Análisis de los ¿tres? nombres posibles para nuestro continente

1-Durante siglos, muchos pueblos llamaron América a este continente. Y durante siglos, muchos pueblos llamaron Abya Yala a este continente. El siglo XXI marcha a pleno, ya pasamos la primera década, y en diversos encuentros culturales que trascienden las fronteras estatales llaman (llamamos) Abya Yala al continente, mientras que en otros encuentros no menos importantes lo llaman (lo llamamos) América. Así están las cosas pero veremos que es un asunto en el que el empate no vale, y tampoco se define por penales sino por razones.

2-En este estado de cosas, nos detenemos a estudiar el problema y observamos que en verdad el nombre de nuestro continente está en debate, y no hay conflictos graves por ello, pero no es necesario que el caso se plantee de modo violento o a los gritos para advertir que es serio y merece nuestra atención. Sí, es cierto: tenemos que hablar del hambre, de la distribución de las riquezas, del colonialismo, de las oportunidades de trabajo, de la salud, y en este caso además de todo eso decimos: tenemos que hablar del nombre. Una cosa no impide la otra, y hay que ver también que a veces un asunto de orden simbólico puede traer bajo el brazo, como un plus, modos de superar asuntos diversos.

El navegante de Florencia
3-Existe abundante bibliografía en torno de la vida y la obra del florentino Amérigo Vespucci. Las discusiones son largas, muy interesantes, y muchos datos difusos dificultan a veces la comprensión sobre la magnitud de su obra y sus atributos personales. Sin embargo, cuando estamos a punto de ingresar a la historia personal de Vespucci advertimos que si este navegante reuniera los mejores valores o los peores vicios de la humanidad, nada de eso incidiría en el debate. Es que en el continente vivían millones de habitantes cuando unos navegantes de otro continente, entre ellos probablemente Vespucci, desembarcaron en estas tierras, en medio de hazañas portentosas. No existe ni un solo elemento que permita sostener que los habitantes de este continente atacaron o violentaron a los de otros continentes, todo lo contrario: fueron atentos, generosos, considerados con los visitantes, y fueron víctimas. “Si se les pide algo, jamás dicen que no de cosa alguna que tengan; antes bien convidan a la persona y demuestran tanto amor que darían los corazones”, sostiene Cristóbal Colón volviendo de su primer viaje, y luego: “esta isla es de desear y de nunca dejar. De todas he tomado posesión en nombre de sus Altezas… pueden ver sus Altezas que les daré todo el oro que hubiere menester”. (Tomado de obras de Juan José Rossi). Al tiempo que reconocían los valores del pueblo anfitrión, los visitantes (luego invasores) anunciaban la apropiación del territorio de modo ilegítimo por donde se lo mire y ya en la primera carta este Colón prometía esclavos a sus reyes… No hay razones, entonces, para aceptar que culturas con ese carácter se tomaran la atribución de designar las cosas, y menos de dar nombre al continente. No hay razones para que un continente con 40.000 o muchos más años de historia propia, con culturas diversas y con antiguas sabidurías compartidas, lleve el nombre de una persona de otro continente, cualesquiera fueran sus méritos, por el solo hecho de haber navegado y contado a sus vecinos lo que vio.

4-Hay evidencias de que el sistema que trajo a Vespucci a estas playas se caracterizó por la violación de los derechos humanos y la destrucción de culturas milenarias, para el saqueo. Eso, sin menospreciar los valores individuales que pudieron mostrar algunas mujeres y algunos hombres, como ocurre en todas las culturas, y los documentos oficiales que declamaban todo tipo de valores (si conoceremos lo que es el abismo entre los discursos y los hechos). Por otro lado, si fue Vespucci el que anunció que estaban ante un continente distinto del que suponían, o fue otro, es una anécdota para los europeos, ni más ni menos, y para una historia personal que puede ser, sin dudas, atractiva. Los europeos quizá puedan ilustrarnos mejor sobre el tema.

Y aparecen los kuna
5-Se presenta otro problema: ¿qué nombre tiene nuestro continente? Los estudiosos han registrado varios nombres que podrían abarcar a gran parte del territorio, nombres surgidos en el seno de idiomas de civilizaciones milenarias de estas tierras, no desde una oficina en un continente invasor. Pero fuera de los ámbitos académicos, un encuentro de antiguos pueblos sacó a la luz un nombre un tanto escondido, Abya Yala, que usan los kunas y fue tan transparente, genuino, desinteresado ese rescate, que si los miembros de los pueblos kunas señalaron el nombre, fueron miembros de otros pueblos, los aymaras, distantes pero no menos antiguos en este suelo, los que tomaron esa expresión y la hicieron propia y la difundieron.

