El primer caso autóctono de leishmaniasis visceral en el país sucedió en 2006, en Posadas. Antes de esa fecha, el Phlebotomus había sido hallado en 2000 y la población del vector se fue incrementando con el correr de los años. “A partir de allí se comenzó a hacer un estudio para ver hasta donde llegaba”, mencionó Saavedra.
En 2008 se realizó un estudio en Corrientes. Por la cercanía entre Monte Caseros con Chajarí, en 2009 comenzó el monitoreo en Entre Ríos. “En febrero de 2010 se hizo un ‘trampeo’, se colocan unas trampas en gallineros o lugares donde podría estar colonizado por el insecto y se estudia si se capturó o no el insecto”, señaló la epidemióloga.
El monitoreo se repitió en todos los departamentos del norte: Federación, Chajarí, Concordia, Colón y San José. En el único lugar donde se capturó el Phlebotomus fue en Chajarí y en poca cantidad. No obstante, se sigue repitiendo el monitoreo en los mismos departamentos para ver si aparece el vector.
Saavedra explicó que el vector puede picar a un perro y el parásito se mantiene en la sangre del animal. De allí puede propagarse a un ser humano de la misma forma. La leishmaniasis visceral afecta al sistema inmune. Entre los síntomas que se pueden presentar en una persona es la aparición de un estado febril de unos 15 días. Además se produce un desmejoramiento del sistema inmune y pueden provocarse otras complicaciones.
La charla es abierta a todo público y Saavedra apuntó a que se deben respetar pautas de saneamiento ambiental para evitar la propagación del vector. Algunas son: no acumular basura ni materia orgánica (desechos fecales) de animales en los gallineros, por ejemplo. “Cualquier lugar con materia orgánica puede favorecer la multiplicación del vector”, señaló la médica.