“Recién estuvimos en el almacén de calle Concejal Veiga y no se sabía de donde veían los tiros”, comentaban dos periodistas frente a otro comercio que estaba a punto de ser saqueado en calle Moulins. El testimonio reflejaba, sin exageraciones, lo que se vivía en las noches de Concordia durante aquellas jornadas.
La seguridad no estaba garantizada por la policía, la cantidad de efectivos no alcanzaba para cubrir la cantidad de denuncias de saqueos o concentraciones de personas frente a distintos comercios de la ciudad. Como remedio se conformaba el Comité de Crisis y el gobierno provincial prometía 10.000 cajas de alimentos, a la par que ordenaba a cientos de policías que se movilizaran desde otras localidades hasta Concordia. Pero los saqueos continuaron.
El primero se llevó a cabo en las instalaciones ya cerradas del ex “Maxitotal”, donde la gente pugnaba por ingresar, sabiendo que a pesar de las rejas, dentro del local comercial todavía quedaban alimentos y otros productos.
Luego de forcejear con la policía lograron entrar y la primera ficha del dominó comenzó la cadena. A pocas cuadra de ese lugar, el padre Andrés Servín y otro grupo de voluntarios llevaba adelante el conteo de la consulta del Frente Nacional contra la Pobreza (FRENAPO), un hecho trascendente que sería eclipsado por lo que se gestaba en las calles. Servín recordó a DIARIO JUNIO que “vimos el problema que surgía en Sarmiento y San Lorenzo” y decidieron involucrarse “tratando de evitar mayores problemas porque ni siquiera había luz”.
El sacerdote tiene frescas alguna postales que las califica de “tristes”, ya que por ejemplo “en San Lorenzo la gente rompía las puertas con algunos personeros que decían yo no tengo nada que ver, pero habían armado un poco la cosa. Y yo veía los perros (de la policía) y pedía por favor que la cosas sean lo menos dramático posible, lo menos violento posible”.
El egoísmo como bandera
Al cura párroco de Gruta de Lourdes las imágenes se le vienen a la mente y sintetiza que “yo digo que a veces se desnuda el alma humana en estas cosas”. Lamentando como, sin ningún reparo, “los hombres atropellaban, y no tenían cuidado por las mujeres o las criaturas”. Y lo contrastes “de gente con camionetas que cargaban exclusivamente bebidas” y otros “que en la oscuridad solo podía sacar papel higiénico o detergente”.
Servín destaca que este tipo de acontecimientos “son hitos, son hechos que no se improvisan”, denunciando que “hay una situación que lamentablemente se maneja de esa manera”, y que “evidentemente hubo un gobierno, y otros gobiernos, que fueron provocando esta situación”.
Las escenas de rapiña volvieron a repetirse al día siguiente, en otra sucursal de la cadena “Maxitotal”, la cual también había cerrado hacía tiempo sus puertas. Y nuevamente Servín fue testigo. “Estaba comprando el diario a la vuelta, en el kiosco de la plaza España” cuando le avisaron de la situación con los mismos actores. La gente queriendo ingresar y la policía con bastones, balas de goma, escudo y perros. Hasta que finalmente la muchedumbre logra pasar al salón comercial y de nuevo, “tratar que la gente no aplaste a otros” y la historia repetida “vos veías gente pobre y veías otra gente que estaba con otros intereses”, mencionando puntualmente el caso de “una señora muy bien vestida que entra, toma un teléfono, lo mete en un bolso y se va”, en una actitud que contrastaba con aquellos indigente que solo buscaban comida.
“Yo me acuerdo que en ese supermercado de calle Laprida, yo saqué un chico que estaba todo lastimado por los vidrios, pero nadie lo ayudaba” subraya el cura párroco, insistiendo con la falta de solidaridad y el sálvese quien pueda generalizado.
Servín admite que “esa situación podía explotar”, pero destaca que “había gente que se encargaba de decir en el barrio que en tal lugar iban a dar 3.000 bolsas de comestibles. Y la gente iba, pero manejada”. También reconoce que “si bien en algunas cosas hay cierta serenidad, expectativa y esperanza”, otras cosas no cambiaron “y la miseria está. Negarlo en Concordia es como estar en otro planeta”.
Por último entiende que “en Concordia no hay estallido social, pero no porque los problemas se hayan solucionado, no digo que no se haya hecho nada, pero el problema está y lo dan las cifras del INDEC”.