Lozano comenzó recordando que los procesos de movilización popular durante 2001/2 abrieron una etapa política nueva en la Argentina. “Esa movilización lo que hizo fue cuestionar el rumbo económico social del país (neoliberalismo) y el funcionamiento del sistema institucional”.
Luego analizó el contexto en el que surgió el presidente Néstor Kirchner. “Limitada la estrategia de Duhalde, sin posibilidades de hacerse cargo, por conflictos al interior del poder, el candidato que por esos momentos emergía que era Reuteman, ya que De La Sota puesto como referente para las elecciones no acumulaba votos”.
En ese marco, Lozano señaló que surgió la posibilidad de que el justicialismo acepte a alguien que no tenía demasiada referencia al interior del partido, que no era demasiado conocido y que es tomado con un discurso diferente al que el justicialismo venía planteando. Por lo tanto, el gobierno de Kirchner aparece en el marco del cuestionamiento que la sociedad le hace al sistema político tradicional.
El economista expresó que, si bien las movilizaciones fueron significativas para cuestionar lo que ocurría, en cambio no fueron capaces de gestar una experiencia política consistente, homogénea, nueva, que efectivamente pudiera resolver los problemas planteados. “De hecho, el hecho de que esto no haya sido posible, hizo que si bien emergiera Kirchner como alguien nuevo dentro de ese marco, emerge atravesado, limitado y condicionado por factores de poder económico, político e institucional, que fueron y son parte del orden existente en la Argentina” , acotó.
Lozano puntualizó la dualidad existente entre las organizaciones populares. “Haber sido capaces de cuestionar pero al mismo tiempo de no tener la capacidad de recrear una experiencia política que nos permita resolver los problemas concretos de la Argentina. Este es para nosotros el problema principal que tenemos y lo pongo de movida porque discutir economía sin discutir esto es hablar de cuestiones abstractas”.
“Con la experiencia 2001/2 la sociedad argentina clausuró su expectativa respecto al modelo neoliberal -agregó el diputado nacional- no le cree más, no se sabe por qué se lo puede cambiar pero lo que está claro es que por ahí no vamos a ningún lado”.
Elecciones 2005
El principal problema para el economista es que en los próximos comicios, en lugar de debatir en serio sobre el país que hay que construir para reemplazar la Argentina actual, “en realidad parece mucho más un debate de posicionamientos entre sectores que ocupan el papel oficial en el tablero institucional o el papel opositor”.
Lozano marcó las contradicciones existentes en el seno del oficialismo. “De repente a uno lo llaman a plebiscitar una gestión supuestamente de cambio diciéndole que tiene que votar a muchos que construyeron la decadencia argentina durante estos años”.
Lozano rescató el mensaje con el que asumió el actual mandatario argentino. “Emergió con un conjunto de características novedosas. En primer lugar un discurso distinto, que se hacía cargo del tema de la distribución del ingreso y de la riqueza. Un cuestionamiento muy frontal a la experiencia de los ’90 diciendo que eso no era lo que no se podía reeditar”.
También destacó la renovación de la Corte Suprema de Justicia, la política en materia de derechos humanos e incluso una serie de planteos en materia económico-social que fueron importantes. Incluso, mencionó el discurso de Kirchner planteando la corresponsabilidad de los organismos multilaterales de crédito (BM, FMI) en el tema de la deuda argentina, “cuestionando con mucha fuerza el funcionamiento de estos organismos”.
Pasando al capítulo privatizadas, recordó medidas importantes. “La estatización del correo, del espacio radioeléctrico, la no convalidación de aumento tarifario alguno. Cosas que incluso implicaron conflictos del presidente con el ministro Lavagna que venía de la gestión anterior”, dijo.
Lozano no se olvidó de la apertura político institucional expresadas al interior del campo sindical, “convocando no sólo a la CGT sino también a la CTA, y se expresaban en el campo político institucional dejando de costado la experiencia del justicialismo y apelando con fuerza a la idea de la ‘transversalidad’ como un modo de juntar distintos sectores en torno a un proyecto nuevo que había que construir”.
Lozano asegura que los cambios se articularon siguiendo el compás en el que se movía la sociedad. “Ocupando las calles, rompiendo con la política tradicional, con la política del espectáculo con la idea de que la política es un conjunto de referentes a los cuales la gente tiene que mirar, debe optar entre ellos pero no puede intervenir”.
