La veda se instrumentó en el 2011 y está vigente en toda la provincia. Pero indicó que no hay difusión por parte del Estado de la norma y no se ve actividad en la zona de los delegados de Recursos Naturales, quienes están encargados de fiscalizar este tipo de actividad. “Esta persona que estuvo pescando por ahí no sabe que está prohibido ni porqué está prohibido. El pescador tiene que saber que se está protegiendo una especie que puede ser pescada en otro momento pero no ahora”, dijo.
En cambio, Froy observó que el Estados contribuye con sumas de dinero importante para los concursos de pesca. “No veo el mismo interés por difundir las normativas que protegen este tipo de especies. El Estado no tiene equilibrio en éstas cosas. Se inyecta dinero para estas cosas y lo que es cuidar el medio ambiente se está mostrando como un desinterés”, manifestó.
Párrafo aparte para Prefectura, la fuerza encargada de controlar la pesca ilegal. En especial, en las zonas prohibidas o utilizando artes de pesca no autorizados. Froy dijo que para la fuerza “puede ser complicado” controlar todo la costa del río Uruguay para “ver que está pescando cada uno”. Pero, en ese caso, debe informar a los pescadores que pueden sacar y que no pueden aun que la mayoría lo sabe. “Quizás este hombre lo supiera pero que ignore la reglamentación no es descargo”, dijo.
Froy recordó que los medios de todo el mundo se hicieron eco de la muerte de un león en un santuario en África. El hecho sucedió en julio pasado en Zimbabwe y generó el repudio del presidente de ese país, Robert Mugabe, condenó la matanza del león Cecil, abatido por un adinerado odontólogo estadounidense durante una cacería, al reivindicar que el animal era un símbolo clave de la herencia del país.
Y comparó lo sucedido allí con la pesca del surubí en el Lago, espejo de agua que calificó de “santuario”. “Es una especie que está muy protegida por la necesidad de repoblar los ríos con esa especie”, indicó. Froy sostuvo que la especie está en riesgos de desaparecer como ha pasado con el pacú y el manguruyú.
Antes se utilizaba artes de pesca ilegales para depredar al surubí. “Se usaban una especie de rastra que se tiraban con lancha y arrasaban todo el lecho del río donde se suponía que había animales. Estos están en el fondo del río generalmente cuando están desovando, porque no se respeta ni la época de desove ni nada, y eran arrastrados por una especie de robadores gigantes y eso estaba tendiendo a que la especie desapareciera lentamente”, señaló el titular de la ONG.