Justo antes de cumplir sus primeros 100 días en la Casa Blanca, el mandatario se dirigió por primera vez a un grupo de legisladores demócratas y republicanos para hacer un resumen de sus primeros meses frente al gobierno y presentar sus ambiciosos planes para «traer a EE.UU. de vuelta». El presidente de los Estados Unidos comenzó su discurso celebrando lo que ha sido un exitoso plan de vacunación, que allana el camino para un regreso a una apariencia de normalidad en los meses venideros. Por primera vez en la historia, dos mujeres se sentaron detrás del presidente mientras se dirigía al Congreso: la vicepresidenta Kamala Harris y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.
Biden desveló las partes restantes del triple plan de acción de su administración, tanto para reconstruir Estados Unidos tras la pandemia y la consiguiente crisis económica, como para continuar con el proyecto de intentar restaurar la hegemonía estadounidense tras la crisis abierta en 2008. El Plan de Familias Estadounidenses y el Plan de Empleos Estadounidenses son la hoja de ruta que Biden y sectores del capital sostienen es necesaria para dar estabilidad al capitalismo estadounidense: reducir la pobreza y la desigualdad, crear puestos de trabajo y hacer frente al cambio climático.
Hace 40 años, en su discurso inaugural, el presidente republicano Ronald Reagan dijo una de esas frases redondas que marcan la historia: “El Gobierno no es la solución a nuestro problema, el Gobierno es nuestro problema”. Aquel 20 de enero de 1981 Reagan sentó tal cátedra en Estados Unidos, y medio planeta, que el primer demócrata que volvió a mandar en Washington después de aquello, Bill Clinton, certificó la defunción de la idea de una Administración fuerte al afirmar: “La era del gran Gobierno ha terminado”. Lo dijo en su discurso de la Unión, en el Congreso, en 1996. Veinticinco años después, Joe Biden ha dicho al mundo que el Gobierno federal no solo no es el problema, sino que sí es la solución, y que en tiempos de crisis hace falta uno más grande y que, para pagarlo, subirá los impuestos a las empresas y las rentas más altas.
El veterano demócrata se ha sentado en el Despacho Oval para promover una revolución política que casi nadie esperaba. Sin aspavientos y sin contemplaciones, ha adelantado por la izquierda a Barack Obama, ha dejado boquiabierta a la Europa del Estado del bienestar y ha lanzado una batería de medidas sociales de cifras mareantes que evocan al New Deal de Franklin Delano Roosevelt o a la Gran Sociedad de Lyndon B. Johnson. Al plan de rescate ya aprobado (1,9 billones de dólares, 1,6 billones de euros) se añade un plan de 2,3 billones en infraestructuras.
El mandatario aprovechó, además, la oportunidad para presentar formalmente su tercer plan desde que llegó a la Casa Blanca, bautizado “Plan para las Familias Americanas”, que prevé una inversión de US$ 1,8 billones para aumentar el gasto en educación, salud, y ampliar el respaldo a las familias con hijos, en particular, las familias de clase media. Si Biden logra avanzar todos los planes que ha puesto sobre la mesa terminará de desplegar una inversión pública de casi 6 billones de dólares, el equivalente a casi un tercio del producto bruto interno (PBI), una palanca pública nunca vista desde al menos la Segunda Guerra Mundial.
El nuevo plan incluye inversiones en educación y la salud infantil, créditos fiscales destinados a las familias de ingresos medios y bajos, prevé destinar 200.000 millones de dólares a la educación preescolar gratuita y universal para niños de tres y cuatro años, y más de 100.000 millones de dólares para estudios en colegios comunitarios, independientemente de los ingresos, durante dos años.
Biden también presentó un programa que complementa el ya aprobado en enero por el Congreso. El Plan de Empleo Estadounidense se propone aumentar la producción industrial nacional de forma sostenible. El programa buscará que se aumente el salario mínimo a 15 dólares la hora y que se impulse la producción local industrial y tecnológica.
La cereza del postre es que el plan se financiará con una subida de impuestos para los ricos. Los amplios planes de infraestructuras que beneficiarían a los sectores más pobres de la población con una fracción de los beneficios de los sectores más ricos ha atraído la amplia aprobación de los demócratas -aunque no sin excepciones significativas- y la rotunda consternación de los republicanos. Mientras tanto, la medida cuenta con un apoyo mayoritario entre la población, según una reciente encuesta de Reuters/Ipsos que reveló que casi el 64% de los encuestados está de acuerdo en que los más ricos deben pagar más impuestos para financiar programas sociales.
Biden prometió terminar con la reducción de los impuestos a los sectores más ricos que había instalado su antecesor Donald Trump; en particular aumentará los impuestos a la renta del capital para el 0,3% más rico del país. “Es hora de que las empresas estadounidenses y el 1% más rico de los estadounidenses paguen lo que les corresponde, simplemente paguen la cuota justa”, dijo Biden a los legisladores.
El mandatario hizo referencia a un estudio que asegura que “55% de las grandes empresas pagó cero impuestos federales el año pasado”, aunque lograron 40.000 millones de dólares en beneficios, y según resaltó muchas evadieron impuestos o se acogieron a beneficios y deducciones por contratar a personas fuera de Estados Unidos. “Eso no está bien”, subrayó Biden.
El presidente estadounidense explicó que los que ganan 400.000 dólares o más al año volverán a tributar 39,6%, como lo hacían en el gobierno del republicano de George W Bush (2001-2009), y aseguró que ya no permitirá que “los más ricos paguen muy por debajo de lo que deberían según sus ganancias”. En esta línea detalló que el departamento de Hacienda actuará con “mano dura” con los millonarios que pretendan “engañar” sobre sus ganancias.
Biden también buscó respaldo de los republicanos al afirmar que ayudará al país a competir con el ascenso de China. “No hay razón para que las aspas de las turbinas eólicas no se puedan construir en Pittsburgh en lugar de Pekín”, dijo. Y aprovechó también para enviar un mensaje directo a los estadounidenses que “se sienten abandonados y olvidados” por los cambios de la economía, un mensaje que pareció dirigido a algunos de los votantes de Donald Trump. El mandatario aseguró que el proyecto “creará millones de empleos bien remunerados, empleos con los que los estadounidenses pueden cuidar a sus familias”.
“Hay buenos hombres y mujeres en Wall Street, pero Wall Street no construyó este país. La clase media construyó el país. Y los sindicatos construyeron la clase media”, afirmó, y agregó luego: “La economía del derrame nunca funcionó. Es hora de hacer crecer la economía de abajo hacia arriba y del medio hacia afuera”.