6-Abya Yala ocupa un lugar por su propio peso, sin imposiciones desde el poder, sin atropellos, y ha esperado siglos en silencio para que los pueblos comencemos a saborear serenamente, desde el pie, sin intervención de poderes económicos, financieros, corporativos, religiosos, estatales o políticos. Abya Yala es un nombre que viene del seno de comunidades sufridas, de trabajadores orilleros, y alcanzó gran arraigo por varias razones. A-por un lado, la contundencia de los testimonios sobre el significado de Abya Yala, tierra en plena madurez, tierra de sangre vital, y el uso que le dan pueblos de la zona central de nuestro continente. B-por otro lado, la aceptación del nombre entre otros pueblos, en especial los del altiplano, lo que originó un hecho histórico en sí mismo y bien representativo de la actitud de las culturas de este continente: en vez de imponer un nombre desde su idioma, estos pueblos saludaron el nombre surgido de otro idioma, de pueblos muy distantes. Entonces, el nombre es bello, su significado profundo, su origen genuino, y fue recibido con simpatía por pueblos distantes que ya usan el nombre Abya Yala sin dudas, sin discusiones, como un regalo de la madre tierra.

7-Nosotros, habitantes de este continente, con las mismas obligaciones y los mismos derechos que todos los pueblos del continente, conscientes de la historia milenaria de la humanidad en nuestra propia zona, no hallamos reparos para el nombre Abya Yala surgido en el centro del continente que tomaron con fuerza los pueblos del altiplano en el sur, aunque no negaremos que nos hacen falta más elementos para conocer.

Y bien, todas esas culturas están lejos en la geografía, pero dentro de nuestro corazón. Para resumir: encontramos razones sencillas e irrefutables para sostener el nombre Abya Yala.

¿Tercero en discordia?
8-Surge sin embargo una tercera opción: si aceptamos el nombre Abya Yala por las razones expuestas, y no aceptamos el nombre América por todo lo que se ha manifestado, en cambio es cierto que el nombre América tomó, en estos cinco siglos, un vuelo propio, despegado de su origen. Es decir, más allá de quiénes lo anotaron en un mapa, más allá del navegante que inspiró ese nombre, más allá de las evocaciones a una invasión sangrienta, el nombre América se resignificó, se independizó de su cuna, cortó el ombligo, y hoy son miles y miles los que sienten un orgullo por América, Sudamérica, Latinoamérica, Nuestra América, Indoamérica, América Criolla, Iberoamérica… Es así que organismos internacionales, obras de arte, novelas, poesías, canciones, y hasta revoluciones llevan el nombre América.

Estamos, pues, ante dos alternativas: aceptar Abya Yala, o aceptar América por su significación propia, ya que descartamos América por su origen. América es entonces una tercera alternativa, aunque remita, en lo fonético, a la primera.

9-América tiene a favor el arraigo en muchos pueblos, la separación cierta de su origen invasor, el hondo sentimiento de unidad continental que inspira en algunas acepciones y usos, la aceptación de casi todo el mundo, en organismos oficiales, instituciones académicas, literatura, y comunidades en general. Es decir, la mayoría sabe más o menos a qué continente se refiere si dice América, y casi nadie sabe lo que es Abya Yala.

10-Abya Yala tiene a favor su origen en este vasto territorio, su significado profundo y apropiado, su cuna en un pueblo sometido y empobrecido por el invasor, su antigüedad, su limpieza de cualquier forma de invasión o atropello, y además la aceptación de comunidades antiguas (incluso algunas muy distantes entre sí) que pasaron siglos en la resistencia a la invasión europea y que hoy se sienten cómodas con el nombre tomado de los pueblos Kunas.

Abya Yala tiene en contra el desconocimiento en este continente y en los demás sobre su origen y significado, la falta de arraigo de esta expresión en vastas comunidades de este mismo continente, aún en algunas que han dado sobrados testimonios de conciencia y lucha por la identidad propia y contra el imperialismo y el colonialismo, o que a pequeña escala local buscan cultivar los modos de este continente, cavan trincheras contra la penetración cultural de los países poderosos, y expresan esa realidad con los términos “latinoamericano”, “sudamericano”, o “nuestraamericano”. También tiene en contra la ausencia de testimonios más claros e indudables sobre el uso del término Abya Yala en los pueblos kunas. Faltaría, a nuestro criterio, un informe acabado que complete los buenos testimonios ya existentes. Pero reconocemos que, aunque surgieran algún día motivos para el debate, el nombre Abya Yala se está instalando con fuerza y haciendo su propia historia, más allá incluso del pueblo que lo pronunció primero.

