Al hacer una descripción de los efectos de los agrotóxicos señaló que en un 60% de los alimentos que consume la población argentina aparecen restos de plaguicidas: "al contaminar el suelo y las aguas, contaminan peces, afectan la fauna, destruyen colmenas y reducen la biodiversidad".
Y agregó, que el bosque nativo consume 360 milímetros de agua por hora, los pastos para ganado 130 por hora y los campos de soja solo 39 milímetros por hora. "Es decir que es el medio más eficaz para producir inundaciones a corto plazo".
Y DIJO…
"Podemos evitar las consecuencias de la deriva primaria y secundaria pero ¿Qué pasa con la terciaria? Los jueces no podemos confrontar con lo que es un sistema, una economía, un programa agroexportador. Frente a derechos individuales es fácil prohibir: 'Usted no debe torturar'. Ante derechos sociales es necesario imponer políticas. Es fácil en el caso de 'entregue materiales para la construcción', pero cuando nos encontramos con que para resolver la violación de derechos humanos, hay que imponer una política totalmente diferente, en un contexto, donde es un negocio fundamental, en un país ávido de divisas porque está endeudado ¿Qué es lo que podemos hacer? Se nos terminó el imperio. No podemos hacer cumplir la sentencia. Cuidado con esto, porque nosotros los juristas nos volamos para el lado del idealismo, la tradición filosófica católica es más bien realista, más cerca de Aristóteles que Platón. Nosotros nos volamos cerca de Platón, omnipotente hay uno solo, ni el derecho, ni la jurisdicción, tenemos límites".
"La frustración baja una depresión pero las sentencias tienen un valor simbólico calificado. El de crear la culpa, revelarles, ser la conciencia, 'ustedes son los culpables aunque nosotros no podamos resolver los problemas'. El derecho es lucha", dijo y recibió un fuerte aplauso de sus pares.