Por ejemplo cada uno de nosotros debe haber escuchado hasta el cansancio que el programa de TV 6,7,8 es un mal programa periodístico y pura propaganda K. Muchos repiten y aseveran tal cosa sin haberlo visto nunca. Otros, los opositores a este gobierno un poco más arriesgados, lo ven pero con todos los prejuicios del mundo y con una opinión ya formada de antemano no por su propia conciencia sino por un razonamiento construido en otro lugar. Y lo más imponente es el caso de aquellos que lo ven y no lo reconocen, lo niegan.
Para cualquiera es muy difícil impedir que esto funciones así, no son cuestiones que decidamos nosotros ya vienen así de preestablecidas. Lo que nosotros como ciudadanos sí podemos hacer y está en nuestras manos, es comparar con el mismo nivel de intensidad lo que dice Jorge Lanata en su programa de los domingos y confrontarlo con lo que se dice en la TV pública. Lo más probable es que si se hace este ejercicio, al cabo de un tiempo prolongado, nos llevemos sorpresas.
Obviamente que este ejercicio propuesto no es solo para los opositores, sino también para oficialistas que, en muchísimos casos, en especial entre los militantes y al igual que los opositores se limitan a un cansador y aburrido consignismo que lo único que logra es espantar.
En otra nota publicada aquí, se relató la sorpresa que provocó la forma de presentar el golpe de Estado en Honduras. En el informativo de la CNN en Español, los informativistas aseguraban que no había sido un golpe de Estado sino una decisión consensuada del congreso.
El zapping hacia el canal de noticias TeleSur ofreció otra imagen. Mostraban al Presidente Manuel Zelaya en pijama y empujado por un fuerte operativo militar que lo depositaba en un helicóptero para trasladarlo al aeropuerto y llevarlo a otro país. El típico golpe a la medianoche y en las sombras. A partir de esas imágenes mostradas por la cadena venezolana ya no quedaron dudas que se había tratado de un golpe. A los efectos de la buena información, menos mal que existía Telesur, sino habríamos salido a repetir una mentira.
MILITANTES DE 24 HORAS
Cualquiera qua alguna vez haya militado en alguna organización política, sabe que, entre otras tareas los militantes recorren casa por casa distribuyendo volantes, hablando con los vecinos, intentando convencer, discutir sobre distintos aspectos, en fin, podría sintetizarse en “ganarlos para la causa”.
Esa tarea se hace muy de vez en cuando, en especial en tiempos de campaña electoral o en épocas de campañas de afiliaciones masivas, etc. Así se logra afiliar gente, incorporar militantes, etc.
Piense el lector que en la era de la hipercomunicación, esa forma de hacer política es más bien obsoleta por su escasa llegada. Pensemos a cuántas personas se puede llegar con este sistema… muy pocas. En cambio, imaginemos por un minuto en la masiva llegada de un canal de televisión. Todos los días y a toda hora ingresan en nuestras casas con un formato ágil, entretenido, ameno y en el medio mucha información.
Nosotros elegimos que canal vemos, sí, pero entre opciones limitadas. A su vez y si la mayoría de esas opciones tienen más o menos una misma línea editorial, estamos siendo receptores de un pensamiento único que va acumulando datos e imágenes (absolutamente interesadas) en nuestra memoria. Al cabo de un tiempo, su idea acerca de distintos temas y en especial acerca de aquellos temas de interés de ese grupo mediático, no serán demasiados diferentes a esa línea editorial. Vale además decir cuánto más así será si los dueños de esas lineas editoriales tienen no una sino miles de bocas desde donde emiten su mensaje. O sea, oligopolios mediáticos.
Si duda acerca de lo que aquí se afirma sería interesante hacer la prueba, esto es, comenzar a ver o leer durante un buen tiempo solo aquellos medios que difunden una opinión totalmente distinta a la que es su opinión.