La violación
11-Puestos en la disyuntiva, y con apreciables elementos a favor y en contra de América y de Abya Yala, nos inclinamos por el nombre Abya Yala porque entendemos que, aunque América es un nombre que está impregnado de amor, poesía, luchas, unidad, lleva la muerte en su génesis. Todo lo que el término generó con voz propia, luego de cortar el ombligo, no alcanza a curar los males de su origen en una violación. Pero no negaremos que cuesta ese “desprendimiento”, habrá que trabajarlo mucho, y la expresión Abya Yala ha esperado, con la serenidad y la paciencia propia de nuestros pueblos, de modo que no interrumpirá el duelo.

Ha llegado la hora de saludar a América, agradecer a este término los servicios prestados, no cargarle las responsabilidades de su cuna maldita sino verlo en sí mismo, con su potencialidad notable, su fuerza amorosa; por todo lo que ha significado América para nosotros, hasta en términos revolucionarios. Y abrir paso al antiguo y nuevo nombre del continente, Abya Yala, para que la verdad ocupe su lugar.

Estamos conscientes: Abya Yala encontrará lógicas resistencias entre quienes, por su temperamento, se aferran a lo que tienen en el momento y son renuentes a incorporar la verdad, por evidente que aparezca.

12-Vale reiterarlo: no entramos a discutir sobre las condiciones de Amérigo Vespucci. Son muy interesantes, pero no vienen al caso. Nada cambiaría si descubriéramos que Vespucci es el mejor ser humano o el peor de todos. Eso queda para otro debate, fuera del nombre del continente. Hay una obra de Miguel Betanzos que rescata a Vespucio, por ejemplo, pero cae en el error infantil de hablar de “descubrimiento” de América, y ese eurocentrismo lo descalifica por ciego. No hay razones para ignorar, a esta altura, la historia propia de este continente más allá de quién arribaba a sus costas, e insistir en la mirada torcida del invasor.

Cuidarnos de balcanizar
13-Es imposible desconocer o menospreciar o desoír las hondas convicciones y las razones irrefutables de pueblos de este continente que, en forma terminante, no quieren ni pueden ni deben aceptar el nombre América. La ignorancia que el sistema nos impuso para sostenerse no debe cegarnos. Si muchos naturalizaron, si muchos se resignaron, otros no. Entonces, no sería admisible dar dos nombres al continente, según quién lo pronuncie, porque introduciríamos así un elemento de división que se sumaría a los propósitos de balcanización del invasor imperialista. Nosotros podríamos decir Abya Yala, sin más, siguiendo nuestras convicciones, sin preocuparnos porque otros llamen al continente por otro nombre; pero creemos que muchos pueblos de este continente y de todo el planeta tienen derecho a conocer el nombre, derecho a ser informados para salir del error. Si por siglos les han dicho que esto se llama “América” y en verdad se llama “Abya Yala” tienen derecho a saberlo. Entonces, si persistieran en el nombre equivocado, lo harían nomás por obtusos, y nosotros habríamos cumplidos con nuestra obligación.

14-El nombre de nuestro continente es Abya Yala. Eso significa sepultar, lisa y llanamente, el nombre América derivado de su origen violento, imperialista, genocida; y guardar en el corazón el nombre América que tomó voz propia, bella, seductora, independentista, popular. Renegamos del nombre América por su origen, no por las condiciones propias que adquirió, por el hondo significado que aún nos conmueve porque fue gestado con identidad por el talento y el valor de nuestros mayores.

De los tres nombres: sepultamos “América” por arbitraria, guardamos el otro nombre “América” en el corazón, y nos llamamos decididamente, felizmente, hondamente “Abya Yala”, siguiendo la compleja cadena de nuestros 40.000 años de historia.

Abya Yala es una bella flor que nos fue conquistando no con espadas y sermones de ocasión sino con el silencio y el perfume, para siempre.

15-Dicho esto, ¿estaremos dispuestos también a comprender el hondo significado de esta recuperación de Abya Yala? ¿Lo tomaremos como una anécdota, como un episodio pintoresco, o en su verdadera dimensión que nos está llevando 500 años conocer y podría cambiarnos, literalmente, la vida?

Gayamar sabga, para sacarnos las dudas
El diccionario escolar gunagaya-español ofrece definiciones de palabras gunas o kunas, y allí se lee sobre Abiayala: territorio salvado, tierra de sangre, tierra madura, continente americano”. Y luego: “Para una mayor definición conceptual, se da la unificación de términos enteros. Ejemplos: Abiayala (Abia + Yala), Gunayala (Guna + Yala); gunadule (guna + dule); sagladummad (sagla + dummad); igwawala (igwa + wala); dulegaya (dule + gaya)”. Con lo cual, según esta obra que es rectora, bien podríamos decir Abiayala, en lugar del Abya Yala más extendido.

