El representante del Ministerio Público solicitó 12 años por “homicidio simple” y por “tenencia de arma de fuego de uso civil”. Aunque el Código Penal establece penas de hasta 25 años por “homicidio simple”, el fiscal tuvo en cuenta algunos atenuantes. En primer lugar, dedujo que Crespo, aunque era consciente de lo que estaba haciendo, no tuvo intención de matar sino de infligir una “herida grave”. Y luego consideró que el homicida es un alcohólico consuetudinario y el 14 de febrero –el día del crimen- había bebido más de lo aconsejable. Pero también valoró que el accionar de Crespo tuvo como consecuencia directa la muerte del funcionario policial.
En cambio, Giorgio pidió a las juezas Mariela Rojas, Patricia Pérez y Alicia León que absuelvan a su defendido. Alegó que Crespo se sorprendió con el disparo porque sólo pretendía darle un susto a la víctima. Por ello, empuñaba un rifle de aire comprimido. Pero la recámara del arma había sido modificada y alojaba una bala calibre 22, que rozó el corazón de manera letal. Según la abogada, hubo un “error en los medios utilizados para cometer el homicidio”.
La víctima murió en la casa de sus suegros, ubicada sobre calle La Paz, entre Balcarce y Pirovano. Todo se desencadenó luego de una discusión del policía con el “Polaco” Crespo, que incluyó un golpe del subcomisario en el rostro de su matador, quien regresó hasta su casa y volvió con el arma.
Tiguá era un policía a la “vieja usanza”, expresó el fiscal en el recinto. “Estaba acostumbrado a enfrentarse con los delincuentes cara a cara”; agregó. En la calle, era conocido como un tipo “pesado”. Eso llevó a uno de sus compañeros a expresar, delante del Tribunal, que una vez le dijo: “deja de hacer problemas”. Eso, sumado al golpe que le asestó a Crespo en la cara – lo dijo el acusado delante de las juezas-, podría ser sopesado como una circunstancia atenuante a la hora de elaborar la sentencia.
Los familiares de Crespo también expresaron que las juezas debían investigar la paliza que sufrió al ser introducido en la Jefatura y antes de ser trasladado a la UP 3. Una fuente del Servicio Penitenciario describió el estado que presentaba al llegar: tenía una hemorragia nasal y fractura en hueso de la nariz, edema en retina del ojo izquierdo (en ese momento corría el riesgo de perder la visión), lesiones y excoriaciones múltiples en diferentes lugares del cuerpo.