Relación gobierno-organizaciones populares
Lozano también puso de manifiesto el retroceso de la efervescencia que se manifestó en 2001/2, plasmándose en la ausencia de una movilización aglutinada detrás de un proyecto de país. “Hay muchas organizaciones divididas entre ellas, fracturadas de las experiencias populares por carecer de dirección y estrategias”.
La salida de escena de la participación popular implicó, simultáneamente, un crecimiento de los factores de poder para presionar en su favor al presidente Kirchner.
“En lugar de fortalecer la movilización de la sociedad, el gobierno se metió en una estrategia de concentración cada vez mayor de poder en el presidente mediante decretos”, señaló. A tal punto se retrocedió en el camino recorrido que “las organizaciones populares discutíamos a quien había que bancar y no que es lo que hay que impulsar”.
Comparaciones amañadas
En cuanto a la recuperación de algunos índices económicos, Lozano señaló que “cuando uno compara contra lo que fue el momento más álgido de la crisis, mediados de 2002, y mide desempleo, pobreza e indigencia, efectivamente los números dan mejor. Pero la verdad es que ninguna comparación es razonable haciéndola contra un momento de crisis”.
Explicó que Argentina sufrió un proceso de estancamiento que ya lleva 30 años, donde hubo distintas crisis: 75/76, 82, 89/90, 95 y del 98 hasta mediados de 02. “Siempre los años posteriores son mejores que los de crisis. Pero nunca se recuperó el nivel de vida que tenía la sociedad argentina de mediados de los 70”.
“Hoy tenemos prácticamente el mismo nivel de actividad económica que en 1998, pero con ingresos menores, con desempleo mayor y con 4 millones de personas más en situación de pobreza que las que había en aquel momento”, indicó. “Lo que uno observa es que la pobreza y la indigencia bajan menos. A pesar de haber crecido a tasas del 8 %, durante casi tres años, tenemos un 50 % más de pobres que los que había de promedio en lo 90 y un 300 % más de indigentes que en esa década”.
Lozano también citó estadísticas para advertir que año a año, de 2003 en adelante, se vine generando “cada vez menos empleo”, que la mitad de los puestos laborales creados son “en negro o informales” y que los empleos formales generados tienen ingresos “inferiores al resto de los trabajadores en blanco”.
Redistribución vs. clientelismo
Entre los planteos que apuntan a redistribuir la riqueza, Lozano señaló: “reemplazar el salario familiar por una asignación universal para todos los pibes vinculada al chequeo sanitario de los chicos y al control de su presencia en las escuelas, una jubilación universal equivalente al haber mínimo para el millón y medio de personas mayores de 65 años que no tienen previsión, seguro de empleo y formación para los desocupados”.
Pero asegura que las propuestas no tienen cabida en el esquema político institucional actual porque las políticas “universales” sobre la población confrontan contra el esquema clientelar debido a que implican la desaparición de los “intermediarios”. “Si yo tengo pocos recursos para distribuir entre una gran cantidad de pobres, debe haber en el medio alguien que diga quien recibe y quien no. Las políticas que se están aplicando son instrumentos que permiten subordinar la voluntad de la gente”.
Otro escollo que se interpone en el camino es que confronta con las ganancias extraordinarias del país. “Si les damos garantías de ingresos más altos a los hogares, los trabajadores pueden discutir mejor sus condiciones de empleo y su salario. Por lo tanto van a discutir las ganancias extraordinarias de las empresas”, añadió.
Lozano también cuestionó puntualmente la política de desendeudamiento. “No se negocia y se termina pagándole todo para recuperar soberanía. Es un a suerte de ‘comprar nuestra libertad’. Esto significa que estamos pagando el doble de lo que se pagaba en los 90”. Además, señaló que hay otras prioridades sociales a las que se podría destinar esos recursos.
Por último, dejó en claro que se requiere el protagonismo de la sociedad. “La posibilidad de ejercer cuotas de soberanía nacional está asociado a recuperar niveles de protagonismo y de participación popular”. Y convocó a: “la confluencia de distintas tradiciones populares para privilegiar que proyecto se lleva adelante, para volver a situar de cara al 2007 la convocatoria a la sociedad para pelear lo que quedó pendiente en el 2001/2”.