Los médicos Raúl Hetzel y Guillermo Guerra y el abogado Raúl Mullor reconocieron tener cierta amistad con Moyano. Guerra y Mullor inclusive reconocieron que firmaron la carta que se entregó oportunamente avalando el pedido de excarcelación, como una especie de garantía de que no iba a fugarse si le concedían ese beneficio. La Justicia no hizo lugar a ese planteo.
Los testigos coincidieron en describir a Moyano como una persona alta, morocha, que usaba anteojos de marcos negros, limpio, prolijo y bien peinado, y siempre vestía de chaquetilla.
Por otra parte, hicieron referencia a un supuesto problema de alergia que el imputado tendría con los perfumes o productos similares, con lo cual la defensa pretende contrarrestar el dato aportado por varias víctimas de que cuando llegaba el médico a las sesiones de tortura –posiblemente Moyano– era notable el “olor a limpio” que sentían debajo de la capucha.
También estaba citado por la defensa de Moyano Francisco Zapata, pero el testigo no se presentó y la defensa desistió de su testimonio.