Por esta misma causa ya hay diez policías imputados, aunque no procesados. Tampoco están privados de la libertad e, insólitamente, todos ellos siguen desempeñando sus tareas. Esto se debe a la repentina desaparición de un testigo de cargo, por lo que se han retrasado producciones de pruebas como las de reconocimientos en rueda de personas.
Se trata de una brutal golpiza que se sospecha la Policía le propinó el 2 de septiembre de 2005 Villordo. Según se supo, el pescador llegó ese día a cobrarle a uno de los agentes de la guardia de la comisaría algunos pescados que les había vendido. Aparentemente, tenía problemas para cobrar esa cuenta y se supone que el hecho molestó y se inició una discusión.
Por lo que trascendió hasta ahora, Villordo fue duramente golpeado y ya sin conocimiento, tirado en un calabozo, de donde lo sacaron al otro día para dejarlo ir a su casa, aunque, en un estado desastroso.
El abogado Guillermo Vega, de Santa Elena, representa a los familiares de Villordo. Comentó que “este hecho está plagado de irregularidades. Villordo salió del calabozo esa mañana, después de ser `aleccionado´, por osar reclamar una cuenta que le debían y se fue a su casa. Allí se encontró con su amigo Alejo Ojeda, quien al verlo en esas condiciones fue a protestar a la comisaría, porque sabía que había permanecido allí y por los detalles que Villordo le alcanzó a contar”.
“Los policías, según lo que interpreto, han empezado a temer por las lesiones de Villordo, pero, aquí cometen otro error. En lugar de solicitarle una ambulancia para que lo asistan, van en el patrullero, lo cargan y lo llevan al hospital”, contó Vega.
Intimidaciones
Villordo permaneció en estado grave unos diez días y finalmente falleció. Cuando el médico forense Horacio Siromsky le realizó la autopsia le graficó al abogado Vega que “es como si a este hombre le hubiera bamboleado el cerebro dentro del cráneo”. Los fuertes golpes le produjeron una fractura craneal de cuatro centímetros y una supuración de pus que derivó en una meningitis letal.
En los libros de guardia secuestrados en la comisaría, Villordo no existe, lo que se transformaría en otra irregularidad, pero sí en los libros de acceso a la guardia del Hospital Regional de Santa Elena, a donde ahora apunta la investigación por motivos que el abogado Vega prefirió no dar a conocer por el momento.
“Estamos trabajando con un montón de impedimentos. Desde los presupuestarios de la misma Justicia, hasta el hecho de que toda persona que colabora conmigo tiene la visita casual de patrulleros cada vez que van a algún lugar, e incluso les han llegado a hacer señas de luces para hacer sentir su presencia”.
También llama la atención la desaparición de un testigo. “Para el 17 de noviembre estaba fijada una audiencia de reconocimiento en rueda de personas. El testigo que nos iba a indicar quiénes habían golpeado a Villordo era Cristian Jeremías Cardozo, un hombre que casualmente estuvo detenido la misma noche que la víctima, en la celda contigua”.
“Lo último que supimos fue que Cardozo podría estar en Rosario y que alguien le había dado plata para permanecer allí. Actualmente, investigamos la posibilidad de que ese dinero haya salido de algún sector político de la Municipalidad, lo que enrarecería mucho más el aire que respiramos en torno a esta lamentable muerte”, estimó Vega.