El desmantelamiento de los puestos no se debe a la necesidad de maderas o chapas de zinc en el galpón de la ex estación Norte. “No necesitamos nada, la municipalidad nos cedió las placas de MDF que era lo que nos faltaba para separar cada puesto y ya está todo bien”, acotó Romero.
“Si queríamos dejar las cosas como estaban se las podíamos dejar, la empresa se encargaba del desarme”, indicó la mujer. Romero explicó que la mayoría de los puesteros se llevan materiales que le sirven para sus viviendas. “Como a todos nos cuesta, lo mínimo que ha tenido se lo está llevando”, aseguró.
Romero indicó que mañana comenzarán a trabajar en los boxes y esperan que el fin de semana se abran las puertas. “Las expectativas son buenas y queremos que la gente nos siga. Aparte sino fuera sí, tenemos que tratar de manejar la situación; tener un poquito de paciencia porque queremos volver a un lugar de trabajo más digno para la gente que viene a comprar y para nosotros que venimos a trabajare porque la mayoría venimos con hijos chicos”, acotó.
Esta noche, los puesteros se turnarán en el predio, montando guardia hasta mañana a las ocho, cuando llegue la empresa constructora y se haga cargo del lugar, ante el rumor de que había vendedores ambulantes y desocupados dispuestos a ingresar para instalarse allí. En uno de los ingresos un grupo hizo fuego en un tacho para calentarse provisoriamente. Dos mujeres, sentadas bajo el techo de uno de los puestos desguazado a medias, señalaban la esquina de Entre Ríos y Quintana y aseguraban que hasta hace pocos minutos había personas dando vueltas interesadas en tomar posesión de los despojos del mercado. “No hay lugar acá para todos”, señaló una de ellas. Obviamente, si se produce una ocupación del predio, la construcción se paralizaría.
En tanto, uno de los vendedores, apellidado Machado, manifestó que las ventas en la estación Norte no van a ser las mismas que en Entre Ríos y Quintana. “Se va a notar la diferencia. Nada que ver, acá viene toda la gente de Los Charrúas, La Criolla. Todos los que vienen de afuera vienen acá y los uruguayos ni hablar”, manifestó.
El hombre admitió que no tenían alternativa. “Tenemos que aceptarlo, es la realidad. Son seis meses que vamos a tener que hacer tripas corazón. Hemos pasado tantas que una más… una raya más al tigre que le hace”, agregó. Por último, indicó que esperaba que las autoridades cumplan con la construcción del nuevo mercado en seis meses. “Esperemos porque de esto vive mucha gente. No sólo nosotros sino el que vende sándwiches, el que vende empanadas, el que hace comida. Muchas familias”, enfatizó.