En la presentación de la obra se lee: “el diccionario escolar, gayamar sabga, obra que nace del proyecto de la Educación Bilingüe Intercultural (EBI) Guna, constituye una contribución de calidad al proceso de implementación de Educación Bilingüe Intercultural que ejecutan los Congresos Generales Gunas con el financiamiento del Fondo Mixto Hispano-Panameño. Es una obra pensada y elaborada desde los Congresos Generales Gunas y estructurada desde bases lingüísticas actuales sólidas”.

“Desde que los Congresos Generales Gunas iniciaron el proyecto de “Nan Garburba Oduloged Igar” Implementación de Educación Bilingüe Intercultural), nos dispusimos a trabajar en una dirección: primero unificar las bases de lectura y escritura, y continuar con la estandarización de dulegaya. Hasta ahora, el proceso no ha sido fácil. En sus comienzos, exigió una prueba de madurez y jerarquización de intereses de los profesionales dedicados a quehaceres lingüísticos. El nivel de madurez de los lingüistas nos permitió llegar a consensos muy importantes sobre la escritura y el alfabeto gunas. Priorizamos la formación de niños, y nadie se aferró a sus ideas por más bellas que fueran. Fue un triunfo de todos los gunas, de los Congresos Generales que, mediante sus sagladummagan, estuvieron guiando los debates. Desde que consensuamos las bases de la escritura, el camino ha sido largo, hasta llegar a los frutos más sazonados”.

“La lengua del pueblo gunadule no es un dialecto; es un idioma con su propia estructura gramatical. Se la conoce como gunagaya / gunagagga | dulegaya / dulegagga. La escritura de la lengua guna es una sola, pero cada región mantiene y conserva su peculiaridad al hablar o al leer. Sucede lo mismo con el español: se habla distinto en Méjico, en Argentina, en Cuba o en Panamá”.

Y bien, pueden hallarse referencias al pueblo como gunadule o como kunatule, pero lo cierto es que el diccionario (gayamar sabga) deja claro que los pueblos gunadule, o los kuna, usan Abya Yala o Abiayala para nombrar el continente, como le contó al mundo el aymara Constantino Lima.

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Yanquis en problemas
Los estadounidenses, que prefieren llamarse americanos, están por glotones en un verdadero problema. El mundo quiere llamarles estadounidenses, y algunos de ellos sostienen que Estados Unidos hay varios pero América uno, de manera que prefieren americanos.

Entonces se les reprocha el hurto, porque es (¿era?) el nombre del continente…

Con el nombre Abya Yala para el continente, los Estados Unidos de América tendrían el camino aceitado: sus habitantes serán los americanos, y llevarán en el nombre todo su sentido original.

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Los saylas le contaron a Mamani
Dice Mario Agreda que le dijo Takir Mamani (Constantino Lima): ¿Cuál es la razón de seguir llamando “América” a nuestro continente? Su verdadero nombre es Abya Yala, que significa Tierra de Vida-madre tierra. América es un nombre impuesto, de aquéllos que invadieron nuestro continente, pues este continente tiene su propio nombre desde siglos.

“Todo fue en una ‘visita’ a las autoridades Kunas de la isla de Ustupu, en el llamado Panamá, donde se realizó una reunión con los sabios y ancianos de la comunidad, y todas las autoridades de las islas Kunas. Recuerdo que entre todos ellos estaban los Saylas jefes de los Kunas, uno de ellos de 72 años, el otro de 76 años. No sabían español, y un hermano de la comunidad hizo de intérprete, y entre muchas cosas que se tocaron una de ellas para mi fue la mas importante y de mayor relevancia y fue referente a nuestro continente. Entre lágrimas de profundo sentimiento, lanzaron fuertes críticas contra la colonización, y el anciano Kuna dijo: ‘No tenían ni tienen ningún derecho alguno usurpar lo nuestro, pues los abuelos de esta región han estado transmitiendo generación tras generación, de que nosotros también tenemos el privilegio de haber recibido un mensaje y que tenemos la obligación de transmitir a todos las hermanas y hermanos de este continente y ahora en este momento hablamos a una persona como tú; que el verdadero nombre de nuestro continente es Abya Yala. Y esto era en lengua Kuna, pero cada pueblo lo utilizaba en su propia lengua’.

Breve historia, pero que dota de un gran contenido actual y de futuro; el hermano Constantino vive actualmente en el Kollasuyu-Bolivia y vaya desde este humilde escrito nuestra gratitud por su legado, concluyó Agreda.

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