Beherán recuerda la ciudad desde sus épocas de estudiante. “En esa época veía a Concordia de Paraná y de Santa Fe, de donde había venido varias veces, y la veía como una ciudad pujante, llena de prosperidad, con industrias, con comercio, un hongo productivo, una ciudad que se iba para arriba”, aseguró.
Comparada con las ciudades señaladas más arriba, la producción de aquellas era mínima. “Realmente era la envidia de esas dos ciudades. Aquellas ciudades eran netamente burocráticas, viven prendidas del estado, de un sueldo público”, afirmó. “Allá no hay la variedad productiva que hay en Concordia. No hay citrus, madera, la parte ganadera, agrícola, arroz”, explicó.
Beherán recordó que a su llegada conoció, mediante el ejercicio de la profesión “muchos emprendimientos anónimos de gente que uno pensaba que no tenía plata para llegar a fin de mes, quinteros que tenían un buen pasar y vivían bastantes familias”.
El letrado no niega que la ciudad haya crecido en forma desproporcionada durante la construcción. “Recuerdo que veía hechos insólitos, veía una ferretería importante en Paraná o algún comercio chiquito donde el propietario vivía digna pero austeramente con su negocio, venían de acá con toda la actividad que había, le compraban 500 o 1000 palas y así otros efectos, y en poco tiempo pasaba a ser un potentado. Andaba en un 0 km, mejoraba su casa. Visto desde allí, esto parecía un emporio productivo”.
El ocaso
De golpe, toda esa prosperidad comenzó a languidecer. “Acá veo que muchos hacen hincapié en que todos los males fueron debido a la gran cantidad de gente que vino con la construcción de la represa, que muchos se quedaron”, indicó. Beherán no lo descarta, aunque preferiría tener un estudio estadístico a mano sobre el fenómeno.
De todas maneras, señaló: “puede haber contribuido, pero en mínima medida. No creo que la pobreza venga de esa forma porque la represa se terminó en el 79. A fines de los 70, mediados de los 80, a una gran cantidad de empresas les fue mal y comenzaron a fundirse. Recuerdo Sanderson, Las Tejas, Pindapoy, Casa Garamendi, Acuarone, empresas constructoras como Racca-Correa”.
La decadencia Beherán la atribuye a políticas “erróneas”. “Primero los militares, después con los gobiernos democráticos, en la época de Alfonsín, luego en la época de Menem. En la época de la convertibilidad muchos se engañaron y pensaban que entrábamos en el 1° mundo. A eso se le suma la crisis asiática, el efecto tequila, caipirinha”. “Estas ciudades productivas, en épocas de crisis, caen en casacada”.
Beherán también recordó que, desde que llegó, comenzó a gestarse un cordón de pobreza que rodea los cuatro boulevares. “Es inusitado. No se da en Gualeguaychú, ni en Gualeguay ni en Concepción del Uruguay”. Beherán lamentó que no existan trabajos estadísticos que avalen las afirmaciones consistentes en que a la ciudad llegan oleadas de trabajadores migrantes de otras ciudades o provincias que se establecen permanentemente. “Lo vengo escuchando de hace tiempo y sería muy lindo que gente especializada pueda llegar a hacer un estudio sociológico”.
Apostar a los excedentes
Beherán, tratando encontrar una salida viable en el tiempo, apuntó a fortalecer el apoyo a las pequeñas y medianas empresa, mejorar la distribución de recursos coparticipables que llegan al municipio, y especialmente, el retorno de los excedentes de Salto Grande. “¿Cómo puede ser que habiéndose superado la crisis y teniendo reservas en el banco, no se haya retornado el valor al precio del megavatio permitiéndose que vengan más ingresos a Concordia?”, se preguntó.
“Hace poco salió Urribarri hablando de remesas por $ 150 millones. Si ingresó ese dinero, se lo habría volcado en la región. Pero $ 150 millones son cuatro o cinco presupuestos municipales sin el personal que tiene la municipalidad. Perfectamente se podrían hacer infinidades de obras para revertir estos índices. Pero estamos aun mes de las elecciones, creo que es más lo que se habla que lo que se hace y se logra”, añadió.
Beherán también señaló que la Nación, la Provincia y la Cafesg “harían un gran aporte al desarrollo si se lograra devolverle el valor al megavatio que le corresponde para que los excedentes puedan volcarse en producción para la región”.
Beherán recordó que uno de los objetivos trazados cuando se construyó la represa fue obtener energía barata. “Que pasó cuando se dictó el marco regulatorio energético? “Ni se habló ni se mencionó que se quería la energía más barata. Lo que se tendría que haber pedido acá, donde se afectaron ciertas áreas productivas, es que al margen del marco regulatorio, es tarifa social para la gente de menores recursos y tarifa diferencial para el parque industrial y sectores comerciales”.
“Pero resulta que se hace el marco regulatorio, que es un programa enlatado donde ni Cafesg, ni el gobierno provincial, ni CTM tienen participación y terminamos en que se llevan la energía, la venden allá, bajan el precio y pagan cuando se les da la gana”. A ese panorama, Beherán le añadió el costo de los impuestos nacionales y municipales que grava la energía para finalizar señalando. “tenemos una de las energías más caras del país”.
El letrado atribuyó la situación actual a la incapacidad de los legisladores que sucesivamente han ungido los entrerrianos mediante las urnas. “para eso hay que estudiar las leyes, hay que indagar, hay que informarse. Cuando logremos que nuestros legisladores estén a la altura de la circunstancia y no buscando voto con la gente, a la que le regalan una chapa y luego están pendientes que a los cuatro años se les rompe la chapa para que le den otra coincidente con las elecciones, ahí posiblemente empiecen a observarse los cambios en esta ciudad”.