no era la medida exacta. A su criterio, el río estuvo “casi en 17 metros”. Volviendo a la evacuación, manifestó que nadie les avisó hasta donde iba a llegar el río. “Si hubiesen dicho que iba a llegar a 17 metros o a tal altura y la gente hubiese podido evacuar. En cinco o seis horas largaron un metro y pico de agua. Eso es una barbaridad”, dijo.
Por su parte, Mario, vecino de calles Maipú y Estrada, barrio Nébel, indicó que a los 11,40 metros el agua ingresa a su vivienda. “Soy uno de los primeros en salir”, aclaró. “Tengo parte de mi casa de material y parte de casilla (de madera)”, dijo. Fue alojado en el galpón ex Bagley. Aún no pudo retornar para ver como quedó dado que no tiene un bote para ir hasta allí. Pero de todas maneras no le serviría de mucho dado que actualmente “ni el techo se ve”.
El panorama con el que se encontrará puede ser devastador. Es que lo que quedó en el interior “no va a servir nada”. En la casa quedaron placards, una cómoda de vidrio para guardar los platos. “Eso ya debe estar prácticamente todo roto”, manifestó. Pero además manifestó sus reservas respecto del estado en el que encontrará la vivienda. “Hay que ver cuando baje porque hace mucha presión el agua. La casilla seguro que no la voy a encontrar, ojalá que sí. Y la parte de material si aunque hay que esperar que seque”, manifestó. “Hay que esperar que siga bajando y que nos den ordenes de ir para las casas”, indicó.
En la misma zona del barrio Nébel, a dos cuadras de distancia en la esquina de avenida Castro y Estrada, vive Juan con su familia. A los 14 metros, el agua del arroyo Manzores penetra en su vivienda. Ya es la octava inundación que le toca enfrentar. “Lo que más espero es un apoyo del gobierno porque lo que se perdió se perdió y no hay vuelta atrás”, dijo. Si bien manifestó su anhelo de volver lo antes posible, tiene hijos chicos y sabe que debe esperar porque quedan la humedad y “muchos virus”.
“Bajó el agua pero uno en la semana ya no pudo trabajar por el tema de la creciente. Los patrones estaban muy aislados”, dijo. “En mi casa no quedó nada. A nosotros nos fueron a avisar pero yo justo estaba trabajando. Algunas cosas pude sacar y otras cosas no. Me quedó una cocina, una heladera, un aire. Cosas del laburo de toda una vida lo perdés en un rato. En una hora y media que creció de golpe. Dijeron que iba a llegar a tal altura y nada que ver, llegó a otra que ni lo esperábamos”, enumeró.
El vecino, quien se aloja con su familia en la escuela “Esteban Echeverría” dijo que esperaba apoyo del gobierno. “Y sino a seguir trabajando, que se le va a hacer. Soy un tipo laburador. A mí el gobierno nunca me dio nada pero viendo la situación en la que uno se encuentra no le queda uno otra que ir a pedir el apoyo”, dijo. “Lo que más me gustaría es que me relocalicen en una vivienda para no pasar más esto. Yo, como persona grande, ya estoy acostumbrado pero los chicos no quiero que pasen lo que pasé yo”, manifestó.
“Además la Navidad que pasamos bajo agua. Fue una Navidad y un Año Nuevo que uno no se va a olvidar hasta viejo. El sabor amargo que pasamos al momento de levantar las copas fue de muchos sentimientos encontrados”, indicó Juan.
Rubén Trinidad, vecino del barrio Puerto y propietario de un drugstore ubicado en 1° de Mayo y Lamadrid, miraba esta mañana las huellas que dejó el agua en el interior de su comercio y de la vivienda. Un franja de unos 40 centímetros de barro con musgo en las paredes además de una capa marrón que impregnó todo los pisos, los sanitarios de un baño para clientes y todo lo que alcanzó dentro de la casa. “Realmente es una inmundicia ver todo esto. Te causa una amargura tremenda”, indicó. “Más allá de las circunstancias, voy a tratar de reponerme si Dios quiere”, expresó.
Mientras una joven infructuosamente intentaba limpiar con una manguera las marcas del agua en las paredes, el vecino dijo que necesitaría un grupo electrógeno para conectar una hidrolavadora. La única herramienta con la que podría limpiar a fondo las paredes. “No hay luz ni sé hasta cuando no va a haber y si lo dejamos así no sale nunca más. Tengo que limpiarlo lo más rápido posible y que se seque todo”, dijo.
A media cuadra, una Toyota azul con cúpula modelo 80 tiene agua a la altura de las ruedas. Trinidad dijo que había conseguido una camioneta 4 x 4 para sacarla de ese lugar pero no pudieron abrirla y el agua le pasó por encima. Así como no pudieron mover el vehículo, muchos vecinos no pudieron llevarse todos los elementos de valor. Trinidad dijo que no pudo retirar todo dado que “nadie esperaba que crezca con semejante magnitud”, dijo. “Fue demasiado rápido. Yo llegué cuando estaba entrando casi el agua a casa y ahí empezamos la evacuación; me quedaron muchas cosas en el patio. Son cosas pesadas que las dejé”, dijo.
Hace 18 años que el vecino habita en esa esquina y no recuerda ninguna crecida que haya alcanzado la altura de la actual. “En 2009 llegó casi hasta el escalón y no entró pero igual eso repercutió en humedad. Sin haber entrado tuve que hacer un tratamiento especial porque vertía aguas de las paredes. Esto va ser mucho peor”, indicó.
De hecho, Trinidad sospecha que la creciente fue mayor a la que da cuenta la información oficial de 15,86 metros como altura máxima. “En 2009 estábamos en 15, 70 (metros) y no me entró el agua y ahora 15,80 tenía medio metro de agua”, indicó. Y fue mayor su desconfianza cuando realizó una medición con una camioneta que cuenta con un GPS regulado al nivel del mar. “Lo hizo un pibe de Mar del Plata que utiliza mucho el GPS, me dijo: ‘mirá Negro realmente con la chata vamos a saber bien la medición exacta a nivel del mar’”, indicó. El aparato marcó 16,80 metros.